A medida que el flujo de dividendos de Zara aumenta, el desafío de Amancio Ortega, su fundador, de invertir rápidamente esos miles de millones de euros para evitar el impuesto al patrimonio se agiganta.
Pontegadea, su family office -la entidad financiera encargada llevar a cabo las transacciones- tiene sólo un año para invertir los dividendos y quedar exento del tributo.
Y el accionista más grande Inditex, el dueño de Zara (59%), recibirá por primera vez este año más de 3.000 millones de euros. Un récord en las más de seis décadas que pasaron desde que inició el negocio en Galicia.
A Ortega esto le ocurre por estar en España. El único país de la Unión Europea que tiene un impuesto a la riqueza. Esto es, que grava la totalidad del patrimonio neto del individuo.
En Francia, por ejemplo, hay impuestos a los activos inmobiliarios, en Italia, también a la propiedades y las inversiones extranjeras y en Bélgica, a las inversiones. Pero ninguno a la riqueza total.
Un imperio del real estate lleno de "joyitas" invaluables
Esta vuelta, el hombre más rico de España (u$s 103.700 millones) ya sumó un hotel cinco estrellas en París, un bloque de departamentos en Florida, otro en Fort Lauderdale, oficinas en Dublín y un icónico edificio en la Avenida Diagonal de Barcelona (la propiedad más cara).
Todo en un lapso de unos tres meses, por casi u$s 600 millones. Y busca cerrar la compra del Sabadell Financial Center en Miami, por u$s 275 millones.
Su última operación se cerró apenas el miércoles, con la adquisición del 49% de la empresa portuaria y de logística PD Ports en Reino Unido por un monto que no trascendió. Es la primera inversión de Ortega en el sector, lo que le permite expandir su cartera en infraestructura, ya que no todo es real estate.
También tiene activos en energía como la operadora de redes española Red Eléctrica y telecomunicaciones como el proveedor de conectividad Telxius Telecom.
A través de Pontegadea, Ortega ya posee algunas propiedades emblemáticas como el Haughwout Building de Nueva York, el Southeast Financial Center en Miami y el edificio de The Post en Londres.
Además, controla activos inmobiliarios en ciudades que van desde Toronto hasta Seúl y es dueño de edificios que cuentan como inquilinos a Facebook, Amazon.com y hasta el rival Hennes & Mauritz.
En Galicia, donde está basado Ortega, existe una tasa máxima del 2,5% para el impuesto al patrimonio. Eso, además, del IRPF (impuesto a la renta), VAT (impuesto sobre el valor añadido) y otros tributos.
Única en la Unión Europea: España tiene dos impuestos a la riqueza
El impuesto al patrimonio, cuando fue creado en 1977, fue cedido a las comunidades autónomas.
Así, la Comunidad de Madrid, que concentra los mayores patrimonios en España, establece una bonificación del 100%. Cataluña, por su parte, otra región con peso en el tributo, tiene una tasa del 2,7%. La comunidad con la tasa máxima más alta es Extremadura (3,7%).
Según datos oficiales, el tributo afecta únicamente a 230.365 contribuyentes en España y tiene una recaudación residual.
Creado durante la transición a la democracia en los 70, en 2008 se estableció una bonificación del 100% que en la práctica lo eliminaba.
Con la caída en la recaudación por la crisis económica, el impuesto fue restituido en 2011, pero con un mínimo exento de 700.000 euros.
A fines de 2022, Pedro Sánchez creó el Impuesto Temporal de Solidaridad de las Grandes Fortunas (ISFG), que al igual que el Impuesto sobre el Patrimonio, es un impuesto sobre la riqueza y se aplica a patrimonios netos superiores a 3 millones de euros.
Fue una reacción al número creciente de comunidades autónomas de la oposición que decidían bonificar el impuesto al patrimonio. Para evitar la doble imposición, la nueva norma permite deducir lo que el contribuyente ya haya tributó por patrimonio de la cuota del nuevo impuesto.
Para evitar pagar, las family offices pueden comprar activos inmobiliarios, de infraestructura energética o participaciones de al menos 5% en empresas con cotización pública.
Deben invertir la totalidad de los dividendos en el plazo de un año, si bien pueden negociar una extensión en el caso de que estén en condiciones de probar que están cerca de cerrar una operación por el monto remanente.
Ortega se retiró en 2011 para dejar la empresa en manos de un ejecutivo histórico, Pablo Isla. En 2022, se hizo cargo su única hija de su segundo matrimonio, Marta Ortega.
Difícilmente Amancio hubiera imaginado cuando dio un paso al costado que casi 15 años después, gracias al éxito del negocio, terminaría construyendo un imperio inmobiliario para evitar un impuesto que pocos multimillonarios deben pagar.
Muchos menos que lo haría frenéticamente lanzado a la caza de inversiones.