La regulación no es buena o mala en abstracto. Hay buenas regulaciones y malas regulaciones. Algunas frenan el progreso. Otras lo hacen posible.
Los buenos programadores, ingenieros y arquitectos de software van a ser más necesarios que antes. Lo que cambia es que la capacidad de crear software se democratiza.
La pregunta no es si la inteligencia artificial va a cambiar el mundo. La verdadera pregunta es si aprovechamos esta oportunidad y nos posicionamos entre quienes lideran ese cambio, o entre quienes llegan tarde.