El faro del Palacio Salvo destacado en la Bienal de Venecia

La obra recibió una mención en el premio Young Architects in Latin America y hasta noviembre puede verse una exposición en la ciudad italiana

Gabriela Viera
Especial para El Observador

En diciembre del 2017 el arquitecto Federico Lagomarsino se postuló al premio Young Architects in Latin America con el faro que realizó para el Palacio Salvo y que hace un año ilumina la cúpula del edificio. Su proyecto fue seleccionado entre 201 participantes en América Latina y recibió una mención honorífica, en el marco de la Biennale di Venezia. Para Lagomarsino esta distinción es muy relevante, ya que la obra generó varios debates en la opinión pública.

"Que el trabajo sea reconocido en Italia, país de origen del arquitecto Mario Palanti, creador del Palacio Salvo, le da cierta coherencia al conjunto y me gusta pensar que ayuda a consolidar la obra; es, sin dudas, un gran premio para toda la ciudad", dijo Lagomarsino.

La Biennale di Venezia de arquitectura es el acontecimiento internacional de mayor prestigio y reconocimiento en torno al estado contemporáneo de la disciplina y su investigación. Básicamente se organiza en tres espacios: el edificio del Arsenale, El Giardini (donde se encuentra el pabellón de Uruguay con la exposición Prison to prison) y lo que le llaman ''Ciudad'', que son varios edificios distribuidos por la ciudad.

El faro que realizó Lagomarsino junto a otros profesionales para el Salvo, así como todas las obras seleccionadas para el Young Architects in Latin America, están expuestas en la Ca'asi, una de las casas ''Ciudad'' de la Biennale hasta finales de noviembre.

"Desde principios del siglo XX, América Latina sacrificó parte de su patrimonio histórico y natural, creyendo que así se privilegiaría el progreso; una desmesura que conllevó a un desarrollo descontrolado de las grandes metrópolis. Luego de aquel acto criminal, la reacción opuesta y natural fue concebir la valorización de obras heredadas del pasado teniendo únicamente como objetivo su restauración, evitando toda posibilidad de transformación. Sin embargo, el concepto de preservación del patrimonio evolucionó, ampliándose su campo a bienes intangibles: la cultura, la memoria, la historia y mantener un vínculo social, entre otras consideraciones. Provocar el paradigma de conservar orientando las intervenciones a revalorizar, otorgando nueva vida y sentido. La obra detenida en el tiempo se completa emitiendo mensajes hacia el futuro sobre utopías, memorias o nuevos usos y así vuelve a ser contemporánea. Este fue el mensaje que provocó nuestro faro", dijo Lagomarsino sobre la obra.

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El arquitecto inciió el proyecto en 2016 junto con Ignacio Silva
El arquitecto inciió el proyecto en 2016 junto con Ignacio Silva

El comienzo de la aventura

La aventura que llevó a hacer realidad la colocación de un faro al Salvo comenzó bastante antes de su final ejecución. En 2015, Lagomarsino realizó un proyecto en Ciudad Vieja en el que le colocó una nueva cúpula a un edificio que la había perdido por falta de mantenimiento. Fue el edificio Trambauer, en la calle Buenos Aires y Misiones. En ese momento el proyecto lo llevó adelante en forma de taller en Facultad de Arquitectura. Con este antecedente siguió trabajando el tema y en el 2016 se unió a Ignacio "el Ogro" Silva, un gran amigo y luego socio del proyecto del Salvo.

"Primero evaluamos las posibilidades técnicas de pensar algo para el Palacio Salvo y su cúpula inexistente. Realicé el diseño y concepto del nuevo faro y lo primero que hice fue presentar la idea al alcalde Carlos Varela, quien nos puso en contacto con quien era presidente del Salvo en ese momento, Aníbal Andrade, que recibió con brazos abiertos la propuesta y fue un impulsor del proyecto dentro del edificio", contó.

Inicialmente comenzaron con algunos bocetos a modo de ensayos conceptuales, pruebas muy esquemáticas y libres de aproximaciones al diseño final. Realizaron más de 500 dibujos que se descartaron. En ese proceso fueron observando cómo sería el contraste de lo nuevo con lo existente, la proporción o la falta de ella, la construcción de ícono y las posibilidades técnicas para llevarlo adelante.
Lagomarsino explicó que, hace un par de años, empezó a trabajar en acciones en el espacio público, para llevar la arquitectura y el arte a la ciudad, "recuperar el rol político que tenemos los arquitectos y artistas y demostrar que con una acción de mínima escala, en un punto estratégico, podemos accionar a gran escala, construir imaginario y provocar más allá de las necesidades inmediatas", señaló.

"El rol simbólico que producen los elementos de las ciudades cubre a todos los demás aspectos de la sociedad, fácil de estar invisibilizado pero que sustenta el imaginario colectivo que finalmente es el terreno sobre el cual las personas tomamos nuestras decisiones. En ese sentido la obra busca aportar a esta sensación de ciudad, y mantener al inconsciente tranquilo porque nuestro skyline está completo", añadió.

También investigaron sobre la cúpula original. Con Silva y Luis Blau –otro colaborador del equipo– viajaron a Buenos Aires a ver cómo había sido la restauración del faro del edificio Barolo. "Procuramos rastrear el faro en Montevideo pero no tuvimos éxito", contó.

El equipo de la luz

¿Es una obra de arquitectura? ¿Una escultura lumínica? ¿Una intervención urbana o una propuesta tecnológica? Son algunas de las preguntas que nacen alrededor del proyecto. "Esto también es parte de lo que me interesa trabajar y a nivel personal tengo curiosidad por seguir explorando los resultados. Más que una intención específica, trabajo sobre las oportunidades que logro detectar, buscando espacios y procurando cierta permeabilidad al contexto que comunica la ciudad", expresó.

En el proyecto también trabajaron otros artistas y profesionales. Bruno Aguirre, que es el socio tecnológico encargado del desarrollo de la línea digital del proyecto que, actualmente, está en proceso. Además integraron el equipo los ingenieros Sebastián Dieste y Martín Reina, que se encargaron del asesoramiento estructural; el ingeniero Ricardo Hofstadter se encargó de asesorar en iluminación.
En la construcción del faro del Salvo el trabajo de producción ejecutiva fue fundamental a fin de conseguir fondos para llevar adelante la obra, de lo contrario el desarrollo de la obra hubiese sido imposible.


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