Opinión > Análisis/Ignacio Bartesaghi

Una nueva diplomacia para un nuevo mundo

El rediseño del servicio exterior y la importancia de avanzar en la reforma

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27 de mayo de 2018 a las 05:00

En una nota del diario El Observador de la semana pasada, se anunció que la cancillería uruguaya trabaja en un rediseño del servicio exterior, donde se señaló que se está evaluando incorporar más funcionarios diplomáticos, así como redistribuir las misiones con las que cuenta el país.
En primer lugar, es importante resaltar la importancia de avanzar en esta reforma, la que está pendiente desde tiempo atrás. Al respecto, debe tenerse en cuenta que para un país pequeño como Uruguay, que necesita de la promoción externa como herramienta para captar inversiones y colocar nuestras exportaciones, es fundamental contar con representaciones diplomáticas con la capacidad de potenciar la inserción internacional.
A medida que el país avance en la firma de acuerdos comerciales, lo que tarde o temprano será inevitable más allá de las restricciones internas y regionales, se necesitará contar con una estrategia de promoción comercial específica por región y en algunos casos por país, para lo cual será clave la articulación entre las embajadas y consulados con Uruguay XXI, que es la agencia encargada de promocionar el país en el exterior. Las estrategias de esta índole son parte del pilar de inserción externa, lo que obliga a disponer de embajadas especializadas en asuntos comerciales. Naturalmente que las cuestiones políticas y consulares seguirán jugando un rol, pero este no es central en todos los mercados, existiendo enormes espacios de reorganización de los recursos de acuerdo a la estructura actual de la cancillería.

En el corto y mediano plazo, Uruguay debe discutir la relación entre el número de embajadas respecto a los consulados, la pertinencia de algunas misiones permanentes en el exterior, la apertura de nuevas oficinas o el nivel de especialización del personal de la embajada. Por ejemplo, en la actualidad existe una exagerada concentración de representaciones diplomáticas en Europa (especialmente consulados), muchas de las cuales reflejan una realidad política y migratoria del pasado.
Una redistribución planificada, permitiría profundizar el camino ya iniciado con el fortalecimiento de la embajada en China, la apertura de un nuevo consulado en dicho país y la próxima inauguración de una embajada en Yakarta, Indonesia, que cabe recordar se trata de un país con 260 millones de habitantes y en donde se encuentra la Secretaría de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), que es el proceso de integración más dinámico de Asia Pacífico. Asimismo, se siguió una nueva estrategia en Medio Oriente y se buscó desplegar un plan de profundización de la presencia en África, si bien en estos dos últimos casos con algunas dudas y dificultades.

Está claro que no se trata de dar rienda suelta a la apertura de embajadas en mercados exóticos o de interés dudoso para el país, deberá llevarse a cabo una evaluación profunda de las razones por las cuales se potencia o decide dar apertura a una nueva embajada o consulado, valorando los intereses políticos, migratorios y culturales, pero ponderando adecuadamente la importancia económica y comercial.
Todo este análisis debe contar con un ejercicio de prospectiva, para adelantarse a las necesidades que nuestro país tendrá en el futuro, pero para lo cual se deberán tomar decisiones en el presente. La posible reestructuración de las embajadas y/o consulados tiene que contemplar el impacto diplomático que puede traer aparejado el cierre de una misión permanente ya en funcionamiento, error por cierto cometido en el pasado.
Otro aspecto debatido desde tiempo atrás tiene que ver con la constitución de oficinas comerciales, como apoyo a las actividades de las embajadas. Dichas oficinas podrían sin lugar a dudas jugar un rol determinado en la expansión de las actividades de la misión permanente (especialmente en los mercados más dinámicos y complejos como los Asia Pacífico), incluso contando con funcionarios especializados de otros ministerios, como por ejemplo el de economía y finanzas, turismo, industria y ganadería o incluso con la participación del sector privado. Dichos funcionarios podrían complementar las capacidades de la misión permanente, pero actuando bajo dependencia jerárquica de la embajada y no de forma independiente.

Para tener éxito en la promoción comercial del país, no se trata solo de abrir más embajadas y oficinas comerciales, la estrategia debe incluir más capacitación al cuerpo diplomático en comercio internacional y en capítulos específicos como servicios, normas técnicas, propiedad intelectual, normas medioambientales, normas sanitarias y fitosanitarias, asuntos aduaneros, comercio electrónico e inversiones, entre otros. En definitiva, dichos temas son los que dominan los negocios internacionales en la actualidad. La incorporación de personal diplomático con nuevos perfiles y la capacitación específica en dichas áreas, reforzará la estructura actual de embajadores que cuentan con muy buena formación en el área política.
Es necesario invertir en el desarrollo de planes de trabajo en todas las embajadas, focalizando los esfuerzos y recursos en aquellas con mayor potencial económico y comercial, o en las que llevan adelante asuntos políticos de interés estratégico para el país. Independientemente de las naturales diferencias de escala, es evidente que Chile no solo ha tenido éxito en el cierre de acuerdos comerciales (deuda pendiente en Uruguay), sino que también se ha especializado en la promoción comercial, con actividades permanentes que permiten forjar una imagen país en el exterior, lo que luego deriva en el desarrollo de exitosas estrategias de comercialización de las empresas chilenas.

En cuanto a la carrera del personal diplomático, será necesario dejar de lado las rigideces actuales, para dar mayor cabida al pragmatismo. Por ejemplo, ¿no es posible respetar las experiencias acumuladas de los funcionarios que se van especializando en asuntos diplomáticos determinados o en regiones? En el presente suelen darse cortes abruptos que no respetan esta lógica.

Por otro lado, es fácil comprobar cómo se desaprovechan los recursos humanos calificados por dar cumplimiento a normas que terminan por generar un sistema poco atractivo en cuanto a los incentivos, como ocurre con el proceso de designación de un destino, o algunos aspectos vinculados con los concursos de ingreso o ascenso. También cabe cuestionarse qué rol juegan algunos de los funcionarios diplomáticos que regresan al país luego de cumplir misión, los que en muchos casos terminan ocupando posiciones que no respetan su trayectoria ni experiencia acumulada. Tampoco debe olvidarse el otro 50% de los funcionarios que no saldrá al exterior, lo que está asociado a la estructura permanente de las oficinas que hacen posible el funcionamiento diario de la cancillería.
Si bien es compleja, se trata de una reforma impostergable para enfrentar los nuevos desafíos impuestos por un nuevo mundo.


Decano de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica del Uruguay y director del Departamento de Negocios Internacionales e Integración de la misma Universidad.
Doctor en Relaciones Internacionales e integrante del Sistema Nacional de Investigadores.

Twitter: @i_bartesaghi

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