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Triple homicida de la Armada no era buen tirador y tenía entrenamiento básico

Los antecedentes penales que se conocieron de las víctimas se habían extinguido por disposición de la justicia

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30 de julio de 2020 a las 05:02

En la Armada todavía no se explican cómo Jonathan Bragundi, el exinfante de Marina acusado de ser el asesino de tres de sus antiguos camaradas, pudo matarlos por sí solo, uno detrás de otro, con tal rapidez y precisión, que no les dio ninguna oportunidad de defenderse.

Según relataron a El Observador fuentes de la Armada, Bragundi no tenía entrenamiento especial de tipo comando, no era un buen tirador y nunca se destacó por sus capacidades militares. Incluso tenía dificultades para cumplir tareas sencillas.

“Él no estaba preparado como un comando. Era un tripulante como cualquiera, con un entrenamiento básico, una tabla de tiros mínima que tenía que aprobar y nada más”, informó la fuente.

Tal como informó El Observador el 27 de junio, el imputado por el triple asesinato había intentado tomar un curso dentro de la Armada para transformarse en comando, pero no lo logró.

“Se postuló, pero no fue seleccionado”, dijo un alto oficial de la fuerza. “No era un tirador experto, no se destacó en eso. Es una persona con el entrenamiento mínimo para la función”.

Jonathan Bragundi



Cuando se disparó a sí mismo en un pie en 2016, estuvo internado en la sala psiquiátrica del Hospital Militar. “Al ingresar a la Armada, pasó el examen psicológico, de lo contrario no podría haber entrado. Pero después fue dando pistas. El tiro en el pie fue un llamado de atención. Por eso fue a tratamiento psiquiátrico. Se lo trató como que hubiera sido una perturbación mental del momento. Él volvió a dar buenas señales y lo pasaron como apto para volver al servicio”, dijo.

Luego de ese episodio, al infante se lo relegó a funciones rutinarias, pero no logró cumplirlas bien.

“Se lo sacó de la línea, ya no fue a hacer cárceles, ni operaciones en el terreno. Lo sacaron de la brigada en la que hacía guardias y lo pasaron como mozo en el comedor de oficiales. No dio la talla para ese cargo. Lo llevaron al comedor de los suboficiales, para darle una segunda chance, pero tampoco dio la talla. Lo pasaron para la cocina”, informó otra fuente de la Armada.
 
Ese fue el último puesto de Bragundi en la Armada. Fue dado de baja en marzo por exceder el límite máximo de faltas.

Mientras fue mozo y cocinero, la fuerza la daba una vianda para que pudiera llevarse a su casa. Él decía que su madre estaba internada, grave y que no le daba el sueldo.

En realidad, la madre lo abandonó a poco de nacer y Bragundi fue criado primero por una vecina en la localidad de Cebollatí y luego en un hogar de acogida del INAU, en Rocha.  

El Ministerio de Defensa lleva a cabo la investigación sobre el triple homicidio y los hechos que rodearon al caso. La Armada en tanto hizo una investigación rápida enseguida que ocurrió el crimen y que tuvo como consecuencia el relevo del comandante de los infantes de Marina.

“Le armaban una vianda para que se llevara para la casa, para que no cocinara y no tuviera que comprar comida. Siempre le dieron todas las chances, se lo trató de encausar. Un suboficial se lo llevaba a trabajar afuera, pero él le faltaba, no le cumplía… y se descolgó después con esto de matar a tres camaradas", relató un oficial consultado.

La mujer que crió a Bragundi en Rocha, su mejor amigo en la adolescencia y una asistente social del INAU señalaron a El Observador que el acusado del triple homicidio tiene un retraso mental. A su vez, la psicóloga del INAU que lo monitoreó mientras vivió en Rocha dijo que padece una enfermedad psiquiátrica.

En la Armada no se detectó el retraso mental. Tampoco que tuviera una adicción. Sin embargo, poco después de que se le dio la baja, un suboficial se lo encontró en la calle y volvió con la noticia de que Bragundi parecía tener problemas de consumo.

Antes del triple asesinato, Bragundi pidió ser readmitido en la Armada. El suboficial que lo atendió le dijo que su baja ya había sido comunicada a la Justicia Militar y que si quería detener o apelar el trámite, debía concurrir allí.

Pero, debido a la pandemia, las actuaciones judiciales estaban suspendidas.

Libres de antecedentes

Para la Marina es importante limpiar el nombre de sus tres integrantes asesinados en este trágico episodio, luego de que se informara que uno de ejecutados tenía antecedentes penales por robo, otro los poseía como desertor del Ejército y el tercero había sido expulsado de esa fuerza.

Según la información que recabó la Armada, los antecedentes existían, pero se habían extinguido, por lo cual los tres infantes de marina estaban nuevamente libres de antecedentes.

La confusión se origina por las diferencias que existen entre la base de datos policial (que es llevada por la Policía Científica) y la del Poder Judicial (que lleva el Instituto Técnico Forense).

Los tres marines asesinados



Según el parte policial del caso, una de las víctimas, Alex Guillenea, tenía un antecedente por “omisiones al servicio” (derivado de haber desertado del Ejército). Juan Manuel Escobar tenía un antecedente como coautor de un delito de hurto especialmente agravado. La tercera víctima, Alan Rodríguez, no tenía antecedentes, aunque había sido expulsado del Ejército.

Pero la base de datos que lleva adelante la Policía Científica tiene registrados los procesamientos, pero en general no las sentencias, que pueden ser absolutorias.

La familia de Escobar se presentó a la Armada señalando que los antecedentes que había tenido ya no existían.

La Armada, tras consultar en los juzgados, pudo chequear que efectivamente el delito de Escobar se había “extinguido”.

Eso es posible porque al ser primario y cometer un delito que no superaba los dos años de cárcel, cuando fue procesado el juez le aplicó la “suspensión condicional de la pena”. Es decir, que si pasado unos años el imputado no vuelve a delinquir, se le extingue la pena y queda sin antecedentes. Eso es lo que había pasado con Escobar y también con el delito militar cometido por Guillenea. Ambos estaban “limpios” de antecedentes cuando entraron a la Armada, dijo el alto oficial consultado.

Pero eso no constaba en el registro policial.

“El fallo del juez no va a la policía científica, va a al Instituto Técnico Forense. Y Policía Científica y el ITF no vinculan la información entre sí. Esa apertura de investigación sobre alguien que figura en la base de la Policía, queda abierta para siempre. Por más que el juez mande eliminar ese delito que se le había imputado”, declaró un oficial.

Respecto a Rodríguez, su expulsión del Ejército se había debido a un error, dijo el oficial consultado. Según la Armada, lo echaron por faltar cuando en realidad estaba enfermo y lo había avisado, pero una desinteligencia interna hizo que el aviso se extraviara.

De todos modos, para ingresar a la Armada se pide que se presente el certificado de antecedentes policiales, y este deba indicar que el postulante carece de ellos. En ese certificado que presentaron Guillenea y Escobar seguramente constaban sus antecedentes, porque están en la base policial.

La fuente consultada admitió que quien los dejó entrar a la Armada se salteó ese requisito. Por eso ahora el ministro de Defensa, Javier García, ordenó que se revisen todos los ingresos, buscando si hay otros militares con antecedentes revistando en la fuerza.



“Se está haciendo la revisión dispuesta. Hemos encontrado algunos otros casos de deserción, de violencia doméstica, de receptación… El Ministerio de Defensa dispondrá. Hay que ir imputado por imputado y ver cuál fue el fallo de su caso”, dijo la fuente.

“Siempre marines”

Respecto a cómo Bragundi pudo ingresar a la guardia del Cerro para asesinar a sus tres excamaradas, el único testimonio es el del homicida, que dijo que el artilugio que empleó fue pedir que lo dejaran entrar a dormir, porque no tenía otro lugar donde hacerlo.

Según el oficial entrevistado, debido al fuerte sentimiento de cuerpo que hay en la infantería de marina, los tres hombres que montaban guardia lo dejaron entrar: “La infantería de marina tiene muy arraigado el espíritu de cuerpo, el compañerismo, la fraternidad entre ellos, porque son los más expuestos a las inclemencias del tiempo, a las guardias en las cárceles o en las fronteras. Hay un gran espíritu de compañerismo y fraternidad. Se les machaca permanentemente: no podemos dejar tirado a un camarada”.

Se le recordó al entrevistado que Bragundi ya no era integrante de la fuerza, pero él recordó que los estadounidenses dicen: “Una vez marine, siempre marine”.

En la Armada se consideró que dejar entrar a alguien que no integra la Armada fue una falta grave. “Esta gente cometió un error gravísimo y lo pagó de la peor manera, con su vida. Ellos interpretaron que actuaban bien según su escala de valores, al apoyar a un excompañero que estaba en la mala”.
 

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