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Una visita a la Etchepare

La excolonia Etchepare –hoy Ceremos– muestra signos de mejora, aunque sigue representando un modelo de salud mental caduco que se busca transformar

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04 de agosto de 2019 a las 05:00

Está sentada sobre el final de la habitación. Tiene los ojos entrecerrados. Sus piernas y sus genitales están al descubierto, y usa un vestido rosado que solo cubre el torso. A su alrededor hay dos enfermeras que preparan la comida para el resto de las personas que están en la sala, mientras los murmullos y los gritos se adueñan del lugar. 

La mujer del vestido rosado es uno de los 670 pacientes con algún trastorno mental que alberga la excolonia Etchepare, llamada ahora Centro de Rehabilitación Médico Ocupacional y Sicosocial (Ceremos) y que debería dejar de existir para el 2025 según estableció la Ley de Salud Mental que se aprobó en 2017, con el apoyo de todos los partidos políticos. 

Sin embargo, la última Rendición de Cuentas le dio 40% de los recursos que la norma requiere para su aplicación y, por tanto, la transformación hacia una nueva concepción de salud mental que se busca promover desde el estado permanece incompleta. “No han habido cambios sensibles”, dijo a El Observador Rafael Cibils, director de la Sociedad de Psiquiatría del Uruguay. En ese proceso de cambio hay un puntal fundamental: la “desinstitucionalización” de los centros de atención psiquiátrica que serán sustituidos por centros alternativos (casas de medio camino y residencias de apoyo) que se deben adecuar a las necesidades de los pacientes. 

En este sentido, se crearon tres salas alternativas y, según Cibils, se han seleccionado pacientes para que ocupen dichas edificaciones pero “si se va a llegar o no al 2025” depende de la asignación presupuestal  por parte de la próxima administración.

Más allá de los cambios en materia de infraestructura, la nueva concepción incluye una metodología de trabajo en la que la palabra “integral” –para significar cuidados o aproximación a la persona– adquiere un relieve significativo y en la que se procura integrar el “afuera” de modo que los pacientes puedan reinsertarse en la sociedad cuanto antes. 

Según el director de Ceremos, Federico Sacchi, algunos de estos elementos ya fueron integrados en su centro psiquiátrico. Aunque esa nueva forma que buscan afianzar aún se choca con la realidad de otro tiempo.

En la colonia

Ceremos consta de cinco edificios en los que se atienden a personas con trastornos mentales. Hay tres pabellones: uno de mujeres y dos de hombres. En el último tiempo se hizo la remodelación de dos edificios en donde están las personas que cuentan los días para salir, que están separados de aquellos pacientes que tienen una gran dependencia tanto psíquica como física. 

En el pabellón donde están quienes se irán de la institución próximamente hay más mujeres que hombres. Algunos limpian los platos luego de comer y otros están acostados escuchando radio o durmiendo. El lugar es grande y tiene camas agrupadas de a dos, que se separan por placards. En una de ellas está María Inés. Cuando salga ser irá a Minas para estar cerca de su hijo, que vive con su hermano. María Inés entró en el 2010 o 2009 –no recuerda–  porque “los problemas la desbordaron”.

Pero su historia no es algo que se pueda ver en el resto de los pabellones, sobre todo en aquellos en donde están los internos con gran dependencia. 

El edificio destinado a esos pacientes está sobre el cerco que separa a las construcciones de la colonia del campo. 

Y a pesar de que la instalaciones están remodeladas, el lugar mantiene su fachada antigua. Desde lejos se escucha a una señora que grita porque no tiene una de sus botas y a otra que aplaude, mientras que un hombre que está en la entrada fuma un tabaco, mira a las personas entrar y saluda. Es el único que hace algún gesto con sentido y levanta la mirada. El resto mantiene los ojos entrecerrados y mirando hacia la nada. Una de las enfermeras va y viene cargando alimentos mientras la paciente repite la palabra “bota”, que se ahoga en el griterío. Nadie le dio la bota. 

Sacchi dijo que los funcionarios que atienden los pabellones muchas veces no están preparados para trabajar con personas con trastornos mentales. “No es culpa de ellos, es que la preparación está dada así”, señaló. No obstante, la nueva ley establece que se deben impartir “instancias de capacitación y actualización permanente (...) para los equipos básicos de salud”. Esa enseñanza aún no se implementó, pero según el jerarca de ASSE ya están planificadas para que comiencen a corto plazo.

En el pabellón de mujeres está Carmen, quien recorre la sala haciendo comentarios sobre sus compañeras. Antes de pasar la puerta mira a Sacchi y le reclama que el lavarropas no funciona hace “como una semana”. Tiene los acolchados húmedos y la lluvia no les ha permitido colgarlos al sol.  El director dijo que en breve todo estaría arreglado.  

Los pabellones de las mujeres son iguales que los de los hombres. En el medio hay un comedor y a los costados están las entradas para el lugar donde están las camas. Al final del pasillo están los baños, en el mismo lugar que los lockers donde los pacientes tienen sus pertenencias. 

Al acercarse a uno de los pabellones de los hombres aparece el olor a asado, gentileza de uno de los internos que quiso invitar a sus compañero. Uno de ellos se encarga de la parrilla que está en el suelo, porque el parrillero del pabellón está roto. “¿Por qué nadie avisó?”, reclamó Sacchi al enterarse. 

A pesar de que la carne está casi pronta, la parrilla apenas puede tapar el hedor a cigarro que se intensifica al entrar al pabellón. Sacchi indicó que “se está haciendo lo que se puede” para sacar el cigarrillo del interior de los pabellones pero reconoció que es algo muy difícil. 
En una de las camas están acostados una mujer y un hombre, los dos fuman y se dan un beso. En Ceremos hay varios internos que son pareja. No cuenta con una sala conyugal, a pesar de que los médicos les brindan a los pacientes métodos anticonceptivos. Ante la pregunta sobre cómo hacen para tener relaciones sexuales, Sacchi respondió: “Se las arreglan”. 

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