En la Colonia Etchepare hay personas internadas que no son psiquiátricas

Su estado es cuestionado por la Justicia y cada vez son más los pacientes que ingresan en esos centros por resolución de los jueces

Cuando a fines de febrero, 10 internos de la sala 11 del hospital Vilardebó fugaron, el término “paciente judicial” se mencionó reiteradamente y con él un asunto que suele estar en el olvido hasta que algo pasa, en general algo malo, y todos se vuelven a acordar del estado en que están los psiquiátricos. Los funcionarios reclamaron que más del 70% de los pacientes internados en ese hospital eran derivados por la Justicia y eso alteraba el orden del centro, por tratarse de personas que en muchos casos son imputables pero ante intentos de suicidio o depresiones severas son internados por orden del juez.

Un mes después otro episodio puso en la mira a los centros de salud mental públicos: un paciente de 70 años de la colonia Bernardo Etchepare murió por las mordidas provocadas por una jauría de perros. En ambos casos está presente la judicialización de la salud mental y el estado de los lugares en que se interna a esos pacientes. Los pacientes judiciales “conviven con los que tienen problemas psiquiátricos. Estamos en la misma condición que el Vilardebó. Ellos están pasados de pacientes, no admiten más y nosotros estamos igual”, dijo a El Observador Mary Gesto, del gremio de funcionarios de la colonia Etchepare.

Mientras que el Vilardebó es el hospital psiquiátrico de referencia para pacientes agudos, la colonia Etchepare y la Santín Carlos Rossi fueron concebidas como centros para pacientes con enfermedades psiquiátricas crónicas, como esquizofrenia o retraso mental.

Sin embargo, desde hace dos años, quienes ingresan a las colonias por orden judicial son personas con problemas de conducta, sociales o  adicciones a drogas.

La ley que establece que un juez puede decidir que una persona sea internada en un centro psiquiátrico es de 1936 y prevé que la decisión de darles el alta también provenga del ámbito judicial (ver legislación). “Eso hace que se altere el funcionamiento. Hay una preocupación de los médicos de la colonia por esta situación. “Ingresan por orden judicial pacientes que no deberían entrar”, dijo Cecilia Idiarte, presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Uruguay.

El pabellón 24 de la Etchepare es el destinado a los pacientes con cierta peligrosidad. Pero las medidas de protección que posee no son suficientes para mantener el orden y la serenidad de los internos.

La alternativa que plantean desde la sociedad de Psiquiatría, y que los funcionarios reclaman, es un hospital penitenciario, que evite que un recluso que se descompensa deba ser enviado al Vilardebó o a las colonias. De hecho, el director de salud mental de ASSE, Horacio Porciúncula, dijo a El Observador meses atrás, que existe un proyecto que va en esa línea. Pero los funcionarios continúan reclamando que  ese plan no llega a materializarse.

Abandonados

Los funcionarios de las colonias están acostumbrados a que los pacientes les digan “mamá”, “papá”, “tío” o “tía”. En la mayoría de los pacientes están institucionalizados y no tienen familia. Por ese motivo, su vida es la colonia.”Muchos se ennovian. A veces pasa que uno tiene a su novia internada en la Santín Rossi y está internado en la Etchepare y cruza a visitarla”, contó Gesto.

De todos modos,  los especialistas consideran que eso  no debería suceder. “No podemos dar más espacios a la ideología de concentración de enfermos porque no vienen enfermos puros”, dijo el director de las colonias, Osvaldo Do Campo en una entrevista publicada por ASSE meses atrás. “El asilo no debe ser una opción de vida”, agregó.

 En una línea similar, la psquiatra Idiarte sostuvo que existe una tendencia a que las colonias desaparezcan. “Podemos animarnos a empezar a pensar en estructuras diferentes. La idea es que los pacientes psiquiátricos no estén en una colonia cerrada sino que puedan insertarse en la sociedad, en la medida de lo posible”, señaló (ver apunte). Para Idiarte, el hecho de que las colonias se ubiquen en el departamento de San José genera un mensaje ingrato: “Que los locos estén lejos de la capital”. El cartel que anuncia a los visitantes que están frente a la colonia de “alienados” Bernardo Etchepare parece confirmar esa teoría.

Más aún lo confirmó la jueza Viviana Granese cuando decidió recorrer ambos centros un día después de que el paciente mordido por perros falleciera.

En su resolución destaca las condiciones “contrarias a los derechos humanos” en las que encuentran algunos pabellones, como el 29 y 30, donde hay 30 pacientes en cada uno. Aunque hay pabellones que han sido remodelados, aún quedan de los sucios, fríos y húmedos. Una escuela para pacientes en el medio de todas las salas inaugurada hace más de un año está nueva y reluciente. Pero los internos que toman clases diariamente no se los atiende ahí, sino en un salón olvidado, como muchos de los pacientes.

Una alternativa a las colonias psiquiátricas son las casas de medio camino. Estos centros son hogares de residencia para pacientes con trastornos mentales, muchos de ellos que recibieron el alta del Vilardebó. En Uruguay funcionan dos bajo la órbita del Ministerio de Desarrollo Social, en convenio con el Ministerio de Salud Pública a través de la Administración de los Servicios de Salud del Estado. El principal objetivo es que los pacientes puedan reinsertarse progresivamente en la sociedad en espacios contenidos, con asistencia más personalizada que en un hospital o colonia. La primera comenzó a funcionar en 2008.


Fuente: Natalia Gold @natigold13

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