27 de enero 2026 - 9:42hs

La medida, que será aprobada hoy por el Consejo de ministros con el apoyo del grupo parlamentario Podemos, generó una fuerte polémica.

Una transformación de la estructura social de España

España se encuentra ante un nuevo mapa migratorio: una de cada cinco personas es de origen inmigrante. El 20,28% de la población en España es de origen inmigrante, una cifra que marca un punto de inflexión en la estructura social del país.

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Así lo concluye un informe del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), elaborado con datos actualizados a 1 de enero de 2025 a partir del censo anual del INE y los registros del Observatorio Permanente de la Inmigración (OPI). que describe el fenómeno como “una transformación profunda en la estructura social del país”.

Según el documento, la población de origen inmigrado —que incluye tanto a personas nacidas en el extranjero como a población extranjera nacida en España— alcanzó las 9.963.353 personas, “una cifra histórica” que equivale a una de cada cinco personas residentes en el país.

Dónde hay más inmigrantes

En términos territoriales, las Islas Baleares encabezan la proporción de población nacida en el extranjero, con un 28,68%, seguidas de Cataluña (25,10%), Madrid (24,88%) y la Comunidad Valenciana (24,11%).

Marruecos sigue liderando, pero Iberoamérica impulsa los flujos

Marruecos continúa siendo el principal país de origen de la población inmigrante, tanto por nacimiento (1.165.955 personas) como por nacionalidad (968.999), lo que representa el 12,37% de todos los nacidos en el extranjero residentes en España. Sin embargo, el estudio destaca que “el dinamismo actual” de la inmigración lo protagonizan los flujos procedentes de Iberoamérica.

En 2024, los mayores incrementos correspondieron a personas nacidas en Colombia (+121.425) y Venezuela (+92.547), mientras que colectivos históricamente relevantes como el rumano, el británico o el ucraniano registraron retrocesos en el número de residentes.

Crece la inmigración africana

El estudio distingue entre procesos de arraigo y dinámicas de tránsito. En el caso del colectivo senegalés, tras las dificultades de la ruta canaria, se observa un asentamiento efectivo que se reflejó en un aumento del padrón de 13.711 personas en 2024.

En cambio, otros colectivos como el maliense, el guineano o el mauritano permiten pensar que España funciona con frecuencia como país de paso. En el caso de Mali, el número de personas con tarjeta de residencia supera al de empadronadas en 3.294, lo que sugiere desplazamientos posteriores hacia otros países europeos, especialmente Francia, una vez obtenida la documentación. “Entender estas migraciones es comprender que España no es solo un destino, sino un nodo vital en la movilidad humana global”, subraya el informe.

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La vía aérea y el foco mediático en las costas

El informe confirma la hegemonía de la inmigración que llega por vía aérea desde Iberoamérica, con un peso mayor que las llegadas por mar desde África. Este último flujo, aunque muy visible en el debate público y mediático, resulta “estadísticamente menor en el cómputo global de nuevos residentes”, según el análisis del SJM.

La diferencia entre percepción y realidad cuantitativa refuerza, a juicio de los autores, la necesidad de una lectura más amplia del fenómeno migratorio.

La irregularidad administrativa como problema estructural

El SJM identifica una “preocupante bolsa de irregularidad administrativa” al contrastar los datos de empadronamiento del INE con las tarjetas de residencia en vigor. La situación resulta “especialmente alarmante” en el colectivo colombiano, con una diferencia negativa de 410.670 personas, seguido por venezolanos (-165.096) y peruanos (-146.203).

Estas cifras, advierte el informe, reflejan las trabas administrativas para la regularización y el empadronamiento de estos colectivos.

La inmigración como motor del crecimiento demográfico

El informe subraya que la inmigración se consolidó como el factor determinante del crecimiento poblacional. Entre 2021 y 2025, mientras la población total aumentó en 1,7 millones de personas, la de origen inmigrado creció en más de 2,1 millones. Ese incremento compensó una caída de 429.133 personas en la población “autóctona”, definida como españoles nacidos en España.

Este saldo evidencia un cambio de tendencia estructural: sin la aportación migratoria, España habría experimentado un retroceso demográfico en un contexto de envejecimiento sostenido.

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