11 de mayo de 2026 10:46 hs

Hay ciudades que se visitan con los ojos puestos en el mapa, pero a Palencia hay que llegar con la mirada apuntando al cielo. El cerro que la domina suele ofrecer espiritualidad y vistas para el infarto, pero el domingo más cercano al 16 de abril se convierte en una lluvia de alimentos que desafía la gravedad y las convenciones: la “Pedrea de Pan y Quesillo”.

Esta celebración popular forma parte de la Romería de Santo Toribio y se ha transformado en una amalgama de fervor religioso con la explosión de júbilo colectivo que ya lleva casi un siglo.

Como toda gran tradición castellana, esta fiesta hunde sus raíces en el drama y la redención. Cuenta la crónica popular que, en el siglo VI, el santo llegó a estas tierras para combatir la herejía. Los palentinos de entonces, poco amigos de los sermones, lo apedrearon hasta obligarlo a refugiarse en una cueva.

Más noticias
PALENCIA 4

La justicia poética -o divina- llegó en forma de plaga: el río Carrión se desbordó, y los ciudadanos, arrepentidos, subieron al cerro a suplicarle perdón. Toribio los recibió con los brazos abiertos.

Ese episodio se conmemora, hoy en día sustituyendo las piedras por bolsas de pan y queso del Cerrato, una especie de bombardeo de generosidad que convierte el pie del monumental Cristo del Otero en un estadio de “deporte de riesgo” y carcajadas.

Ver “la pedrea” (como la llaman los palentinos) es presenciar una locura colectiva organizada. Miles de bolsas vuelan desde los balcones de la ermita excavada en la roca, mientras abajo se despliega un ingenioso caos: paraguas puestos del revés, bolsas de tela reforzadas y saltos que nada tienen que envidiar a la NBA.

PALENCIA 5

Sin embargo, los veteranos saben que el secreto está en la colocación: ni muy cerca del balcón (donde los paquetes pasan volando por encima) ni demasiado lejos. A pesar del ímpetu por conseguir el trofeo, el pan y el queso son “sagrados”. Rara vez se ve comida en el suelo que no sea recogida de inmediato; es un símbolo de abundancia compartida, no de desperdicio.

Lo que hace única a esta romería es su contraste: comienza con la parte solemne de la procesión y la misa, para estallar después en un reparto masivo donde el Ayuntamiento y la Peña de Santo Toribio vacían sus bolsillos para que nadie se vaya con el estómago vacío.

Palencia no solo vive su fiesta; la reivindica. Actualmente, declarada de Interés Turístico Regional, la ciudad busca con ahínco alcanzar el reconocimiento de Interés Turístico Nacional. Y tiene con qué.

PALENCIA 3

No existe en toda España otra romería donde el acto central sea un “apedreamiento simbólico” con alimentos desde la base de una escultura monumental. Esa mezcla de leyenda del siglo VI y lluvia de comida es una narrativa sin competencia.

La fiesta ocurre en un escenario único: a los pies del Cristo del Otero, obra de escultor Victorio Macho. Con sus cerca de veinte metros de altura, es la segunda imagen de Jesús más grandes de Europa, lo que eleva esta celebración a un evento de relevancia estética y paisajística imbatible.

Una joya que se pasea y se disfruta

El viajero que decide participar de la romería encuentra en Palencia una ciudad cómoda, paseable y llena de rincones que sorprenden al visitante desprevenido, cargada de lugares y monumentos históricos.

La Catedral de San Antolín es uno de los más destacados. Apodada “La Bella Desconocida”, es la tercera más grande de España (130 metros de largo). Su exterior sobrio esconde un interior que es un museo vivo, con obras de El Greco y Juan de Flandes, una cripta visigoda del siglo VII y un archivo que cuenta con los mapas de América más antiguos del mundo.

PALENCIA 1

El Cristo del Otero es otro de los símbolos de la ciudad. Además de las vistas que ofrece de Palencia, cuenta sus pies con el pequeño museo dedicado a Victorio Macho, quien está enterrado allí mismo.

Su calle Mayor posee con casi un kilómetro de soportales lo que la convierte en una de las más largas de España. Allí, relucen los edificios modernistas como el Palacio de la Diputación o el Colegio de Villandrando, con su aire veneciano.

La Iglesia de San Miguel es famosa por su torre calada y por la leyenda que sitúa allí el enlace entre el Cid Campeador y Doña Jimena, mientras que convento de San Pablo es el más antiguo de los dominicos, ya que fue fundado por el propio Santo Domingo en 1219, creador de la orden.

Para los amantes de la naturaleza, el Canal de Castilla y la Huerta de Guadián son espacios perfectos para pasear al atardecer. Allí, se destaca la Ermita de San Juan Bautista, una joya románica traída piedra a piedra desde un pueblo inundado por un embalse.

Más noticias

Te puede interesar

Más noticias de Uruguay

Más noticias de Argentina

Más noticias de Estados Unidos