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Roberto Musso: Ingenio sin censura

El autor de Me agarré el pitito con el cierre es hoy uno de los compositores más reconocidos de nuestro país. Con premios bajo el brazo, repasa parte de su historia

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22 de octubre de 2013 a las 15:11


“Me veo en el mejor momento de todos. Nunca había soñado con algo así”, dice el cantante y compositor del grupo de rock El Cuarteto de Nos mientras se acomoda inquietamente en el sillón. Roberto Musso es un tipo cálido y simpático. Es de esos hombres que nunca se hicieron grandes del todo, de los que conservan, en algún lado, la chispa de la niñez. O al menos esa fue la impresión que me llevé de la hora y media que conversé con él. Pero hagamos una pausa. Empecemos por donde siempre recomiendan: el principio.

“¿Cuál es el primer recuerdo que tenés de tu vida?”, fue la primera pregunta que hice en un tono distraído. Y él se mató de risa. “El primer recuerdo… mmm, sabés que siempre me llamó la atención los pocos recuerdos que tengo de mi niñez. Me acuerdo cuando nos mudamos al Centro. Aunque era una casa muy grande dormíamos con mis hermanos [Ricardo y Marcela] en el mismo cuarto. Creo que la casa, proyectada ambiciosamente por mi señor padre –que era arquitecto–, no se ajustó demasiado al presupuesto porque siempre estaba en construcción. Un recuerdo claro de esa época fue la noche en la que vimos por la tele la llegada del hombre a la Luna. Increíble”, relata con cierta picardía.

Roberto vivió su infancia en el Centro aunque sus amigos estaban en Malvín, cerca de la casa de sus abuelos. “Toda mi barra de amigos estaba allá. Me acuerdo que terminaba la escuela y me iba a lo de mis abuelos a pasar los tres meses de vacaciones. Jugábamos a la pelota en la calle todo el día. De chico también jugué en el baby fútbol y después en las inferiores del Tanque [Sisley] y de Nacional. [Risas] Además soy fanático y socio del Tanque”, me aclara para que tenga presente la pasión por este equipo de fútbol. “Mi gran problema era que a Riki no le gustaba jugar al fútbol, y un poco lo tenía que obligar. Él prefería desarmar aparatos –que nunca podía volver a armar, motivo por el que mi viejo se recalentaba–, y a mí eso no me llamaba la atención. Pero nos divertíamos pila. Cuando teníamos 12 o 13 años nos íbamos a un cuarto alejado de la casa, que se llamaba El Cuartito del Fondo, y nos metíamos a divagar. Hacíamos un programa de radio y lo grabábamos en unos casetes para después escucharnos de noche. Nos reíamos como locos”, recuerda. En ese programa nació la ciudad imaginaria de Tajo, en la que había poetas y personajes que luego serían los protagonistas de muchas de las canciones de El Cuarteto. Pero para eso todavía faltaban algunos años.

Sala de ensayo

En la casa de Roberto, el panorama musical era variopinto. Su mamá escuchaba “la música romántica de aquella época”, tipo Leonardo Favio o Dyango, y al padre le gustaba una mezcla extraña de tango (era fiel escucha de radio Clarín), y marchas militares rumanas o checoslovacas.

El primer recuerdo musical, el que lo marcó, fue un regalo de su tía abuela. “Un día cayó con un disco de los Beatles. Imaginate, me rompió la cabeza. A partir de ahí con Riki hicimos un clic. Al otro día ya le estaba pidiendo plata a mi viejo para comprarme otro disco”, relata Musso mientras golpetea las manos sobre las rodillas.

Tanta pasión provocaron los ingleses en este adolescente que decidió empezar a tomar clases de guitarra. “Arranqué con un único objetivo: sacar las canciones de los Beatles. De grande quería ser [John] Lennon”, dice entre carcajadas. “Riki ahí tocaba la batería y jugábamos a ser los Beatles. Usábamos una escoba de micrófono y hacíamos que cantábamos. Fue en ese momento que conocimos a Santiago [Tavella]. Me pongo a pensar ahora y no lo puedo creer… Éramos unos pibes”.

“De grande quería ser Lennon. Riki ahí tocaba la batería y jugábamos a ser los Beatles. Usábamos una escoba de micrófono y hacíamos que cantábamos”

Medio en broma, medio en serio, este “grupito de nerds” (como lo define el propio Musso) arrancó a tocar. Al principio, el trío hacía covers de Led Zeppelin o de los Beatles en las competencias interliceales. Más tarde se animaron y subieron al escenario en el cumpleaños de 15 de la hermana de Tavella. “Fue la primera vez que tocamos frente a un público considerable. Pobre Adriana, seguro que fue todo idea de Santiago”, cuenta tentado. Pero las primeras presentaciones, con entrada paga, fueron en el teatro Circular y en el teatro El Tinglado en el año 1983.

Esas presentaciones hicieron que el sello Ayuí les propusiera grabar su primer disco en conjunto con Alberto Mandrake Wolf. Durante esos años se empezó a gestar uno de los movimientos musicales más intensos del país. Y en ese contexto, en el que surgían bandas más bien contestatarias y alternativas, fue que nació El Cuarteto de Nos.

“Como parte estable de la banda estábamos Santiago, Riki y yo. El baterista variaba. Hasta el año 83 tocó Leonardo Baroncini, que nos dejó para irse con Los Estómagos y Los Tontos, grupos mucho más famosos en aquel momento. Fue con Alvin [Álvaro Pintos] con quien grabamos nuestro primer disco, y por eso decimos que el inicio del grupo fue en el año 1984”.

La sala de ensayo era la casa de los Musso. “Aquello era un relajo. El living estaba siempre ocupado por nosotros. Cuando venían las visitas, había que desarmar la batería y los equipos.

Pocho, un veterano amigo de mi viejo –fundador del Tanque Sisley–, siempre me dice que cuando entraba a la casa de [la calle] Maldonado se tenía que tapar los oídos porque era un quilombo”. Entre toque y ensayo, Roberto, que escribía canciones desde los 15 años, empezó a bucear más profundo en el mundillo de las composiciones. “Leo Maslíah fue uno de los artistas que más me inspiró. Me mostró cómo se podía hacer letras con humor, cargadas a la vez de una tremenda fuerza emocional”.

Papelito.doc

Era inevitable, diría que casi una obligación, preguntarle a Musso cómo, cuándo y dónde se le ocurren las letras de las canciones. Si se lo imaginaban por las noches, con alguna bebida espirituosa y en algún lugar insólito, estaban, al igual que yo, equivocados. “De noche duermo, estoy muerto. Compongo tomando café con leche”, me dice derribando el mito. “Soy muy obsesivo y rutinario; en particular de un tiempo a esta parte, porque el desarrollo de la carrera de El Cuarteto exigió subir el estándar. Y la verdad es que no soy un tipo al que se le ocurra una canción de un momento al otro. Necesito estar en trance compositivo y tener un horario.

Desde las 9 de la mañana hasta las 4 de la tarde estoy metido en el estudio maqueteando cosas, tocando la guitarra y pensando ideas. Aunque la chispa que inicia una canción varía. Algunas veces es una frase que escucho o algo que leo”. “¿Y sos de anotar esas ideas?”, interrumpo. “Sí, antes tenía una carpetita, pero como tengo tan mala letra me pasaba muchas veces de no entender lo que había escrito. Desde hace algunos años, esa libretita pasó a la compu. Se llama Papelito.doc [risas] y ahí es donde escribo. Lo que más me cuesta es encontrar el concepto…, después la parte de jugar con el lenguaje y buscar rimas se me hace más fácil. Igualmente, soy muy cuidadoso con el tema de las palabras y no me gusta caer en lugares comunes.

Difícilmente rime ‘noche’ con ‘coche’, o ‘bella’ con ‘estrella’. Nunca escribo letras solas, siempre es en simultáneo con la música”. Reconoce que es muy lento para asimilar los temas nuevos y se define como “demasiado autocrítico”. Es de los que siguen a su intuición pero en varias ocasiones duda, sobre todo con canciones que rompen el esquema. “Muchas veces siento que hay canciones que están en el límite de ser buenísimas o espantosas. Por eso voy testeando el demo: lo escucho bajoneado, alegre, de noche, por la mañana, en el auto… Y así voy viendo si supera las pruebas.

Cuando sea grande me agarró un día en el auto y me puse a llorar. Yo no soy de llanto fácil, sabía que esa canción tenía algo. Me pasó también con las canciones de Raro, porque duraban 5 minutos y tenían un palabrerío terrible. Hay otro tipo de canciones que están en mi zona segura. Pero siempre fueron los temas que estaban al límite los que me marcaron”.

Y me habla de la conexión con el público a través de las letras, una conexión que se hace evidente en cada show. “El grupo está atravesando un momento de presentaciones muy intensas. El público se apasiona. Incluso ves a gente lagrimeando. En Buen día, Benito algunos gritan: ‘Matalo, matalo’. Esa conexión está buena, muy buena. Es ir más allá, a lo más emocional; es ir hasta el hueso”.

Mutación

“Para mí la capacidad de reinventarse es la clave del éxito”, me dice sin dudarlo ni un instante, “porque me da la impresión de que si nosotros hubiésemos seguido en la misma línea y no hubiésemos hecho un quiebre en el año 2004 no estaríamos en el lugar en que estamos ahora”.

Hasta ese momento, El Cuarteto de Nos se autoproducía y eso, algunas veces, obstaculizaba el crecimiento artístico de la banda. En el año 2006 empezó una nueva etapa. Con la producción del reconocido músico y productor Juan Campodónico, El Cuarteto lanzó Raro, un disco que rompió los esquemas con los que venían trabajando. “Con Juan ganamos mucho en tener una visión desde afuera, te diría hasta en seleccionar las canciones. Nosotros llegamos a hacer discos de 18 temas, era un disparate. El cambio fue muy interesante, y la verdad que no me costó. Además cambió mucho el tema de la sonoridad y el arreglo de canciones. Yo te puedo escribir una buena canción, pero no visualizo el producto terminado.


“Cuando sea grande me agarró un día en el auto y me puse a llorar. Yo no soy de llanto fácil, sabía que esa canción tenía algo”

En eso, Juan tiene una visión más lúcida. Raro es un disco en el que se nota claramente ese quiebre. Los discos anteriores no podías pasarlos por la radio”, declara. “¿Y no extrañás hacer los temas ‘de antes’?”, le pregunto añorando, en algún lugar, aquel Cuarteto. “Al revés.

Me cuesta mucho cantar las canciones de antes. No es una cuestión de renegar, porque estoy orgulloso de las canciones que he hecho, pero si hoy lo ves con cabeza puramente artística, sacándole cualquier tipo de emotividad, es muy difícil meterlas en el contexto del show nuevo”.

Una de las críticas recurrentes que se le ha hecho a la banda es la de haberse vuelto comercial y haber dejado de lado el espíritu de los primeros discos. “¿Qué no es comercial?”, me pregunta y continúa. “Cuando vendés un disco o una entrada estás siendo comercial. Yo creo que si la historia hubiese sido al revés, si hubiésemos empezado con Raro y después hubiésemos hecho canciones como El putón del barrio iban a decir que hacíamos esas letras con estribillos pegadizos para ser más comerciales. Creo que lo que le pasa a la gente en Uruguay –en el exterior El Cuarteto es una banda de tres discos– es que le gusta la banda en el momento que la conoció”.

Cuando estaban por lanzar Bipolar, el segundo disco de esta nueva etapa, Ricardo Musso decidió alejarse del grupo. “Fue un cimbronazo muy fuerte. Riki venía un poco disconforme con muchas cosas. Capaz que si hubiera sido en otro momento, a otra altura del disco, El Cuarteto no hubiera seguido. No sé. Pero estábamos con el disco recién grabado, con un proyecto de la banda fuera del país, y la verdad es que no pensamos en separarnos. Me acuerdo que el primer show sin Riki fue dificilísimo. Pero en estos momentos suelo interponer las cosas positivas. El haber elegido a Topo [Gustavo Antuña] y Santi [Santiago Marrero] en esta nueva etapa estuvo increíble. Topo con ese aire de guitarrista más dark que tiene de los Buenos Muchachos [otra banda], y Santi con esa onda más electropop y con una cabeza joven. Hoy el grupo brinda un show increíble, somos mejores en vivo que antes”. Al día de hoy, el grupo tiene 13 trabajos discográficos editados.

En Uruguay fue el álbum Otra Navidad en las trincheras el que marcó a toda una generación; pero fueron los últimos tres discos los que catapultaron a El Cuarteto a la escena internacional.

Después de giras, gran aceptación del público y buenas críticas, llegaron los premios internacionales. Porfiado fue catalogado como el Mejor disco rock-pop y Cuando sea grande fue premiada como la Mejor canción rock, lo que convirtió a El Cuarteto en la primera banda uruguaya en ganar un Grammy Latino dentro del género rock. “Lo viví con un orgullo terrible, me gusta recibir este tipo de reconocimientos.

El disco le gustó a la crítica y a la gente; el premio no fue un hecho aislado. Pasear por la alfombra roja con Elvis Crespo atrás, Laura Pausini adelante y Miguel Bosé al costado, es vivirlo con esa uruguayez. Me acuerdo que la primera vez que fuimos a Las Vegas, todos llegaron en limusina y nosotros en un carrito porque nos habíamos perdido. Creo que si lo vivimos así, todo se disfruta diez mil veces más”.

Suelto

“Nunca me planteé dejar El Cuarteto, y menos últimamente. Es el mejor momento a nivel artístico, del show y de la repercusión; es muy reconfortante”. Hace una pausa y queda esperando la próxima pregunta. Sonrío y le pido que me cuente un toque memorable. La pregunta puede parecer poco original, pero él me cuenta una anécdota digna de transcribir. “A principio del año pasado, nos llamaron para tocar en un show en Arequipa [Perú]. Llegamos a un boliche medio chiquito. Me sorprendió un poco, no te voy a mentir, ya que era la primera vez que íbamos a Perú. Cuando llega el momento de tocar, había 25 personas. ‘¿Esperamos un poco más?’, preguntamos. ‘No, toquen, toquen. No va a venir más gente. No quise hacer publicidad porque se iba a llenar’, nos dijo el que nos contrató. No podíamos creerlo [risas]. Igual estuvo muy bueno”.

Le propongo dejar de lado su vida artística y que me cuente del Roberto esposo y padre. Conoció a Laura, su mujer, hace 18 años, y asegura que le costó un poco irse a vivir con ella porque estaba muy acostumbrado a vivir solo y era un poco mañoso. “Ya hace 10 años que vivo con Laura, y la verdad es que es una divina”. “¿Y Federica?”, le digo, y en su rostro se dibuja una expresión soñadora. “Para mí haber tenido a Federica fue descubrir, a esta altura de la vida, [Federica tiene recién 2 años] sensaciones que desconocía. Nunca imaginé que me iba a mover tantos hilos de sensibilidad. Dudé muchísimo si ser o no padre, pero sabía que si llegaba a tener hijos iba a ser un buen papá”. Y confiesa: “Tengo juegos privados con ella, sobre todo de palabras. Ahora por ejemplo está aprendiendo los antónimos, entonces vamos en el auto y yo arranco: ‘Fede sí’, y ella dice: ‘Fede no’. O si no ‘Fede linda’ y ella dice: ‘Fede fea’”, me explica haciendo distintas voces. “Es raro, porque todo empezó como un juego. Nunca tuve proyectos a largo plazo, ni siquiera cuando fui más grande y tuve la cabeza más ordenada. Creo que ese fue un buen secreto para no caer después”, me dice y me quedo con eso. Con esa libertad creativa, esa autenticidad, esa soltura.

Roberto el ingeniero

Además de palabras y rimas, Roberto se propuso desenredar fórmulas y teoremas. En el año 1979, cuando apenas existían las computadoras, arrancó a estudiar Ingeniería en Sistemas. Trabajó algunos años en el Ministerio de Relaciones Exteriores; y en el año 1994 entró a ANCAP, donde estuvo hasta el año pasado cuando, por una cuestión de horarios, tuvo que renunciar. “Me llevó unos cuantos años terminar la carrera, me recibí recién en 1990. Uno de los momentos más felices fue cuando di el último examen; lo viví como el primer logro personal.

El trabajo como ingeniero me gustaba mucho, lo tuve que dejar por un tema de tiempos. Nunca trabajaría en algo que no me gusta”, sentencia y se aclara la garganta. Para Musso, en la ingeniería hay mucho del arte compositivo. “Ambos tienen la cuestión de vivir en un mundo irreal, distanciado de la realidad. Por más que después en los números se sustente todo. Siempre se habla de que el ingeniero es lo más lejano a la sensibilidad del artista, pero para mí nada que ver. Soy un tipo superestructurado, pero sé descubrir mi sensibilidad. No soy la estrella de rock en la noche y a la mañana siguiente me pongo el overol para ir a trabajar. Y eso la gente creo que lo nota”.

Histórico

“El próximo 26 de octubre vamos a estar en el Velódromo. Va a ser un show muy bien armado y especial. Estamos muy emocionados, porque va a ser la primera vez que vamos a tocar ahí. Está previsto que el espectáculo dure dos horas y la idea es que haya distintos climas. La novedad va a ser los flashback a canciones viejas de un modo bastante original. Este será el único show del año en Montevideo y de algún modo es el cierre de esta trilogía y del festejo de los premios”.

Nuevo disco

“La idea es que tenga una sonoridad distinta. Estoy terminando de componer, aunque me da la impresión de que, sin perder la esencia, hay un corte con respecto a los tres discos anteriores. Me está pasando que muchas canciones aunque no hablan específicamente del tema de la paternidad, me movilizaron para ese lado. Me gusta siempre hacer más canciones de las que van, generalmente hago 18. La idea es que salga el año que viene, todavía no sé la fecha. Tampoco tengo el nombre, eso generalmente es lo último que hacemos. Depende un poco de las canciones que va a tener el disco.”

“Compongo con total libertad y desde el momento de la vida que estoy atravesando. Hoy no haría una canción como la del pitito, como tampoco 20 años atrás hubiese hecho Cuando sea grande. Me parece que en esa honestidad conmigo mismo está en cómo la gente decodifica el mensaje”.

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