“Let the oil flow!”, escribió Donald Trump en su red social.
El acuerdo de paz con Irán se firma recién el viernes -una eternidad en el marco de esta guerra- pero el presidente de Estados Unidos, como siempre, ya twittea extático que el petróleo volverá a fluir en el Golfo.
Es que una de las concesiones de Teherán es volver permitir la navegación en el estrecho de Ormuz, que había sido bloqueado por primera vez en la historia.
Una vía marítima esencial para el comercio global en la que hasta el conflicto circulaba libremente una quinta parte del crudo que se consume a nivel mundial pero también de productos como el aluminio y la urea (fertilizante agrícola).
Cerca de los cuatro meses de iniciada la guerra, es inevitable cierto escepticismo. Después de todo, Ormuz ya fue reabierto dos veces antes para volver a cerrarse casi inmediatamente después.
Es la misma cautela que muestran los dueños de los aproximadamente 155 buques que están varados en ambos extremos del estrecho desde que empezaron las hostilidades.
Según Reuters, que habló con las mayores compañías, todas insisten en que no moverán sus barcos hasta conocer los detalles del marco convenido para la reapertura y asegurarse de que esta vez el acuerdo no se cae.
Suponiendo que ése sea el caso, ¿cuánto tiempo puede llevar que el comercio en esa zona crítica del Golfo Pérsico vuelva a la normalidad?
Los precios de las materias primas afectadas dependerán en gran medida de la capacidad de los productores y el resto de la cadena de suministro de volver a ponerse en marcha y de hacerlo en el menor tiempo posible.
"Descongestionar" el estrecho: el temor a las minas marinas
Existen opiniones muy divididas sobre cuánto puede demorar restablecer un nivel de actividad pre-guerra. Hay quienes hablan de semanas y quienes piensan que no será posible lograrlo por completo en varios meses o quizás un año.
La magnitud del descalabro que se produjo en la industria petrolera de la región no puede subestimarse.
Es necesario reactivar unos 10.000 pozos petrolíferos, que bombean aproximadamente el 15% de la producción mundial y que permanecieron cerrados durante cien días, según el experto de Bloomberg, Javier Blas.
Además, ante la imposibilidad de comerciar sus barriles y la capacidad colmada de almacenamiento, varios países redujeron drásticamente la producción. Arabia Saudita, Irak, Irán, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y Bahréin la recortaron en un 45%, según la Agencia Internacional de Energía.
No es fácil volver a hacer negocios como siempre.
Lo primero, de todos modos, sería resolver el “cuello de botella”.
En este punto, los responsables de los barcos van a esperar a tener más claridad sobre la seguridad de transitar antes de comenzar a “descongestionar” la zona.
Una preocupación vital es hasta qué punto el lecho marino aún está sembrado de minas en las principales rutas (una que bordea la costa iraní y la otra, la costa de Omán). Es una tarea que puede llevar semanas, aseguran.
Y para que vuelva a haber un tráfico relevante será necesario que se normalicen las tasas de los seguros, que durante las hostilidades se dispararon a niveles casi inabordables.
La infraestructura no sufrió daños durante el conflicto
Reiniciar la producción es la otra parte del proceso. Pero aún con lo devastador que parece a primera vista el escenario, hay dos factores positivos.
Por un lado, la guerra no provocó daños serios a la infraestructura de la industria como ocurrió en otros conflictos en Medio Oriente.
Cuando Kuwait fue liberado de Saddam Hussein en 1991, sus pozos petrolíferos estaban en llamas. En la huelga petrolera en Venezuela entre 2002 y 2003, los pozos fueron clausurados en cuestión de minutos por empleados descontentos, por lo que resultaron dañados. Además, los yacimientos petrolíferos no se han convertido en campos de batalla como ocurrió durante la guerra civil en Libia de 2011.
Por otro lado, gracias a esto, Arabia Saudita y sus vecinos nunca paralizaron la producción por completo.
Los ingenieros petroleros fueron seleccionando los pozos con mayor probabilidad de presentar problemas al reabrirse de estar fuera de servicio. En otros casos, fueron rotando los cierres para que ninguno estuviera inactivo demasiado tiempo.
Esto facilitará que el sector pueda poner a fluir su petróleo mucho más rápido de lo que algunos analistas esperan, aseguran en Bloomberg.
También hay que recordar que los niveles pre-guerra no eran la capacidad máxima de producción de la región, limitada por las cuotas fijadas por la OPEP+.
La pericia de la industria petrolera del Golfo, tras haber tenido que funcionar en medio de conflictos permanentes, ayudará al restablecimiento del comercio del crudo después de estos meses de pseudo-diplomacia espamódica.
Pero falta firmar el acuerdo, claro. Todo puede pasar todavía.