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Una de las caras más conocidas de la televisión uruguaya jamás condujo un programa. Su rol, durante décadas, fue estar ahí. Aplaudir, arengar. A veces ni siquiera eso. A veces era solo mirar, acompañar la escena. Figurar. Luis Alberto Mulnedharer se convirtió en un personaje de la cultura popular uruguaya solo por figurar.

A Mulnedharer le dicen —le decimos— “el Colorado de Omar Gutiérrez”. El conductor maragato fue, por decirle así, su padre mediático. Su presencia casi permanente en la tribuna de su programa histórico en Canal 4, De igual a igual, fue donde se convirtió en parte del paisaje televisivo nacional. Gutiérrez, incluso, lo bajó de la tribuna y le terminó dando participación en algunos segmentos humorísticos del programa.

La conexión con Omar Gutiérrez es ya indeleble, pero el colorado trascendió el vínculo. No por obvia hay que dejar de hacer la comparación: Luis Alberto Mulnedharer es nuestro Forrest Gump. El tipo que se las ingenia para terminar metido en los eventos que marcan la historia. Solo que a diferencia del personaje que interpretó Tom Hanks en el cine, él no es el protagonista. A él hay que buscarlo en la multitud, como a Wally.

Ojo, como Forrest, terminó alguna vez cara a cara con figuras de primera línea. Néstor Remeseiro, periodista de Canal 4 y que fue productor de Omar Gutiérrez en radio y televisión durante 25 años, recuerda que todos los presidentes uruguayos que fueron a De igual a igual (Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle, Jorge Batlle y Tabaré Vázquez), hicieron el mismo pedido: conocerlo y saludarlo.

“Le gusta la cámara, le gusta pertenecer”

En 2012, los creativos publicitarios a cargo de la cuenta de una cierta marca de helados local juntaron la leyenda urbana que decía que según el calendario maya, el 21 de diciembre de ese año se terminaba el mundo, con la idea tiranostembladesca de “Uruguay es el mejor país”, el mito del pequeñito que todo lo puede que venía en alza gracias al Mundial de 2010 y la Copa América de 2011.

En la pieza publicitaria, un grupo de extraterrestres bajaba en la Plaza Independencia para definir si la humanidad merecía seguir viviendo. Entre la multitud, en un momento, aparecía El Colorado, quizás el elemento más realista de esa premisa de ciencia ficción.

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Los marcianos no han venido, que sepamos, pero si algún día pasa, a nadie le podría sorprender que él esté ahí. Como estaba en la Plaza Independencia el día que el Loco Abreu picó el penal para meter a Uruguay en las semifinales de Sudáfrica 2010, o en la Huella de Seregni el día que Raúl Sendic presentó su renuncia a la vicepresidencia en 2017.

Ahí estaba el día que se inauguró la polémica ciclovía de 18 de julio.

En unos premios Graffiti.

En la final del Mundial sub-20 que Uruguay ganó en 2023 en Argentina.

Y justamente, hacia allí extendió sus presencias. En Argentina, donde vive su hija Yamila, apareció en eventos de los últimos años, comprando la camiseta de la selección campeona del mundo en un móvil televisivo, en los festejos por el triunfo electoral de Javier Milei y, después, en marchas en su contra. Siempre entre las multitudes, y siempre cerca de alguna cámara.

El periodista Federico Castillo tiene una máxima: “Si lo estamos viendo, es porque las cosas están pasando”. Confeso obsesivo de este personaje, en 2018 publicó un perfil sobre Mulnedharer en el semanario Búsqueda en el que reconstruyó parte de su historia personal y su vínculo con Omar Gutiérrez.

Para Castillo, El Colorado es una “figura pop”. Es parte del paisaje uruguayo, pero el periodista considera que el suyo es un caso “rarísimo” en el esquema mediático.

“Es difícil de explicarlo como fenómeno, pero es una presencia recurrente en eventos históricos transmitidos por la televisión”, agrega. El Colorado es un personaje de la tele. Sin TV no habría Colorado. “Le gusta la cámara, le gusta pertenecer. Olfatea las muchedumbres”, dice Castillo.

Pero a pesar de zambullirse en su vida, de hablar con figuras de su entorno y con él mismo, hay un misterio que quedó sin resolver. “No pudimos desentrañar cómo hace para estar siempre y por qué lo hace. Ni Omar lo logró”.

Una vida en pantalla

Dicen los que lo conocen que es un hombre de pocas palabras y bajo perfil. Pero siempre dispuesto a aparecer ante una cámara. Era capaz de repasar agendas y cronogramas para saber qué movilizaciones tendrían cobertura mediática. Y en las ediciones de sábado De igual a igual, cuando el programa se convertía en un ciclo itinerante de presentaciones musicales, sabía donde se tenía que poner exactamente para que lo tomaran las tres cámaras que había.

Aunque fue en ese programa que se convirtió en una entidad propia, donde adquirió su identidad popular definitiva, la suya con la cámara es una relación de toda la vida. Pero es difícil precisar donde y cuando empezó.

El Colorado de Omar es parte del paisaje cotidiano, es tan popular y ha estado tan presente en el segundo plano de nuestros televisores que es difícil no pensar que siempre ha estado ahí. Al punto que hasta uno puede imaginar que hay algo sobrenatural en su permanencia. Y algo de mito hay. Los hechos concretos, en la vida de Luis Alberto Mulnedharer (o Muhlethaler, ni siquiera con su propio apellido hay consenso), a veces son difíciles de precisar.

Es complicado, por ejemplo, precisar su edad. Pero tiene 71 años. Eso hace que se le pueda poner un asterisco a la afirmación que en 2023 hizo al diario El País. A ese medio le contó que su madre lo llevaba a Canal 4 a las grabaciones del programa Realice su sueño cuando tenía 6 años. Pero, según los cálculos, tenía esa edad antes que el canal se inaugurara.

Otra versión dice que cuando tenía 17 se apareció por la puerta de ese canal, más o menos con la misma intención: ir a la tribuna de Completísimo, programa que conducía Julio Alonso. Llegó cinco horas antes del inicio del programa.

Llegar temprano fue una costumbre que mantuvo toda la vida. Néstor Remeseiro recuerda que una vez se ganó en una rifa un viaje a Bariloche. El dueño de la agencia de viajes, por alguna razón, no lo quería en la excursión, que salía a las 7 de la mañana, entonces le dijo que partían a las 8. El Colorado llegó tan temprano que le ganó a la trampa.

Sea como sea, parece que Mulnedharer tuvo desde siempre el hobby de estar en tribunas televisivas. Pero hay en su vida un a.O. y un d.O: antes de Omar, y después de Omar.

“Iba a matar el tiempo y se convirtió en parte del programa”

Más datos corroborables del Colorado: su padre, policía, murió asesinado por delincuentes cuando él era niño. Lo crio su madre. Tiene dos hijos que viven en el exterior. Repartió su vida entre Montevideo y Playa Pascual, en el departamento de San José, el nexo que lo une con Omar Gutiérrez.

Mulnedharer contó que se conocieron cuando él trabajaba como guarda en la empresa de transporte Onda y Gutiérrez venía a hacer su programa de radio a Montevideo. Otras versiones dicen que ya se conocían de San José, por donde el futuro “colorado de” se movía por su trabajo como comisionista y gestor.

En tiempos menos digitales que los actuales, Mulnedharer viajaba a Montevideo para hacer trámites y gestiones comerciales para una amplia cartera de clientes y vecinos. En su bolso, tan característico como su nube de pelo naranja, su pelada y su pulgar siempre levantado, traía papeles y dinero.

A veces, mucho dinero. Capaz andaba con US$ 100.000 encima. Pero todos sabían que no iba a tocar ni medio billete. Era tan confiable, que cuando una vez le robaron un monto sustancioso, se asustó tanto de que pensaran que había sido él que se escondió una semana en un monte.

Omar manejaba una camioneta (muy lento, recuerdan los que lo conocieron). En ese vehículo levantaba a mucha gente, pero había una figurita repetida: todos los días subía al Colorado en Playa Pascual, de camino a Canal 4, y a la vuelta lo dejaba en su casa.

Como a mediodía tenía tiempo libre entre sus trámites, Mulnedharer empezó a visitar a Omar en el programa. Su presencia en las tribunas, que al principio se limitaba a las emisiones de los sábados, se fue extendiendo al resto de la semana.

“Iba al canal a matar el tiempo, y se convirtió en parte del programa”, recuerda Clara Gutiérrez, la hija de Omar. “Siempre estaba ahí. Me acuerdo que después de cada programa almorzaba con nosotros en la cantina del canal, era parte del grupo”.

Remeseiro dice que llegó un punto en el que era “como un familiar de Omar”. Y con el tiempo, dejó de figurar. Pasó a estar del otro lado.

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En 1994, la telenovela argentina Más allá del horizonte era la sensación. Protagonizada por el uruguayo Osvaldo Laport en el doble rol del sargento Enrique Muñiz y su hijo, el indio Catriel, la novela saltó de las tardes al horario central, y motivó una parodia en De igual a igual: Más allá del Santa Lucía. La parodia marcó el debut del Colorado como parte del plantel formal del programa, que repetiría en otros sketches.

De todos modos, Mulnedharer nunca fue empleado del canal, ni de Omar, aunque si hacía algunas tareas y mandados para él, que le tenía mucha confianza. “Había un vínculo de cariño, se veían todos los días”, explica Clara Gutiérrez.

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En sus años en De Igual a igual fue cuando se hicieron más patentes sus “habilidades”, que sorprendían a propios y extraños. Se resume todo en dos momentos.

El primero: los sábados, cuando el programa se hacía desde alguna localidad del interior, el equipo, a veces acompañado por algunos de los artistas que se presentarían ese día, solía viajar en un ómnibus contratado. Remeseiro, en su rol de productor del programa, le avisó algunas veces al Colorado que no había lugar disponible y no lo iban a poder llevar con ellos.

Cuando la comitiva llegaba a Salto o a Rivera, los estaba esperando en la plaza, como el perro Droopy. “No sabíamos cómo, pero había llegado antes que nosotros”, cuenta todavía incrédulo el periodista.

El segundo: en un momento, con su hija ya establecida en Buenos Aires, Mulnedharer empezó a viajar con regularidad hacia allí, y a aparecer en programas del canal Telefe. Tiempo después, la boyband argentina Mambrú (surgida del programa Popstars, que salía por el “canal de las tres pelotas”), llegó a De Igual a Igual. Mientras el quinteto se maquillaba para salir al aire, y con el canal enloquecido por la fama de los muchachos, Omar Gutiérrez intentó entrar a saludarlos. El mastodóntico guardia de seguridad que vigilaba la puerta no lo quería dejar pasar.

Hasta que apareció el Colorado. Se saludaron con el guardia como viejos conocidos, y le dijo “este es el conductor”. Enseguida los dos estaban adentro.

Los últimos años

Entre 2009 y 2010 se dio el final gradual de De Igual a Igual. Pero no por eso el Colorado dejó de figurar. Más bien al contrario, su estatus como figura pop se consolidó.

En los sketches del programa de humor de Canal 4 Sé lo que viste, en el fondo, estaba el Colorado.

Embed - Se lo que viste 29 de Agosto de 2015

En una campaña publicitaria del canal porno uruguayo Divas TV, estaba el Colorado. En eventos en los que cobraba por asistir. En el show del Carnaval 2023 de los humoristas maragatos Sociedad Anónima, estaba el Colorado, inscripto como miembro oficial del conjunto, donde aludía a su fama como rey del segundo plano.

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Incluso, en 2019, anunció que sería candidato a alcalde de Ciudad del Plata por el Partido Socialista (su simpatía por el Frente Amplio era compartida con Omar Gutiérrez). Al día siguiente del anuncio, desde el Partido lo desmintieron. Mulnedharer no fue parte de la elección.

Embed - Buen día Uruguay - El colorado se tira para alcalde de Ciudad del Plata

Hay un muñeco al estilo Funko Pop hecho con su imagen, y en 2024 recibió uno de los honores que certifican que uno es una figura célebre y popular en la República Oriental del Uruguay: en la esquina montevideana de Rivera y Soca hay uno de los murales con escaso manejo de la perspectiva del artista José Gallino que lo retrata.

Pero sus últimos años también han estado marcados por un deterioro en su estado de salud y económico, al punto que en las últimas semanas fue noticia porque lo encontraron viviendo en la calle, en la ciudad de Santa Lucía, antes de ser derivado a un residencial, un tipo de institución en las que ha estado periódicamente en el último lustro.

En noviembre de 2020 colapsó en la Plaza Cagancha. Para ese momento, según contó a El País, ya se alimentaba en una olla popular y tenía algunos problemas de salud, como una diabetes que llevó a que le amputaran algunos dedos de uno de sus pies. Pasó meses internado, y luego ocho meses en residenciales, recuperándose.

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El Colorado de Omar estuvo en Buenos Aires

Cuatro años después, tres rapiñeros lo asaltaron en la Unión. Lo molieron a palos para sacarle 200 pesos. En los tiempos de Omar Gutiérrez, su fama era tal que le servía también como carta de inmunidad. Nadie lo tocaba. Ahora eso ya no pasa. Sigue siendo conocido, pero hay generaciones que crecieron sin su presencia constante. Hay algo simbólico en eso de que, ahora que la tele ya no es tan central como antes, su fama ya no sea la misma.

A las lesiones que sufrió en el robo se le sumó un ACV que le dejó la mitad del cuerpo paralizada. Su rehabilitación fue larga, y se hizo todavía más compleja por problemas de salud mental que fueron relatados en detalle por Pamela Alciaturi, responsable de Empatía, uno de los residenciales en los que se alojó en los últimos años, que se vio sobrepasada por la situación de Mulnedharer y terminó recurriendo a los servicios de salud. Allí, siguió un espiral que terminó con su estado actual, doloroso para quienes lo conocen.

Esas personas también señalan que la muerte de Omar, en 2018, fue un punto de quiebre para él, como también el fallecimiento de su madre. Ahora está en un residencial en Canelones, y se han organizado distintas campañas de ayuda.

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Si están esas campañas es porque, a pesar de todo, El Colorado sigue despertando el cariño de una audiencia que durante años lo vio ahí. Figurando. Haciendo lo que más le gustaba, como resume Néstor Remeseiro: “Le gustaba aparecer, que la gente lo saludara. Le gustaba estar”.

Solo con eso, Luis Alberto Mulnedharer se convirtió en uno de los íconos uruguayos vivientes. Y cada vez que pase algo, se junte gente y aparezcan las cámaras, lo seguiremos buscando en la multitud.

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