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Una crítica a Yuval Noah Harari

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07 de octubre de 2019 a las 15:30

Por Luis Pedro Reyes

Yuval Noah Harari en su libro De Animales a Dioses aduce que la teoría más compartida es que “mutaciones genéticas accidentales cambiaron las conexiones internas del cerebro de los sapiens, lo que les permitió pensar de manera sin precedentes”. 

Como esta afirmación es especulativa e imposible de demostrar, luego debe escribir “fue algo totalmente aleatorio... pero es más importante comprender las consecuencias de la mutación del árbol del saber que sus causas”. Esto no es así desde ningún punto de vista, no es más importante comprender las consecuencias: es más fácil optar por este camino. Siempre las causas son más importantes porque son las que permiten entender cabalmente las consecuencias. La lógica de Yuval Noah Harari es de una temeridad tal que, con esfuerzo, alguien que apele al método científico, continuaría con la lectura del libro.

Más adelante aparece la ridiculización de la Iglesia Católica, cosa que le dará rédito sin duda, como le ha dado a otros tantos miles de escritores de sandeces, acerca principalmente del catolicismo, y de otras religiones universales. Como historiador, Yuval Noah Harari, sabe perfectamente que la vida de Jesucristo -tal como la narra la Iglesia católica- es tal como se narra desde los primeros evangelios. Se trata del mensaje que trajo Jesucristo al mundo y por ende de su vida. No puede negar que ya en el siglo I estas narraciones estaban escritas, sin contradicción, por distintos autores; pero además precedidas por los “chismorreos” (como él llama a la interconexión por medio del lenguaje) de miles de personas contemporáneas a Jesús.

Durante el siglo I se escribieron miles de párrafos acerca de Jesús que son verdades históricas que él obvia. Acepto que él no crea en la Eucaristía pero no puede negar de ninguna manera que la “fracción del pan” la practicaban los apóstoles y los discípulos directos de Jesús y los primeros cristianos, desde la resurrección de Jesús (si no cree en ella, tómelo desde su crucifixión y muerte). Hoy, esto tan ridículo a los ojos de Harari, lo creen y practican cientos de millones de católicos en todo el mundo todos los días “desde donde sale el sol hasta el ocaso”.

¿No es un “abracadabra” que el mismo Harari no dé cuenta de su propia existencia, así como no la da todo lo que conocemos y aprehendemos con nuestra inteligencia y queremos con nuestra voluntad? Si no fuera así, debería adherir al principio de inmanencia, lo que parecería superar su historia novelada. La Eucaristía no es el único “abracadabra” en la vida de Jesús, hubo muchos; pero a no engañarse, estamos rodeados de ellos y a veces nos cuesta verlos. La existencia de Dios no es una evidencia inmediata para el homo sapiens, pero sí mediata, y los hombres de ciencia están apremiados a descubrirla. Si no, nos deberíamos apropiar de la lacónica respuesta de Stephen William Hawking cuando le preguntaron qué había con anterioridad al Big Bang, respondió: ¡Nada! Probablemente sí, no hubiera nada material.

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