4 de mayo de 2023 5:03 hs

Autos lujosos, joyas y hasta un zoológico privado con hipopótamos forman parte de la herencia que dejó tras su muerte violenta Pablo Escobar, uno de los grandes capos del narcotráfico de Colombia.

El tráfico de drogas es mucho más que un negocio ilegal, cruel y millonario. Su vasto impacto cultural se resume paradójicamente en el prefijo narco: narco-estética, narco-novelas, narco-música.

"NarColombia", así lo abrevia con ironía Omar Rincón, uno de los académicos que más investigó sobre el fenómeno.

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Pese a las campañas oficiales para limpiar la imagen del país, la influencia del narco está presente en el lenguaje, la arquitectura y el entretenimiento. "Consumo, luego existo. No hay nada mejor que exprese el gusto y la ética capitalista que el narco", agrega Rincón en declaraciones a AFP.

Sin embargo, dentro de todo eso, los hipopótamos importados por Escobar para su privado deleite y hoy convertidos en plaga resultan su herencia más monstruosa.

Hipopótamos en Antioquía

AFP Los hipopótamos fueron importados por el capo narco Pablo Escobar para su deleite privado.

Uno de los animales más peligrosos de África pasa frente a una docena de curiosos en una calle del pueblo de Doradal, en Colombia, donde los hipopótamos llegaron por capricho del jefe del Cartel de Medellín.

Esterilización, traslados internacionales, cacería: todas las posibles soluciones están sobre la mesa ante la peligrosa "invasión" de unos 160 animales que se reproducen sin control en esa zona del departamento de Antioquia, en el noroeste del país.

La bestia de enormes colmillos y más de dos toneladas camina a sus anchas y es ahora atractivo de miles de turistas que llegan seducidos por la que fue la extravagante hacienda del barón de la cocaína.

Tras la muerte de Escobar a manos de la Policía durante un intento de fuga en 1993, la pequeña manada de hipopótamos que había llevado a su zoológico privado quedó abandonada a su suerte en una zona donde abunda el alimento y no hay grandes predadores.

Hoy son decenas de ejemplares, temidos y adorados por igual en la región.

Figuras de hipopótamos decoran el parque central del pueblo, la fachada de muchos negocios y otras se venden como recuerdos turísticos. Existe además un tráfico de crías que se ofrecen como mascotas, se rumorea entre pobladores.

Ante la que podría ser la mayor manada de hipopótamos fuera de África, una "tragedia" es inminente, advierten los expertos.

Hace unos meses, uno de ellos irrumpió en un encuentro de niños y padres en el jardín de la escuela Balsora, en una zona rural de Doradal.

"Las mamás se asustan mucho al ver un animal de este tamaño. Percibimos el peligro y nos trasladamos" a las aulas, relata a la AFP la profesora Dunia Arango, habituada a dar clases con el ruido gutural de los hipopótamos de fondo. 

Aquella vez, el animal se alimentó de los frutales que rodean la escuela y luego siguió su rumbo hacia un mercado.

Feroces e impredecibles

Una nueva manada se está consolidando en un pequeño lago a unos 20 metros de la escuela, explicó David Echeverri, funcionario de la autoridad ambiental local (Cornare).

"Hay como 35 niños jugando, se pueden acercar mucho y generar una tragedia", advierte el experto. A sus espaldas, una familia de tres hipopótamos se mueve en el agua plácidamente sin ninguna clase de encierro.

"Si bien los ves muy tranquilos, en cualquier momento, en su comportamiento tan impredecible, pueden atacar, como ya pasó", agrega.

Por su parte, el pescador John Arístides (33 años) recuerda muy bien una tarde de octubre de 2021 cuando lanzó su caña a la orilla de un riachuelo. "Cuando estiré la mano, el hipopótamo se me tiró y me dio en la cabeza con los labios", evoca Arístides, quien resbaló en su huida y no pudo evitar que el animal le mordiera el brazo izquierdo.

"Me apretó y me lanzó por ahí a dos metros. No me arrancó el brazo porque tiene los dientes muy gruesos", agrega el sobreviviente que pasó casi un mes hospitalizado.

Es lo más cercano a un encuentro fatal en Colombia, pero "si no hacemos nada lo que nos espera son miles de hipopótamos deambulando", anticipa Echeverri, quien hace un par de semanas enterró a uno arrollado por un conductor.

¿Cacería con disparos?

Otro pescador, Álvaro Díaz (40), ofrece recorridos turísticos para avistar al pesado mamífero en las riberas del Magdalena, el río más largo de Colombia y por donde se expande la presencia de los hipopótamos.

Cuando los nota "molestos" se mantiene a unos 30 metros, aunque a veces llega a estar a diez. "Los vemos muy frecuentemente, convivimos con ellos pacíficamente", sostiene Díaz en su canoa.

El corpulento pescador aboga por un "control poblacional" como solución, con castraciones y anticonceptivos.

El año pasado, el Ministerio de Ambiente declaró a los hipopótamos "especie invasora", abriendo la puerta a eventuales cacerías de este animal.

Echeverri anota que sacrificarlos "sin dolor, con una metodología técnicamente correcta, tampoco es fácil" ya que implica capturarlos y sedarlos para realizar una especie de eutanasia.  

Una investigación de la estatal Universidad Nacional estima que para 2035 la población podría llegar a mil hipopótamos y plantea la posibilidad de una eliminación con armas de fuego, pero Echeverri y vecinos lo rechazan.

Derivados a zoológicos

En un esfuerzo por "salvar su vida", la gobernación de Antioquia reveló a comienzos de año un plan para trasladar unos 70 hipopótamos a santuarios de fauna en México e India. Sólo falta el visto bueno de autoridades de Colombia y demás países.

Echeverri ya lideró la captura y envío de siete ejemplares a zoológicos dentro del país y dice que el plan es "posible y necesario".

Biólogos también advierten que la invasión de estos animales desplaza a la fauna local, incluido el manatí, un mamífero herbívoro que está en la lista de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Los ganaderos reniegan por los daños que ocasionan, pero los demás pobladores se encariñaron. "No se los lleven todos. Ya es cultura de nosotros convivir con ellos y tener esta población que nos acompañe es bonito", justifica la profesora Arango, con un ojo puesto en sus alumnos.   

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