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Si hay un tema que atraviesa la obra del cineasta brasileño Kleber Mendonça Filho es la memoria. Los recuerdos de sus personajes, los espacios (las casas, las ciudades) que habitan y las memorias que despiertan, la importancia de “tener memoria”. Incluso el valor del cine como elemento para fijar una estampa de una época, un lugar y un pueblo.

Lejos de querer romantizar el pasado, el cine del crítico devenido en director suele usar a la memoria como un espejo para confrontarlo, y también para reflejar el presente de su país donde todavía se mantienen las divisiones históricas que lo han atravesado: de clase, raciales, geográficas.

Todo eso está en su película más reciente, y la de mayor proyección internacional, El agente secreto. Candidata a cuatro premios Oscar (y firme aspirante a llevarse la estatuilla en Mejor película internacional), premiada en el Festival de Cannes de 2025, éxito de taquilla en su país y de buena recepción en distintos rincones del planeta, el quinto largometraje de Mendonça Filho es un trabajo magistral donde un académico y profesor (Wagner Moura) es la presa en una cacería que se desarrolla con el trasfondo de la dictadura militar en 1977.

Embed - EL AGENTE SECRETO | Tráiler oficial | En cines ahora

El personaje de Moura, Armando, llega a la ciudad de Recife —ciudad natal del personaje y también del director, donde transcurren todas sus películas a excepción de Bacurau — en busca de refugio y con la intención de reencontrarse con su hijo, que ha quedado al cuidado de sus abuelos. Las relaciones paterno filiales son uno de los ejes de una historia que oscila del terror a la comedia, de la tensión a la reflexión, de la represión al Carnaval.

Esas corrientes que confluyen en la película tienen que ver con el contexto en el que fue creada, cuenta el director en diálogo con El Observador. Kleber Mendonça Filho atiende desde Nueva York en plena campaña del Oscar y cuenta detalles sobre la creación de esta obra, así como algunos de los temas que aparecen en ella.

Aunque son películas muy diferentes, siento que hay una relación entre tu largometraje anterior, el documental sobre Recife y sus cines Retratos fantasmas, y El agente secreto. ¿Son de alguna forma madre e hija?

Sin dudas. El agente secreto no existiría sin Retratos fantasmas. Pasé siete años trabajando en esa película, y encontré mucho archivo genial, cosas que me hicieron entenderme mejor a mí mismo, entender mejor a la ciudad de Recife, entender mejor al cine. Y a veces es muy importante que estés de humor para hacer una película nueva. A veces tenés una buena idea, sabés que es una buena idea, pero no estás en sintonía para trabajarla y desarrollarla. Retratos fantasmas me puso en el humor correcto y estoy muy orgulloso de esa peliculita. Me encanta la idea de que ahora la gente vea El agente secreto y a través de ella descubran Retratos fantasmas. Son una buena pareja como para un doble programa.

Embed - Trailer de Retratos fantasma subtitulado en español (HD)

El agente secreto es, entre otras cosas, una historia de padres e hijos. Está el vínculo del protagonista, Armando, con su hijo Fernando, el de los sicarios Augusto y Bobbi, que son padrastro e hijastro; el de Fernando con su abuelo Alexandre, el de Alexandre con su yerno Armando, y más. Y además, está el tema de la herencia y el país que se le deja a los hijos. Cómo padre de dos hijos, ¿hiciste la película atravesado por esa idea?

Creo que sí, mucho. Soy padre de dos gemelos varones, e inevitablemente, pensé mucho durante el proceso de la película en ellos y en mi padre. Creo que la película está atravesada por el pasado y cómo vamos a ser recordados y percibidos, que es algo que en algún momento de la vida todos los humanos nos lo preguntamos. El paso del tiempo, el trauma generacional, el transmitir el amor, y el borrado completo del pasado y la amnesia colectiva que puede aparecer por cómo funciona la sociedad con respecto a su pasado.

Mi país, Brasil, tiene un problema de memoria. Espero que estemos avanzando hacia un nuevo movimiento, hacia una nueva época en términos de cómo miramos a la memoria. En parte por la tecnología, que es algo muy complicado; si bien ahora tenemos mucha tecnología que nos ayuda a conocer el pasado, también tenemos una nueva tecnología, que es la inteligencia artificial, que con mucha facilidad puede cambiar el pasado, editarlo. Es un tema infinito, provocativo y fascinante para trabajar en el cine. Por supuesto que no soy el ni el primero ni el único cineasta en trabajar sobre la memoria en el cine. Hay una gran cantidad de películas y de cineastas que lo han hecho, pero es un tema que encuentro increíble y fascinante de tratar.

¿En ese proceso de meterse con la memoria tuvo algo que ver lo que pasó en Brasil durante el gobierno de Jair Bolsonaro, donde se reivindicó la dictadura militar que gobernó el país entre 1964 y 1985, de una intención tuya de confrontar ese pasado y mostrar lo que pasaba en ese momento?

Lo fue, pero no fue algo de lo que me di cuenta hasta que estaba escribiendo el guion, porque estábamos metidos en ese gobierno, que fue espantoso, terrible. Bolsonaro, que ahora está preso, y su gente, querían rescatar “los buenos tiempos” del régimen militar, que es algo absurdo, delirante y loco. Pero siempre habrá gente que sienta nostalgia por épocas oscuras, por la razón que sea, porque para esa gente fue una buena época. Así como tenés gente en la vieja Unión Soviética que extraña los tiempos del estalinismo, gente muy vieja que vive en esos países y te dice “uh, esa fue la buena época”. Y en Brasil hay mucha gente que quiere que vuelva la dictadura, que es algo de lo que no sabría ni que decirte. Pero lo vimos durante los años de Bolsonaro y fue una desgracia.

Making of The secret agent (c) Victor Juca

Cuando en 2016 estrenaste tu película Aquarius en el Festival de Cannes, con el equipo de la película realizaron una protesta contra el impeachment de la expresidenta de Brasil Dilma Rousseff. En ese momento se manejó que esa fue la causa por la que el gobierno de Michel Temer no eligió a Aquarius como candidata por Brasil a los Oscar y ocasionó críticas y polémica en el mundo del cine brasileño. ¿Lo que está pasando ahora con El agente secreto (los premios, los reconocimientos, la recepción del público, las nominaciones al Oscar), lo sentís como una especie de victoria personal luego de aquel episodio?

Yo solo seguí trabajando a pesar de todo lo que pasó. En aquel momento, después de lo de Cannes y lo de Aquarius, básicamente los mandé a todos a la mierda, seguí trabajando e hice Bacurau, una película en la que redoblé todo lo que fuera que estuviera haciendo. Y después hice Retratos fantasmas cuando Bolsonaro cortó todos los financiamientos públicos para las artes en Brasil. Así que Retratos fantasmas es una película muy chica. Y después empecé a trabajar en El agente secreto. Cuando Lula volvió a la presidencia, reinstauró el Ministerio de Cultura y trajo de nuevo al país una sensación de democracia, ahí fue que todo sucedió con El agente secreto. Así que mi respuesta a todo fue seguir trabajando.

El agente secreto transcurre en un ambiente de tensión permanente, hay una oscuridad latente y una paranoia que atraviesa a su protagonista por lo que le está sucediendo. Al mismo tiempo, con el trasfondo de la dictadura esa oscuridad está como un telón de fondo constante. Sin embargo, a pesar de todo hay una lucha por mantener la humanidad, la ternura y el amor por los otros. ¿Eso fue algo consciente o también lo descubriste en retrospectiva?

Eso fue consciente, porque era una sensación que tenía mientras empezaba a escribir el guion. Todavía estábamos en esos años complicados. Y había algo que hicimos con mis amigos, mi esposa (la productora de sus películas, la francesa Emilie Lesclaux). Mantuvimos a nuestro grupo de amigos unidos, nos acompañamos mutuamente. Nos agarramos de la mano. Y fue lo mejor que nos pudo pasar, porque fue todo muy natural. Y veías las noticias, y con todo lo que estaba pasando mucha gente en ese período empezó sufrir problemas de salud mental, depresión. Gente de todo tipo, pero mucha vinculada a las artes, nuestros amigos gay, todos estaban cansados de esta atmósfera horrible y de la falta de respeto total a las mujeres, la misoginia. Pero lo aguantamos acompañándonos mutuamente y eso es algo que se terminó convirtiendo en una parte muy importante de la película.

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Al mismo tiempo, y sin ser una película de género, El agente secreto se siente como una película de terror. Incluso el cine de terror está presente en el universo de la película.

No fue algo que haya planeado. Siempre depende del autor, y se puede contar una historia que sea 100% buena y amable, pero creo que siempre que contás una historia, y si es una buena historia, en algún momento se va a poner un poco oscura. Hay un gran ejemplo del cine estadounidense: ¡Qué bello es vivir! Es una película preciosa, y es una película reconfortante, pero en algunos momentos se pone oscura. Hay algunos desarrollos en la trama que son muy sombríos. Es una película sobre la depresión y el suicidio, y sobre cómo la pequeña ciudad en la que se ambienta se convierte en un lugar más oscuro con la ausencia del personaje de James Stewart. Creo que mis películas, sin ser películas de terror, en algunos momentos se pueden poner muy turbias. Y estoy muy orgulloso de esos momentos de oscuridad, como también lo estoy de los momentos de amor y afecto que hay en El agente secreto.

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