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Rafael Radi, sobre las vacunas de Pfizer y Sinovac: "Son una buena combinación"

El coordinador general del GACH advirtió que Uruguay debe fortalecer los procesos de estudio del genoma de “las variantes virales que están circulando en Uruguay”, lo que puede generar un retraso en la detección que ya llegó a Brasil

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23 de enero de 2021 a las 05:00

Rafael Radi dice que está enganchado con otra cosa, y pregunta si la entrevista puede esperar 20 minutos. Está en Punta Colorada, en cuya playa le gusta salir a caminar por la tarde, y la tarea que lo distrajo no tiene que ver con su rol como coordinador general del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH), pero sí con lo académico: estaba corrigiendo un trabajo sobre la conexión de la bioenergética y vasodilatación de dos estudiantes uruguayos que trabajan en conjunto con un equipo de científicos de la Universidad de Múnich (Alemania), y que ya fue aceptado por una revista prestigiosa.

“Es muy difícil oscilar entre las dos cosas”, cuenta el doctor en Medicina, doctor en Ciencias Biológicas y catedrático de la Universidad de la República, que divide su vida laboral en dos desde que se reunió por primera vez con el presidente Luis Lacalle Pou el 16 de abril, y asumió la conducción del GACH.

Radi dice que la emergencia sanitaria continuará en 2021, que seguramente van a aparecer "nuevas olas” de casos, y que pese al crecimiento exponencial de contagios que hubo hasta hace unos días, no hay señales de que se vayan a saturar las camas de CTI en forma inminente. El científico reconoce también que el gobierno aún no ha escuchado la sugerencia del GACH de fortalecer los procesos de estudio del genoma de “las variantes virales que están circulando en Uruguay”, lo que puede generar un retraso en la detección de la nueva cepa que ya llegó a Brasil. Y aparte de reconocer que el Poder Ejecutivo podría haber sido “un poco más proactivo, generando quizá pre compromisos” con los laboratorios para asegurarse que las dosis llegarán antes, también dice que el acuerdo que cerró Uruguay este viernes con Pfizer y Sinovac asegurará al país una provisión de vacunas que hacen una "buena combinación".

¿Cuál es su análisis o el balance que hace tras la tercera reunión plenaria del GACH del miércoles pasado?
Fue sobresaliente y muy rica, e independientemente de algunas sensaciones o percepciones que algunos de los integrantes tenían. No hubo ninguna voz disonante acerca de nuestro rol como asesor independiente y no vamos a entrar en debate partidario. El ambiente siempre fue de colaboración, de mantener el equipo unido, de entender que esta es una tarea que se hace por el país. 

¿Esas percepciones planteadas son respecto a que el gobierno no tiene en cuenta algunas recomendaciones o que se toman medidas no fundamentadas en evidencia que proporciona el GACH?
El equipo tiene claro que el asesoramiento se provee y que difícilmente la exclusiva visión científica sea seguida al pie de la letra en todos los casos por las autoridades, porque hay otras dimensiones que considerar: sociales, políticas, culturales. Entonces, obviamente sabemos que hay muchas sugerencias que son tomadas, otras que son tomadas en forma parcial y otras que no han sido tomadas, en algunos casos por decisión y en otros casos por incapacidad que tiene el propio Estado de hacer algunas cosas. Esas debilidades nosotros las venimos notando desde hace mucho tiempo.

¿Por ejemplo?
Por ejemplo, estructurar una vigilancia epidemiológica molecular que se sume a la vigilancia epidemiológica tradicional de los contactos. Es decir, estudiar el genoma de las variantes virales que están circulando en Uruguay como una parte integral de la vigilancia epidemiológica; que no solamente sea la vigilancia de los casos sino la vigilancia de las cepas que circulan, que cambian y que penetran en Uruguay. Eso es algo que no se ha logrado estructurar de una forma conectada entre el Ministerio de Salud Pública (MSP) y las instituciones que hacen la secuenciación, incluyendo al MSP. No hay todavía una estructura con un nivel de secuenciación alto y que sea representativo de los distintos brotes, de los distintos departamentos, de las distintas regiones, que pueda identificar nuevas mutaciones, o ver si las nuevas mutaciones que aparecen en Brasil que pueden ser más contagiosas ya ingresaron en Uruguay. Es realmente una urgencia. 

¿Por qué se vuelve una urgencia?
Es una urgencia porque como sabés en los países se están detectando nuevas variantes; esas variantes pueden cambiar en su grado de contagiosidad, pueden eventualmente cambiar en su grado de patogenicidad o cambiar en relación a cuánto se neutraliza o no a través de la vacunación. Podríamos saber si hay determinadas cepas que se propagan en determinada área del territorio nacional, si entraron por la frontera de Rivera u otros lugares, o si son mutaciones propias. Tenemos que estar alertas. 

¿Están circulando en Uruguay algunas de las nuevas cepas, como la que apareció en Brasil, o no hay evidencia aún?
Es que eso es parte del problema: estamos muy lentos. Hoy no sabemos si algunas de esas variantes las tenemos. Los grupos académicos que están secuenciando están intentando hacerlo, pero lo hacen a un ritmo académico, con baja financiación.

O sea que puede ocurrir que se detecte una de estas cepas nuevas mucho después de que haya ingresado.
Claro. Esas son recomendaciones que hemos hecho, y en las que hubo acuerdo con el MSP en cuanto a lo conceptual, pero no se ha instrumentado. El miércoles, en la reunión con el gobierno, lo volvimos a insistir y tanto el equipo de Transición Uy como el propio presidente de la República reafirmaron la voluntad de avanzar en esa dirección.

¿Cuál es el análisis epidemiológico que hace hoy? En Radio Sarandí dijo este jueves que hay una desaceleración del crecimiento de los casos. ¿Significa que estamos ante una meseta o eso no se puede saber?
Por ahora lo que vemos es que parece claro que la curva de contagios se entelenteció, pero que se mantiene con un número de casos diarios que es alto y nos deja bastante lejos de la zona de confort.

El 25 de abril dijo a El Observador que una alerta de probable saturación del sistema de salud por parte del GACH al gobierno “tendría que preverse como mínimo más de un mes antes de que empiece el colapso”. ¿Se emitió esa alerta?
Hoy no hay una alerta de saturación en cuatro semanas, de acuerdo a los datos que tenemos: estamos cercanos a un 15% de ocupación de camas en CTI con casos de covid-19, con una alerta amarilla. Pero si hubiera un recrudecimiento del crecimiento –con un escalón de arranque de 800 casos–, en un mes podríamos tener un fenómeno de gran ocupación de camas. Por eso es importante bajar los casos y por eso nuestro grupo de intensivistas trabajó mucho con la SUMI para empujar el plan de contingencia, que necesita por un lado entrenamiento de gente, aumento de las capacidades, y por otro lado esa gestión centralizada de los datos.

Pero supongamos que se consolida la meseta y se mantenga este promedio de 800 casos diarios, junto con este plan de contingencia en camino. ¿Pueden de este modo llegar a no saturarse los CTI a fines de febrero, como proyectaron algunos intensivistas?
Y si nos mantenemos en este nivel, no se saturaría. Lo cual no quiere decir que no haya una sobrecarga; por algo estamos en amarillo. Un escenario como el de hoy, si lo mantenemos 15 días, estaríamos hablando de unos 10,11 o 12 mil casos, el 2% de eso son 240, 250 camas. También el otro tema que es muy importante es que el grupo etario que se está infectando más ahora está en el conjunto de jóvenes que van de 15 a 19 años y de 20 a 29. Por lo menos en forma transitoria. 

Sin embargo, para mantener el control y rastreo, y el nivel de positividad más cerca del 4% y no en el entorno del 10% –como ha sugerido–, habría que bajar a los 200 casos por día. ¿Qué hace falta para bajar a ese nivel?
Obviamente que hay que disminuir la conectividad, la exposición, la movilidad. Si disminuís la movilidad, disminuyen las interacciones, pero también hay asuntos de comportamiento, de mantener las burbujas, mantener las distancias, estar en lugares ventilados.

Pero no está alcanzando.
No, no está alcanzando. Algo está haciendo, porque los casos no siguieron subiendo en forma exponencial. Nosotros ahora tenemos el valor de R cerca de 1, que es el valor de reproducción de la enfermedad. Cerca de 1 quiere decir que 800 van a infectar a 800 que van infectar 800, y así. El R deberíamos tenerlo por debajo de 1, llevarlo a 0,9 o 0,8. ¿Cómo se hace eso? Está lo que se puede trabajar por el lado de la población, en relación al comportamiento, y lo que se puede hacer a través de las medidas que impone el Estado. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dicho que a las medidas extremas se deben llegar en situaciones en las que realmente esté el desafío de la sobrecarga o saturación del sistema de salud, ya que son extremadamente disruptivas y generan un impacto muy grande sobre todo en los sectores vulnerables; o sea que la brecha de la pobreza se amplía. Son preferibles las acciones focalizadas, que de hecho se han tomado, como los aforos parciales en los restaurantes y los espectáculos públicos, la ausencia de público en las canchas de fútbol o la suspensión de lo cultos religiosos presenciales. Esa es una cantidad de cosas que se pueden hacer que son menos disruptivas.

¿Pero hacen falta más medidas restrictivas o no?
Lo que pasa es que... (Piensa). Creo que es necesario bajar el número de casos, irlo progresivamente acercando a la zona que permita retomar el control, que es la zona del testeo, rastreo y aislamiento. Nosotros estamos analizando la situación y hay miradas que no necesariamente son convergentes. Obviamente que ahora se está haciendo una comparación con una cantidad de países que pasaron por olas parecidas a la nuestra.

¿Hay Estados que tomaron decisiones similares a las de Uruguay –con una comparable situación epidemiológica– o todos han optado por el lockdown y un confinamiento más estricto?
Pasado determinado umbral, la mayoría han ido a medidas muy restrictivas durante muchas semanas. Pero son umbrales más altos que los que tiene hoy Uruguay. La propia OMS define cuatro grados de circulación comunitaria, y hoy nosotros todavía estamos en el previo al más alto. 

¿Qué opinión le merece el acuerdo que el presidente Luis Lacalle Pou cerró este viernes con los laboratorios Pfizer y Sinovac para la primera tanda de vacunas?
Que es una noticia muy buena, incluso sin conocer detalles de cuántas dosis van a venir de cada una. Pienso en un escenario en que tendremos menos vacunas de Pfizer pero que con mayor eficacia, que podría ser muy apropiada para lo que es la primera fase del plan, sobre todo para blindar al personal de la salud y las poblaciones vulnerables por su alta eficacia. Y por otro lado recibiremos una vacuna que está hecha en una plataforma muy segura, porque ha sido probada a lo largo de muchos años. Es cierto que Sinovac tiene una eficacia menor, pero la seguridad en principio es muy alta. Y a nivel poblacional, cuando se dan muchas vacunas, aunque la eficacia sea un poco menor, la transmisión comunitaria se corta. Da la sensación que es una buena combinación.

¿Demoró el gobierno en negociar su compra, más allá de asegurarse la provisión del plan Covax? Usted ha manifestado ya que hay un lado positivo: el tiempo que se ganó para estudiar el impacto de las dosis en otras poblaciones.
Es muy complejo negociar cuando todavía no tenés una opinión técnica definitiva. Pero a ver, cómo decirlo. (Piensa). En diciembre, cuando se presentaron los informes, ahí hubiera sido el tiempo más o menos necesario para tener algo bastante más cerrado. Pero en realidad, en ese momento las únicas vacunas que estaban aprobadas eran las de Pfizer y la de Moderna, y de las otras vacunas, tanto la AstraZeneca, como la Sputnik o la Coronavac, nos faltaban muchos datos, realmente. Nos faltaban datos de fase tres. Esa información fue llegando, pero fue un proceso que ha sido complejo.

Entonces no vino tan mal, de cierta manera, el plazo que se tomó Uruguay.
Es que por otra parte, el proceso de vacunación que se comenzó a dar a nivel mundial empezó a reclutar millones de vacunados que fueron proporcionando más información acerca de algunos efectos adversos agudos. Y a su vez se fue proveyendo más información acerca de qué grupos son más beneficiados, personas con distintas morbilidades, etc.

Y en ese sentido, ¿qué piensa de la Sputnik, que por un lado ha sido criticada por la falta de datos, pero por otro, defendida por científicos como Gonzalo Moratorio, que dijo que “es una tecnología de la cual se conoce y existen décadas de indagación en ciencia básica”?
Es una vacuna que está acumulando datos, y probablemente sea una vacuna correcta y de hecho está siendo autorizada por distintas agencias reguladoras. Tanto con las vacunas rusas como con las chinas cuesta mucho obtener toda la información de los ensayos de fase tres. Y entonces ahí tenés dos caminos: o acelerás las cosas aunque te falte información, pero ahí ponés en riesgo la seguridad, o esperás a tener suficientes elementos. Y mientras hablamos de esto, se les está pidiendo más información a distintos laboratorios, porque el volumen de datos que se tienen no termina de completar el cuadro para decir que Uruguay puede aprobar.

¿Pero hay algunas que están en condiciones, como las dos del acuerdo?
Sí.

¿Y cuáles otras?
De la de AstraZeneca hay un volumen de información importante, creo que está bastante cerca de generar toda la información que se necesita. Un poquito más atrasadas están la rusa y la china, pero ya hay algunas autoridades regulatorias que las han aprobado, incluso en la región, como Brasil y Chile. La de Sinovac, por ejemplo, cuenta con la aprobación de la agencia brasileña, que es muy seria, y además nos enviaron información en las últimas horas, por lo que Uruguay también hace su propio análisis y eso está bien. Ahora, si la capacidad de negociación del país, en paralelo, estuvo un poco enlentecida en los últimos meses del año… Seguramente podía haberse sido un poco más proactivo, generando quizá pre compromisos, pero todos tienen que estar pendientes de la autorización de la autoridad sanitaria.

¿Qué riesgo tenemos de que la cepa de Brasil no esté prevista en las dosis que traigamos y que se genere un problema con la inmunidad?
Hay un riesgo. La información científica que tenemos por ahora es muy escasa. Seguramente no es un riesgo de que no funcionen las vacunas sino que puede haber alguna diferencia en relación a la eficacia demostrada para la cepa que está ahora circulando mayoritariamente. 

Puede entonces bajar la efectividad con esta cepa de Brasil.
Capaz que sí, y podría teóricamente llegar a haber alguna reinfección, pero seguramente con niveles de sintomatología muy atenuados. En el caso de que no se lograra neutralizar totalmente, se neutralizaría parcialmente. 

También advirtió que pueden seguir apareciendo olas de casos en los próximos años, cuando el virus sea una endemoepidemia. ¿A qué deberíamos atenernos exactamente?
Lo que pasa es que estos virus son de circulación mundial. Entonces, pensar en erradicarlos por ahora no es una posibilidad: van a haber algunos casos esporádicos, y algunos brotes.

¿Y cuándo va a dejar de ser un problema grave?
Depende de múltiples factores. Hay que ver cuánto tiempo dura la inmunidad de las vacunas, y hay que ver si aparecen cepas que empiezan a ser resistentes a las vacunas. Porque además hay varios coronavirus que nos infectan todos los años. Lo que pienso que va a quedar dando vueltas, con picos en distintas etapas del año, seguramente más en el invierno. Va a formar parte del panel de virus respiratorios que nos infectan todos los años. Pero ese escenario, seguramente es un escenario de 2022, 2023 en adelante.

O sea que 2021 va a ser un año pandémico.
El 2021 va a ser pandémico y seguramente aparezcan nuevas olas. Si se resuelve esta primera ola, independientemente del proceso de vacunación, es muy probable que aparezca un nuevo empuje en algún momento, pero cada vez se sabrá gestionar mejor, y en la medida en que mayor cantidad de gente esté inmunizada, la altura de la ola en principio va a ser más chica.

¿Nos hicieron un par de goles en La Paz, no?
Y bueno, ya habíamos previsto que en pocos minutos el resultado se podía dar vuelta significativamente. Uruguay pasó una buena parte de la epidemia con un nivel de control alto y con calidad de vida. Todavía el país disfruta de un nivel de calidad de vida correcto, comparado con muchos otros países. Obviamente estamos desafiados.

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