12 de mayo 2024 - 18:44hs

No hay país sin grietas. Pero esta Cataluña electoral le tocó a España revivir una vieja herida. El acuerdo del socialista Pedro Sánchez para armar el rompecabezas de la coalición que lo mantuviera en el poder llevó a un controvertido pacto con el separatismo catalán. Y anexadas, una serie de concesiones impensables hasta hace muy poco, como la amnistía, celebrada por algunos y repudiada por tantos.

En las elecciones del domingo, todo volvió a estar a flor de piel, atravesado además por una economía que desde aquel 1-O de 2017 -la declaración unilateral de independencia- es una sombra de lo que era.

En ese sentido, la comparación con Madrid aparece una y otra vez. Pronto resulta evidente por qué. Pese a que la primera tiene menos habitantes (6,8 millones en Madrid vs 8 millones en Cataluña), el aporte de cada comunidad al PBI nacional fue muy similar durante los años 80 y 90. Cataluña es la segunda región del país en términos demográficos después de Andalucía.

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Durante muchos años, la contribución económica de Cataluña al Estado nacional fue incluso mayor. Si tomamos el máximo, en 1997, por ejemplo, alcanzó casi 20% del PBI español, contra el 17% de Madrid.

Pero la contribución al PBI nacional de Madrid creció sostenidamente hasta el 20% actual, aporta uno de cada cinco euros, mientras que Cataluña quedó congelada en 19% del PBI de España.

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En cuanto al PIB per cápita, la brecha era muy pequeña en esas dos décadas, ya que la renta de los madrileños solamente superaba a la de los catalanes en unos 1.000 euros. Sin embargo, para 2022 la diferencia ya llegaba a 5.885 euros.

Aún así, los habitantes de Cataluña están entre los que mejor nivel de vida tienen en España, ya que ocupan el 4º puesto en el ranking y el indicador es un 15,6% superior a la media.

Desde 2017 hasta 2023, el PIB de la Comunidad de Madrid aumentó un 11%, frente al repunte del 7,2% observado en Cataluña, por debajo de la media nacional del 7,8%.

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Inversiones que se fueron para no volver

La entrada de capitales es un buen indicador del deterioro de estos años. En 2023, Cataluña solo recibió el 16,4% de la inversión extranjera que llegó a España, frente al 54,3% que captó Madrid.

Un año antes del 1-O, Cataluña captó algo más de 8.305 millones de euros de inversión extranjera, cuando en 2023 los flujos fueron de 4.644 millones. Se trató, en realidad, de un buen año, porque del 2011 a esta parte, sólo una vez superaron la barrera de los 4.000 millones.

Estrechamente vinculado, está el impresionante éxodo de empresas que vivió Cataluña. Los datos del Registro Mercantil muestran que más de 8.700 empresas cambiaron su sede social a otras comunidades autónomas.

Una retirada que se reactivó en el último tiempo, aunque en otra escala, a partir del pacto de Sánchez con los separatistas. Ya en 2023 Cataluña fue la región que tuvo un mayor índice de “exilio corporativo” de toda España.

Y no es que no se radiquen empresas sino que son más las que deciden partir. Ese año, por ejemplo, perdió 160 compañías: 696 se instalaron en la región pero 856 se mudaron a otras comunidades autónomas.

El inicio de 2024 fue más complicado. Desde el primer trimestre del 2019 que no se relocalizaban tantas empresas. Fueron 259 salidas y sólo 175 entradas, con un saldo negativo de 84 compañías en sólo tres meses. De las 259 que decidieron buscar entornos más amigables, 155 se instalaron en Madrid.

Tributos propios, la especialidad de la casa

La cuestión política y la reinvindicación del separatismo es el motivo de fondo, aunque por supuesto hay políticas que no ayudan. Cataluña tiene, según los nuevos Presupuestos, un total de 14 tributos propios o autonómicos, el triple que la media.

Por otro lado, en el IRPF sus tramos autonómicos se mueven entre el 12% y el 25,5%, de modo que tanto las rentas bajas como las altas pagan muchos más impuestos que en Madrid (9%-21%) o Andalucía (9,75%-23,3%). De hecho, la presión fiscal normativa en Cataluña supera la media autonómica en un 24%.

El independentismo catalán argumenta que transfiere un gran volumen de recursos para asistir a otras comunidades (Fondo de Garantía del sistema de financiación autonómica).

Sin embargo, la Comunidad de Madrid aporta 5.357 millones de euros anuales frente a los 1.479 millones que inyecta Cataluña. Baleares es la otra región que añade una pequeña suma, pero se trata de las únicas tres que contribuyen.

Perfil productivo: primera exportadora y receptora de turistas

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Cataluña tiene un tejido productivo muy diversificado, aunque el mayor peso relativo corresponde a la industria manufacturera (16,8% del PIB vs. 12,5% de la media española). En cambio, la agricultura apenas representa el 0,9% vs. 2,6%.

La producción industrial sigue dando muestras de debilidad. En 2023, en línea con la caída de los nuevos pedidos y la atonía de la demanda externa, anotó un descenso del 0,5% (–0,8% en el conjunto del país), situándose aún un 1,7% por debajo del nivel de 2019 (vs. –1,2%).

Un rasgo destacable es su perfil exportador. Con un peso de las exportaciones de bienes sobre el PIB del 37,2% (28,9% de media), es la primera comunidad en volumen de exportaciones: 100.684 millones de euros en 2023, el 26,2% del total.

Los principales sectores exportadores son productos químicos (29,4% del total), sobre todo medicamentos; automotriz (15,9%), y textiles (5,7%).

La región concentra el 46% de las exportaciones españolas de productos químicos, el 42% de la carne y en torno al 30% del sector automotriz, textiles y maquinaria industrial.

Las exportaciones catalanas de mercancías fueron de las que mejor comportamiento tuvieron en 2023, con un crecimiento del 6,1% (–1,4% de media), gracias sobre todo, a la industria automotriz.

Por otro lado, es la primera comunidad en llegadas de turistas internacionales, con 18 millones en 2023 (21% del total).

La recuperación está más avanzada en términos de pernoctaciones: en 2023, superaban en un 2,1% los registros de 2019, mientras que en enero de este año superan en un 6,1% el dato de enero de 2019 (7,3% en el conjunto del país).

Por su parte, las llegadas de turistas extranjeros, que aún estaban en 2023 un 6,2% por debajo de los niveles de la pandemia, mejoraron en el arranque de 2024: en enero, superaron en un 5,3% los niveles de 2019 (+13,6% en España).

Impuestos y deuda, el impacto de las concesiones de Sánchez

Cataluña negoció con Sánchez, entre otras cosas, poder recaudar todos sus impuestos (no sólo los autonómicos) al estilo del sistema que rige en el País Vasco.

El Govern pasaría de recaudar el 9% de los impuestos a la totalidad (incluídos el IRPF, el IVA o el de Sociedades), lo que representa unos ingresos aproximados de 52.000 millones de euros anuales, el doble que con el modelo de financiación actual.

Pero el régimen prevé una transferencia al Estado por los servicios que presta en Cataluña (como los de Acción Exterior, Defensa o Justicia) y también un fondo de reequilibrio territorial para garantizar la cobertura de los servicios públicos en las regiones que tienen menos capacidad fiscal.

El otro tema delicado, que estuvo en la mesa de negociaciones, son las cuentas públicas. Tanto en términos de deuda absoluta (84.549 millones de euros) como en lo referido a la deuda per cápita (10.608 euros), la situación de endeudamiento de la autonomía catalana la deja muy cerca de la cornisa.

Los pasivos de la Generalitat se sitúan en el 31,1% del PIB regional, un ratio que solamente es mayor en Comunidad Valenciana (41%) y Castilla-La Mancha (31,5%). En comparación, la deuda autonómica es del 13% en Madrid, del 16,2% en Galicia o del 19,5% en Andalucía.

Si Cataluña pudo mantenerse a flote fue por el silencioso pero constante rescate del Estado vía el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), que no es otra cosa que un mecanismo de financiación pública. El 84% de la deuda catalana es con el FLA. De no haber sido por esa ayuda, el colapso financiero hubiera sido inevitable.

Sánchez les otorgó la condonación del 20% de su deuda para liberarlos un poco de esa asfixia financiera, el equivalente a 15.000 millones de euros, más 1.300 millones de intereses. Un respiro que no resuelve el problema.

Como era previsible, la decisión indignó al resto de las comunidades que exigieron un debate sobre el trato que recibirían y cuál sería el criterio justo a aplicar para que el alivio en materia de deuda sea realmente igualitario.

Con el pacto, crecen las ayudas y el recelo del resto

Pero no es el único motivo de recelo para las demás autonomías. Cataluña se convirtió en 2023 en el mayor beneficiario de fondos europeos Next Generation, por encima de Andalucía y Madrid que ostentaban los dos primeros lugares al final de 2022.

A su vez, es la que más ayuda recibió para gestión propia (casi 20%), del total de 6.000 millones de euros que se repartieron entre las autonomías el año pasado, precisamente cuando el PSOE cerró los pactos con ERC y Junts para asegurar el nuevo mandato de Sánchez.

Como remate, Cataluña fue la comunidad autónoma que más fondos recibió a través de grandes ayudas –más de 100.000 euros– un total de 355 millones y ocupó el segundo lugar, solo por detrás de la Universidad de Valencia, entre los destinatarios de subvenciones.

Y a todo esto qué dicen los catalanes

Una encuesta realizada por Cluster17 en abril de este año para la consultora LLC reveló algunas cuestiones interesantes sobre cómo se sienten los catalanes respecto de estas elecciones que pasaron y los temas centrales que estaban en debate. Curiosamente, política y economía se entrecruzaron hasta confundirse por completo.

Por ejemplo, cuando les preguntaron cuál creían que era la prioridad para la economía, más de 8 de cada 10 catalanes aseguraron que creían necesaria una buena convivencia entre Cataluña y España para que funcionara bien.

Dos temas en los que hubo definición clara. Menos de 4 de cada 10 catalanes piensan que el dinero de los impuestos que pagan al Estado español se vuelca de forma justa sobre Cataluña. Y más de 7 de cada 10 personas están a favor de regular el alquiler de viviendas para hacerlas más asequibles.

Otros problemas los dividen por completo. Un 56% de los catalanes rechaza la opción de promover la llegada de inmigrantes para compensar la reducción de población.

O por ejemplo, el 48% de los catalanes aprueba la decisión de Sánchez de seguir al frente del Gobierno frente al 40% que la desaprueba.

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Quizás lo más interesante sea que 8 de cada 10 catalanes no creen en la existencia de un Estado catalán independiente dentro de 10 años. Aún con los pactos, las promesas, los favores económicos. Se pueden hacer varias lecturas, por supuesto.

Pero quizás palpite en esa convicción una expresión de deseo: que Cataluña logre la estabilidad institucional para vivir mejor, vivir con prosperidad, vivir tranquila.

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