31 de agosto 2025 - 9:00hs

Estatuas romanas mutiladas introduciendo el uso del arte como herramienta política en la antigua Roma, la práctica del "damnatio memoriae" permitía al Senado condenar la memoria de un emperador impopular tras su muerte, llevada a la práctica mediante la desfiguración o decapitación de sus estatuas, un acto simbólico para borrar su legado. Tal fue el caso de Nerón, cuyas estatuas fueron cercenadas tras su muerte. No es una novedad, existe una enorme cantidad de estatuas romanas con faltantes; narices rotas, manos mutiladas, pero sobre todo sin cabeza; no se trato de roturas, desgaste o saqueos.

Hoy la cultura de la cancelación es un fenómeno social en el que tanto individuos como grupos son excluidos, boicoteados o criticados públicamente en redes sociales por acciones o declaraciones políticamente incorrectas, inaceptables u hostiles. Desde un funcionario o político hasta un compañero de colegio de tus hijos, esta práctica super amplificada por las redes sociales y los sistemas de mensajería conlleva consecuencias negativas tanto para las personas "canceladas" como para la sociedad en general, sin marco regulatorio ni legislación y peor aún, sin posibilidad de defensa alguna e incurre en probables y posibles injusticias cuando las turbas digitales se movilizan.

La caída del Imperio Romano de Occidente fue un proceso gradual cuyas causas fueron la inestabilidad política, crisis económica, especialmente la inflación, el aumento de los impuestos y la caída del comercio, pero que esencialmente se vincularon con la corrupción y la decadencia moral que impactaron en corrupción administrativa, la pérdida de valores cívicos y la falta de cohesión social contribuyeron al declive definitivo.

La cultura de la cancelación retira el apoyo a figuras públicas, gobiernos, empresas y personas de a pie, en innumerables ocasiones con dudoso sustento real, pero con impacto en RRSS especialmente en X, Instagram o Facebook, generando oleadas de críticas y apoyo, hasta llegar al boicot y la exclusión, acciones como “dejar de seguir”, comprar o contratar a la persona o empresa "cancelada", sufriendo daños a su reputación, pérdida de ingresos, e incluso ser objeto de acoso o amenazas.

A diferencia de los pétreos testimonios romanos surgidos del damnatio memoriae en la actualidad las consecuencias son de naturaleza múltiple, pero con impacto sobre la salud mental, generando estrés, ansiedad, baja autoestima e incluso aislamiento social y un efecto conocido como autocensura, donde las personas evitan expresar opiniones impopulares por miedo a ser canceladas; a nivel empresas; pérdidas económicas y a gobiernos la búsqueda de la desestabilización.

Este formato de cultura no ofrece espacio para el arrepentimiento o el aprendizaje, lo que dificulta la redención de las personas que han cometido errores y peor aún si se trata de víctimas inocentes. Manipular la información mediante algoritmos o deepfakes, polariza a la sociedad, dificulta el diálogo y la comprensión, pero sobre todo instala una falsa calidad de democracia y libertad de expresión.

El linchamiento digital induce al escarnio público y la afectación de la reputación de la persona "cancelada", especialmente cuando existe intencionalidad para provocar exclusión y castigo.

Parecería que estamos en un proceso similar al experimentado por aquel fastuoso "Imperio Romano" que a pesar de que todos los caminos condujeran a Roma, terminó por desaparecer, aún infringiendo las cancelaciones de la época cuyas estribaciones nos alcanzan hasta hoy día.

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