23 de julio 2025 - 17:18hs

En los últimos años, la conversación digital en Argentina cambió de forma alarmante. Según un informe de Ad Hoc, la violencia en las redes sociales no solo se incrementó, sino que se normalizó en el discurso político, empresarial y mediático, convirtiéndose en un fenómeno que afecta tanto la calidad del debate público como la percepción que los ciudadanos tienen de los temas políticos. Entre enero de 2023 y junio de 2025, se duplicó el uso de insultos en las redes, lo que revela una tendencia preocupante en la que las plataformas digitales parecen ser cada vez más un terreno fértil para la agresión y la polarización.

Uno de los mayores responsables de esta dinámica fue el presidente Javier Milei, quien publicó y compartió 1.589 insultos en el último bienio, convirtiéndose en el usuario no troll más agresivo en términos de agresiones verbales. Sin embargo, no solo los libertarios participan de esta guerra de insultos. Los sectores políticos más importantes del país, incluidos los vinculados al PRO (1274) y al peronismo (480), también alimentaron este fenómeno, con figuras destacadas utilizando las redes para atacar a sus opositores.

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Los actores clave en la propagación de la violencia digital

El análisis de la conversación digital argentina revela tres tipos de perfiles que tienen una influencia directa en el clima de agresión en las redes sociales: los trolls, los provocadores y los amplificadores.

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  • Trolls: Estos usuarios son los más intensos en las redes sociales. Su objetivo principal es provocar, agredir y polarizar las discusiones. A menudo actúan bajo identidades falsas o pseudónimos, y sus mensajes están destinados a interpelar de manera agresiva a sus oponentes. A través de sus publicaciones, los trolls pueden desencadenar una cadena de confrontaciones que rápidamente se amplifican.
  • Provocadores: Son personas de alta visibilidad que replican el comportamiento de los trolls, pero con un enfoque más estructurado y en temas específicos. A menudo, los provocadores son figuras públicas conocidas, como políticos, empresarios o periodistas, cuya legitimidad fuera de las redes les permite tener una audiencia que amplifica sus mensajes. Además del caso de Milei, los líderes de otros sectores también recurren a la provocación como una herramienta de estrategia comunicacional.
  • Amplificadores: Estos actores juegan un papel fundamental al viralizar los contenidos generados por trolls y provocadores. Su capacidad de llegar a grandes audiencias amplifica rápidamente la violencia verbal. En este grupo se encuentran los medios de comunicación y periodistas influyentes, cuyas publicaciones tienen un impacto directo en la conversación pública. Sin embargo, el dilema es que al amplificar estos mensajes, los periodistas y medios pueden, en algunos casos, estar contribuyendo inadvertidamente a la escalada de la violencia en línea.
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El rol de los empresarios en la dinámica digital

Aunque la política es la principal arena donde se dan estas confrontaciones, los empresarios también juegan un rol importante en la propagación de la violencia digital. Un ejemplo claro es el caso de Marcos Galperín, el fundador de Mercado Libre, quien fue una de las figuras empresariales más mencionadas en los últimos meses. En sus publicaciones en redes sociales, no solo comparte opiniones políticas, sino que también recurre a la provocación, especialmente hacia sectores ligados al kirchnerismo o al comunismo, utilizando el lenguaje característico de la comunidad liberal y libertaria.

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A través de sus 282 mil menciones en las redes, Galperín logró convertirse en un provocador destacado, no solo por sus opiniones, sino por la forma en que utiliza su influencia para generar confrontaciones. Su actividad en redes fue objeto de análisis, ya que se demostró que sus publicaciones se amplifican principalmente gracias al apoyo de los trolls libertarios, quienes difunden sus mensajes y contribuyen a una mayor polarización.

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¿Cómo se retroalimenta esta dinámica de provocación?

El círculo vicioso de provocadores y amplificadores funciona gracias a la lógica misma de los algoritmos de las redes sociales, que premian la provocación por sobre el contenido razonado. Cada publicación cargada de agresión genera reacciones inmediatas, lo que alimenta la visibilidad de los mensajes, ya sean positivos o negativos. En este contexto, los trolls generan el encuadre inicial, los provocadores lo validan y los amplificadores lo viralizan, transformando las discusiones en confrontaciones que se escapan de cualquier posibilidad de diálogo constructivo.

Esta dinámica fue analizada y evidenciada en varios estudios, que muestran que el 1% de los usuarios más activos en redes sociales genera la mayoría del contenido que se viraliza. Así, un pequeño grupo de personas, incluidos políticos, empresarios y periodistas, determinan la agenda de conversación digital en el país, logrando captar la atención de millones de personas a través de la polarización y la confrontación.

Los efectos en la política y la sociedad

El impacto de esta dinámica en la política argentina es claro: el debate público perdió su capacidad de generar consensos y se transformó en un campo de batalla donde el objetivo principal es ganar visibilidad a cualquier costo. En lugar de buscar soluciones a los problemas sociales, los políticos se ven atrapados en la lógica de la confrontación, una estrategia que parece ser más efectiva para captar la atención de los votantes que el diálogo constructivo.

Como señala el informe, "la política pierde su razón de ser cuando pierde la capacidad de dirigir". Este contexto llevó a que la política en Argentina se sobreadapte a las plataformas digitales, alimentando el tribalismo y el odio en lugar de fomentar la cooperación y el consenso. La crisis de la democracia en las redes sociales está en su punto más alto, y los medios de comunicación juegan un papel crucial en la amplificación de esta crisis.

El análisis de la conversación digital en Argentina revela un panorama preocupante. La violencia verbal, la provocación y la polarización se convirtieron en herramientas estratégicas en la política, los negocios y los medios. El ciclo de agresión iniciado por los trolls, validado por los provocadores y amplificado por los medios de comunicación está dañando la calidad del debate público y erosionando la capacidad de la sociedad para encontrar consensos.

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