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Una marcha heterogénea pero con un grito en común contra la desigualdad de género

La manifestación por el Día de la Mujer colmó la avenida 18 de Julio con reclamos de igualdad, expresados por colectivos variopintos pero con un fin compartido

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09 de marzo de 2020 a las 05:02

Pocas manifestaciones son más heterogéneas que la que llena la avenida 18 de Julio en cada 8 de marzo. La que tuvo lugar este domingo dio una muestra más de la fuerza que ha adquirido el movimiento feminista en los últimos años y de que la lucha por la igualdad de género se puede expresar de mil maneras distintas.

El 8 de marzo fue Beatriz Argimón, primera vicepresidenta electa por la ciudadanía, al fondo del río violeta. Para la nacionalista, pionera de la lucha por los derechos de las mujeres y habitué de las manifestaciones feministas, este 8 de marzo no fue uno más. “Este es diferente porque uno asume la responsabilidad de llevar adelante las reivindicaciones. Se ha conquistado mucho pero todavía falta”, dijo Argimón a El Observador

En el pecho llevaba el mismo pin que todas sus compañeras del Centro Josefa Oribe del Partido Nacional, que marcharon con una pancarta impresa con la palabra “paridad”. 

Pero el 8 de marzo fueron también los carteles contra la propia Argimón –uno la calificaba de “traidora del feminismo”– y otros jerarcas del gobierno, particularmente contra el ministro del Interior, Jorge Larrañaga, y el líder de Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos. “Guapo, no le tengas miedo a las mujeres sin miedo”, decía uno de los letreros más fotografiados de la jornada. También se repitió el cántico “es pa’ Manini que lo mira por TV”. 

Fueron las medallitas con la virgen María en los pechos de varias manifestantes, al igual que las encendidas críticas contra la Iglesia del Cordón, custodiada a un lado de la valla por una barrera policial de mayoría femenina, y del otro por un grupo de “autocuidado” instalado por las organizadoras de la marcha. 

Fue el clásico cántico de “somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar”, y la exsenadora Daisy Tourné –también pionera en temas de género– mirando desde un costado y bromeando con ser la bruja abuela. 

Fueron los cánticos de las “radicales separatistas” descontentas con la presencia de penes en la manifestación –“varón que vea, varón que le corto la pija; no me importa si es marica” es parte del repertorio–, y también fueron los miles de parejas, familias y niños; los bailes de murga y candombe; las piruetas de dos mujeres en el cielo de la avenida para desplegar una pancarta; los mensajes ocurrentes impresos en cartones, telas, espaldas, pechos y hojas A4. 

Fue, sobre el final, la lectura al unísono de una proclama para “despatriarcalizar la vida”. 

Con sus diferencias y cada cual a su modo, los miles y miles de personas que colmaron la principal avenida de la capital se unieron en una misma oda a la liberación y en un grito compartido contra la desigualdad de género.

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