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19 de abril 2023 - 9:56hs

Cuando Naciones Unidas anunció que la población mundial superó los 8.000 millones de habitantes, el noviembre pasado, enseguida surgieron las voces apocalípticas: ¿Demasiada gente joven? Tiene un efecto desestabilizador. ¿Demasiada gente mayor? Una carga. ¿Demasiados migrantes? Un peligro.

No es extraño. Los mensajes contradictorios y alarmistas encabezaron el año pasado varios titulares: “Conforme se agrava el cambio climático, Egipto pide a las familias que tengan menos hijos”. “Corea del Sur ha invertido ya 200.000 millones de dólares, pero no hay suficiente dinero para convencer a la gente de que tenga un hijo”. “‘No hay Letonia sin letones’: el descenso demográfico de Europa Oriental”. “Hay una bomba de relojería demográfica a punto de estallar y de reconfigurar el mundo que conocemos. La población del planeta está cerca de tocar techo. Lo que venga a continuación será irreconocible”.

Pero el informe del Estado de la Población Mundial 2023, que se publica este miércoles y al que tuvo acceso El Observador, muestra que la humanidad atraviesa uno de sus momentos de “mayores oportunidades”. El ser humano vive más y mejor; la mujer va conquistando puestos de poder; los varones asumen parte de las labores no remuneradas; el espacio de trabajo empieza a adaptarse a las necesidades de las familias; las licencias paternales se extienden; mejora el acceso a los métodos anticonceptivos; y, sobre todo, las parejas deciden cuándo y cuántos hijos tener.

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El problema —o mejor dicho uno de los problemas— es que el mundo concentra realidades bien disímiles. Mientras en Níger cada mujer en edad de ser madres tiene, en promedio, casi siete hijos, en Uruguay el 2022 cerró con 1,28 hijos por mujer en edad fértil. Mientras un tercio de la población —entre los que se concentra casi toda África— vive en países con tasas de fecundidad por encima de los niveles de reemplazo (2,1 hijos por mujer), dos tercios habitan en países que están por debajo.

Y algunos muy por debajo. De hecho, Uruguay se ofreció para ser la sede de la conferencia mundial de baja fecundidad y envejecimiento, una reunión en la que suelen intercambiar experiencias los 70 países con menos hijos por mujer.

Ese “doble ritmo” al que avanza el mundo hace que cada vez más países adopten políticas para influir en la fecundidad: algunos para aumentarla, otros para reducirla y unos pocos para mantenerla estable.

Hace tres décadas, cuando el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) organizó su primer congreso mundial, la gran apuesta de los países —incluyendo Uruguay— era fijarse metas que garanticen el respeto por la decisión de la mujer de ser madre cuándo y cómo quiere. Ello llevó a la extensión de los métodos anticonceptivos, la planificación del embarazo, el control de las enfermedades de transmisión sexual y un largo etcétera. Por entonces dejaron de tener cabida las metas cuantitativas de fecundidad (de hecho se empezaban a cuestionar las medidas restrictivas de hijos como tuvo China o el incentivo a tener hijos como alguna economía del sudeste asiático).

Los informes del Estado de la Población que, año tras año, elabora el UNFPA vienen revelando los avances y las faltas en este sentido. En la publicación liberada este miércoles se revela que de 68 países que actualizaron los datos, “el 24% de las mujeres y niñas no puede negarse a mantener relaciones sexuales, que el 25% no puede tomar decisiones sobre su propia atención médica y que el 11% no puede tomar decisiones específicas sobre la anticoncepción”. Es decir: más de 30 años después de la conferencia de El Cairo, solo el 56% de las mujeres toman sus propias decisiones sobre su salud y sus derechos sexuales y reproductivos.

UNFPA UNFPA pide respetar los derechos de las mujeres.

“Si a pesar de la lentitud e inequidad la humanidad fue exitosa en esa estrategia de que la mujer tome la decisión, ahora falta incorporar la mirada de cómo hacer que efectivamente pueda tener los hijos que quiere sin perder en derechos”, explica Fernando Filgueira, representante del UNFPA en Uruguay. “La solución no puede ser que la mujer se ponga a parir y listo, en todo caso hay que mover otras variables para hacer frente al envejecimiento poblacional y la transición demográfica”.

¿A qué se refiere? Uruguay —léase por Uruguay las propuestas que vienen presentado distintos partidos así como las que vienen impulsando los últimos gobiernos— apuesta a mejorar las condiciones para que las familias tengan los hijos que desean, para que se pierdan la menor cantidad de embarazos deseados, para que se acorte la brecha de género en el mercado laboral y por consiguiente produzcan varones y mujeres, que se incentive la llegada de inmigrantes, y para que cada niño tenga el debido cuidado y la formación para ser más productivo.

En esta línea, por ejemplo, el Parlamento aprobó este martes una ley en que las mujeres embarazadas y sus parejas pueden tomarse hasta cuatro días libres por mes (sin descuento de ningún tipo) para controles del embarazo.

A eso se le suma la extensión de la reproducción asistida a enfermos oncológicos, el debate de la ampliación de las licencias paternales, y la posible entrega de boletos gratuitos para las embarazadas.

“La idea es armar una app en que una vez que se detecta una embarazada, pueda obtener información de calidad en ella, pueda saber sus derechos, pueda tener un control y obtenga beneficios que le da el Estado”, explica Filgueira. “Esto no supone pagar para que se tengan hijos, sino garantizar que el Estado protege a quien desea tenerlos”.

Esta política viene acompañada de otras discusiones sobre transferencias monetarias, sobre la extensión del sistema de cuidados para que los padres tengan a dónde dejar a sus hijos pequeños, para que las escuelas cuenten con horarios más compatibles con los trabajos de los adultos, y para que se incentive la educación desde la primera infancia.

El informe del Estado de la Población lo deja en claro: “Un estudio reciente de las Naciones Unidas llegó a la conclusión de que, a la hora de sostener la economía de una sociedad en proceso de envejecimiento y con tasas de fecundidad bajas, impulsar la paridad de género en la fuerza de trabajo resultaría mucho más útil que aumentar de nuevo la fecundidad”.

Vea el informe completo:

Estado de la Población Mundial by El Observador on Scribd

Temas:

Población de Uruguay envejecimiento de la población Tasa de fecundidad

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