21 de octubre 2025 - 16:45hs

Quien encabeza ese reclamo contra Macri es el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, que decidió no ir en un acuerdo con LLA y conformó Provincias Unidas con sus pares de Santa Fe, Maximiliano Pullaro; de Córdoba, Martín Llaryora; de Santa Cruz, Claudio Vidal; de Jujuy, Carlos Sadir; y de Corrientes, Gustavo Valdés. “Hay dirigentes que por ser parientes de Mauricio Macri o por haber cebado mate históricamente a algún referente, hablan en nombre de un partido, no tienen un concejal, no tienen un voto. Y eso sí, la verdad que esos dirigentes no representan a nadie”, aseguró el mandatario provincial del macrismo en declaraciones a radio La Red.

Los cuestionamientos que enfrenta Mauricio Macri dentro del PRO

Torres, con sus palabras, expresó el descontento que existe dentro del PRO con algunos dirigentes del riñón de Mauricio Macri, como es el caso del candidato a diputado nacional por la Ciudad, Fernando De Andreis. El ex presidente salió en defensa del aspirante en redes sociales en donde llamó a votar por la "lista 501" sin hacer casi mención a LLA y directamente ninguna a los integrantes de la nómina.

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"Mi voto es para Fernando De Andreis, será un gran diputado del PRO. Conozco a Fernando desde que era chico. Nació a la política conmigo, aun antes de fundar el PRO. Muy joven fue legislador y después me acompañó como secretario general de la Presidencia. Está preparado, es idóneo y leal. Va a pelear por las reformas de fondo que tiene que hacer la Argentina. Será un gran diputado. El domingo 26 le doy mi voto a Fernando de Andreis. Lista 501 / LLA+PRO", escribió el ex presidente en sus redes sociales.

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El PRO quiere más garantías antes de seguir en relación con La Libertad Avanza

Ese malestar atraviesa a todo el mapa amarillo. No hay reproches explícitos a los referentes que sellaron entendimientos electorales con LLA; entre otros Diego Santilli, Rogelio Frigerio, Guillermo Montenegro, pero sí un pedido concreto: marcar diferencias. La base militante y buena parte de los intendentes que administran realidades complejas reclaman “identidad” y “voz propia”. No se trata de dinamitar puentes con Milei; se trata de evitar la licuación del PRO en un esquema donde las decisiones las toman otros y la factura política la paga el macrismo.

Macri, que insiste en que el PRO no nació para ser furgón de cola, quedó atrapado entre dos velocidades. La primera, la de los que creen que el entendimiento con la Casa Rosada le da al partido un lugar en la discusión nacional y que romper ahora sería suicida. La segunda, la de los gobernadores y jefes territoriales que ven cómo la agenda libertaria no siempre contempla sus urgencias y que, cuando lo hace, prescinde de la intermediación del PRO. De ahí la presión para que, en el Congreso, en la comunicación y en la calle, el partido trace líneas nítidas: acompañar lo razonable, discutir lo improvisado, defender los intereses de sus votantes y de sus distritos.

Mauricio Macri reunió a sus candidatos del PRO para las nacionales de octubre
Mauricio Macri enfrenta cuestionamientos dentro del PRO por el acuerdo con La Libertad Avanza.

Mauricio Macri enfrenta cuestionamientos dentro del PRO por el acuerdo con La Libertad Avanza.

Los gobernadores buscan marcarle la cancha a Mauricio Macri

En paralelo, la construcción de Provincias Unidas encendió otra alarma. La liga de gobernadores que lidera Torres funciona como contrapeso real a la mesa política que orbitaba alrededor de Macri. Allí conviven halcones y palomas, radicales y peronistas provinciales, que ya aprendieron a negociar de manera directa con la Jefatura de Gabinete y el Ministerio del Interior. La traducción política es obvia: si el Gobierno nacional administra la relación con los territorios sin pedir permiso al PRO, el valor de cambio de Macri cae.

Y ahí aparece el punto que Macri conoce de memoria pero que hoy lo incomoda: LLA no le va a dar lugar al expresidente en la “nueva gobernabilidad”. En Balcarce 50 y Olivos el reparto de sillas, la priorización de agendas y la definición de la hoja de ruta se resuelven en un perímetro chico donde el PRO no tiene llave ni asiento. Ni siquiera como socio preferencial. El vínculo es utilitario: se buscan votos en el Congreso, avales puntuales y fotos cuando conviene; no se comparte el timón.

Ignacio Torres y Demian Reidel
Mauricio Macri enfrenta cuestionamientos dentro del PRO por el acuerdo con La Libertad Avanza.

Mauricio Macri enfrenta cuestionamientos dentro del PRO por el acuerdo con La Libertad Avanza.

Javier Milei le cierra la puerta a Mauricio Macri dentro de La Libertad Avanza

La señal fue consistente en los últimos meses: cuando el oficialismo necesitó blindar iniciativas o desactivar incendios, habló directo con gobernadores y bloques dialoguistas. Cuando hizo concesiones, las negoció de manera quirúrgica y por fuera del organigrama partidario. El mensaje de fondo es que la gobernabilidad versión LLA es “a la carta”: caso por caso, sin intermediaciones orgánicas, con un método que deja afuera a Macri de cualquier cogestión estructural. Para el PRO, eso significa una paradoja: co-gobernar sin gobierno, apoyar sin condicionar, pagar costos sin usufructuar beneficios.

En el macrismo lo leen como una decisión ideológica y táctica de Milei. Ideológica, porque la narrativa libertaria necesita mostrar autonomía frente a la “casta”, y Macri encarna, para su base, parte de ese sistema. Táctica, porque el Presidente cree que su contrato es directo con la sociedad y, en segundo término, con los gobernadores que administran votos y presupuestos. En ese esquema, el PRO es un instrumento valioso pero prescindible. Si al final del día las leyes salen y la caja fiscal cierra, la foto con Macri es un lujo, no una necesidad.

El dilema que enfrenta Mauricio Macri con el PRO

Macri, mientras tanto, enfrenta su dilema más complejo desde 2019: cómo liderar sin ser parte del centro de mando, cómo construir poder cuando el socio mayoritario no cede la lapicera. Si acepta la difuminación, el PRO corre el riesgo de convertirse en un apéndice sin épica; si sube el tono, puede romper puentes que hoy todavía sirven. La presión de Torres y la gravitación de Provincias Unidas anticipan la respuesta: autonomía con responsabilidad. Diferenciarse para seguir siendo. Eso, o resignarse a mirar la gobernabilidad desde la tribuna.

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