25 de enero 2024 - 12:17hs

Javier Milei tuvo su primer paro general a cuarenta y cinco días de haber asumido la presidencia. Todo un récord.

El primer presidente del regreso de la democracia, Raúl Alfonsín, soportó trece. El antecesor a Milei, el emigrado Alberto Fernández, ninguno.

Quedó la foto de una plaza de Mayo colmada. ¿Cuánto? Depende del relator. El nivel de distorsión de la información al que llegó nuestro país permite a la dirigencia moverse en el reino del absurdo sin que resulte escandaloso. Para Patricia Bullrich, ministra de Seguridad y personaje clave del gobierno libertario, se movilizaron cuarenta mil personas. Con esos números en la mano se permitió decir que el paro fue “un fracaso rotundo”. La policía de la Ciudad de Buenos Aires estimó ochenta mil. Y la Confederación General del Trabajo (CGT) habló de setecientas mil personas. No existe un margen de error racional entre cuarenta y setecientas mil personas. Cada uno elige contar el resultado que quiere. Y puede hacerlo. ¿Por qué? Porque hace tiempo los hechos dejaron de ser sagrados y las interpretaciones libres y se revirtió la frase que hizo famosa el ex cortesano Carlos Fayt. Hoy los hechos son libres y se consagran las más inverosímiles interpretaciones.

Ante esta realidad distorsionada los argentinos reaccionan como pueden frente la información que elijan creer. Porque informarse pasó de ser un derecho a una cuestión de fe.

Aunque resuenan en los oídos las palabras de Hugo Moyano, el jefe de un clan sindical que hoy pugna por heredarlo en términos políticos: “La única realidad es el changuito del supermercado”. Y la escalada descontrolada de precios no da lugar más que a la realidad: la inflación de diciembre fue de 25,5% y 2023 cerró con un aumento de precios de 211,4. Los alimentos del changuito saltaron casi 30%, y de los combustibles un 266%. Sin hablar de las prepagas y las tarifas de colectivos que empezaban a regir en febrero y fueron frenadas por una decisión judicial.

¿Eso fue lo que motivó la movilización? ¿Salió la clase media afectada fundamentalmente por estas medidas y por la re imposición del pago de ganancias que termina de licuar el magro salario de los pocos privilegiados asalariados? No parece, todavía.

¿Las centrales obreras que convocaron al primer paro contra Milei se despertaron de la siesta profunda de cuatro años para defender a los trabajadores de la embestida que dejó más de la mitad del país sumido en la pobreza y disparó la inflación a niveles históricos? Raro. Ya que el descontrol no nació el 10 de diciembre y el propio superministro de economía del entonces oficialismo y candidato presidencial fallido Sergio Massa hizo campaña diciendo que con él aparecía alguien que podía hacerle frente al desastre. O sea, el desastre ya estaba ahí solo faltaba un hombre para hacerle frente y por eso recorría el país diciendo “Ahora tenemos con quién”.

La plaza del 24 es lo que se ve. Lo que se vio. Lo tangible. Cuarenta mil personas mas o setecientas mil personas menos. Lo importante es lo que está pasando por debajo, lo no dicho o dicho a medias. La discusión por la ley ómnibus que incluye aspectos de una reforma laboral que si cayó entre los sindicalistas como un baldazo de agua fría. Por ahí así es más fácil entender el despertar repentino y la urgencia por defender… ¿A los trabajadores o su propio status quo? Ante una reforma laboral que como declaró el empresario Gustavo Grobocopatel “impone el propio proceso de modernización ante trabajos que ya resultan obsoletos”. Es uno de los tantos hombres del empresariado que acompañan la necesidad de una reforma. El argumento parece válido. El problema radica en que el gobierno quiere hacerla sin contemplar el segundo y traumático capítulo de esta historia. ¿Qué hacer con esos trabajadores que por falta de formación e imposibilidad de conseguirla a contrarreloj quedaran fuera del sistema? No parece haber nadie pensando en eso.

Es complejo leer al gobierno de una fuerza que nació hace quince minutos con los parámetros de la vieja política. ¿Son intransigentes reacios al dialogó que buscan imponer reformas legislativas a través de un decreto inmenso de 664 artículos? ¿Mesiánicos que no están dispuestos a ceder en absolutamente nada y ven en estos primeros cien días de gobierno la oportunidad de plantarse y mostrar que, con ellos, temerarios, no se juega? ¿O astutos cerebros de las fuerzas del cielo que tiran la cifra de 664 artículos para negociar los pocos que realmente consideran el corazón de la reforma que necesitan? Y en caso de no conseguir los, digamos diez cambios claves ¿señalar al Congreso como el enemigo que no otorga gobernabilidad y busca el caos?  ¿Y así las fuerzas del cielo y sus aliados quedarían del lado de la democracia y el resto, los partidos tradicionales como el peronismo y la Unión Cívica Radical como miserables que esmerilan a un gobierno elegido con el cincuenta y seis por ciento de los votos? Un hombre cercano política y geográficamente al presidente Milei sonríe ante esa posibilidad y casi a modo de respuesta extrae del párrafo de papeles impresos en casi una resma, unos pocos. “Con esto, estamos”.

 

Milei descoloca. Negocia con los gobernadores de Juntos por el cambio y cede en cuatro de los cinco puntos que se plantean. Excepto las retenciones. Cuatro de cinco no parecería exactamente intransigencia. Pero después manda una severa advertencia a través de un tweet del hombre que maneja las cuentas del país y necesita retenciones para cerrar el acuerdo con el FMI: “ Hoy mantuve reunión con el secretario de Hacienda y la subsecretaria de Provincias para delinear todas las partidas provinciales que se recortarán inmediatamente si alguno de los artículos económicos es rechazado .No es una amenaza, es la confirmación que vamos a cumplir con el mandato que nos han dado la mayoría de los argentinos de equilibrar las cuentas fiscales para terminar con décadas de inflación y flagelo económico”, escribió el ministro de Economía, Luis Caputo, desatado. ¿Quién aclara que no se trata de una amenaza si no está amenazando?

Con dictamen favorable para tratar la ley ómnibus, el gobierno concentra su agenda en juntar las voluntades para aprobarla con la menor cantidad de disidencias posibles. Las veinticuatro horas del día no parecen alcanzarle al ministro del Interior Guillermo Francos para conseguir los votos que necesita para arrancar con el plan libertario centrado en la ley Bases.  Francos es el hombre al que Milei puso a dar la cara frente a legisladores y gobernadores. Con algunas victorias que ya se adjudica el ex socio político de Domingo Cavallo. El gobernador tucumano Osvaldo Jaldo decidió acompañar las reformas del gobierno generando la primera de lo que pueden ser muchas otras rupturas ya que los legisladores que responden al ex gobernador Juan Manzur se oponen sin miramientos: los legisladores que responden al gobernador Jaldo se separaron de la coalición peronista para formar un bloque aparte con el rótulo "Independencia". Independencia para aliarse con el gobierno y darle el aval que necesita sugieren algunos en una interna tucumana que arde y de la cual Francos saca partido. Ya tiene otra provincia del sur en la mira.

Mientras se vive una saga de una intensidad pocas veces vista para un enero que tiene a la mayoría de los jueces sentados en sus despachos, a un procurador del tesoro como Rodolfo Barra a cuatro teléfonos intentando despejar en la justicia las cautelares que frenan el decreto de necesidad y urgencia del gobierno y a una Corte Suprema que se dirime entre las ganas de que este entuerto se resuelva en el Congreso o intervenir erigiéndose como el actor más importante de la política nacional otorgándole o no la herramienta que LLA necesita como el agua para poder gobernar.

 

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