Los pasillos del Hotel Hilton de Buenos Aires lucían como en los casamientos. Luces azules de led y gente de vestimenta oscura. Como en la mayoría de los actos de La Libertad Avanza, eran más los menores de 30 años. Ellos con la audacia suficiente para animarse al slim fit y ellas con trajes de ejecutivas o vestidos de fiesta.
La gran ocasión, esta vez, era el encuentro de la Conferencia de Acción Política Conservadora, una organización dominada por los laderos ideológicos de Donald Trump para esparcir por el planeta las banderas de la derecha más extrema: la que alienta a la libre empresa y desprecia la agenda global y el multilateralismo.
En ese momento sí, la cosa será a platea colmada, con aplausos y ovaciones rabiosas cada vez que Javier ataque sin piedad a los enemigos preferidos: a los progresistas, a los odiados wokes, a los zurdos, claro.
Al compás ochentoso de Village People
En la noche anterior hubo fiesta y música. Sonaron los Village People en el Hilton y todos se lanzaron a bailar después de la cena. No importaba que YMCA fuera un himno gay en los ochenta. La había vuelto a poner de moda Trump en la campaña presidencial y los aires conservadores podían tomarse un respiro musical. Todos siguiendo el paso de Donald con los deditos bien arriba.
El alma de la fiesta en el Hilton fue Lara Trump, la nuera del presidente electo, la pareja de Erik.
Altísima, rubia, elegante, vestida de negro, simulando un tiro con el palo de golf en el baile y subiendo ella misma el video a sus cuentas en las redes sociales para que la imagen de Javier Milei bailando a su lado recorriera el mundo. Es tiempo de celebración para los libertarios y nada los detiene.
Un rato después de que Toto Caputo se diera el gusto de alardear con los números macroeconómicos de la Argentina, llegó el momento más esperado de la noche.
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Primero Santiago Abascal, después Isabel Díaz Ayuso
Javier Milei hizo el discurso central y no se guardó ninguno de los ataques que les tiene destinado a las izquierdas del mundo, la argentina y las de cualquier país en el que gobierne algún socialdemócrata o algún partido tradicional al que considere demasiado blandengue.
Lula Da Silva, Gustavo Petro, Gabriel Boric y, especialmente, el dictador chavista Nicolás Maduro son sus víctimas preferidas en el teatro latinoamericano, pero, aunque hay esfuerzos en las diplomacias de los dos países, su bestia negra inevitable es Pedro Sánchez.
Es más fuerte que él. Milei sueña con una España gobernada por algún dirigente de derecha. En su imaginario está Santiago Abascal, el corpulento presidente de Vox al que considera su amigo porque es quien lo recibió antes del 2023, cuando solo era un exótico y solitario economista que vestía campera negra y encendía con sus gritos a los españoles más conservadores en los actos políticos.
Claro que, teniendo en cuenta que Vox no logra superar el 10% de los votos, la otra opción para preferiría Milei para gobernar España es la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien lo premió con una medalla y le ofreció el palco de la Puerta del Sol para saludar a los cientos de argentinos emigrados que lo fueron a saludar a mitad de año.
No es fácil tampoco. La madrileña salerosa de Chamberí debe sortear todavía el filtro implacable de la moderación del Partido Popular, que no logra hacer pie en la Moncloa con la impostura tibia de Alberto Núñez Feijóo.
Una vez en el escenario, Milei se olvidó de Lara Trump, de los Bolsonaro, que andaban por allí, y hasta de Abascal que había hablado más temprano.
También se olvidó que España había nombrado embajador hacía menos de un mes al diplomático Joaquín de Aristegui para rearmar la histórica agenda bilateral que tanto añoran los empresarios a un lado y a otro del océano Atlántico. La energía, la tradicional y la renovable, y la tecnología tienen inversores españoles esperando.
"La tortura de los pobres españoles"
El presidente argentino puso en la mira a Pedro Sánchez, y también el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, el comisario del PSOE y el principal negociador entre el gobierno de España y la dictadura venezolana.
"Son la tortura que tienen los pobres españoles", les disparó, para cargarles además "la agenda del socialismo" y llamando para euforia del auditorio de la CPAC a "acabar de una vez por todas con la basura del socialismo".
Al otro lado del Río de la Plata, los países del Mercosur (incluido la Argentina) y los de la Unión Europea, encabezados por la poderosa alemana Ursula Von der Leyen, gastaban las horas en Uruguay para ponerle el rumbo siempre perdido a las negociaciones entre los dos espacios continentales.
Además de los misiles contra el acuerdo UE-Mercosur que lanzan cada día los agricultores franceses, alemanes y españoles, la batalla cruenta entre Javier Milei y Pedro Sánchez aleja cualquier armisticio.
Pero ya se sabe. A una semana de cumplir su primer año de gobierno, está claro que a Milei le interesan bien poco los cadáveres que quedan a un costado del campo de batalla.
Avanza sin detenerse sostenido en el vínculo de hierro que construyó con Donald Trump y con el monarca de la tecnología, Elon Musk.
Se recuesta sobre la baja de la inflación en la Argentina y la promesa de crecimiento económico que traen las buenas cifras de la macro y la novedad del equilibrio fiscal. ¿Alcanza para que gane las elecciones legislativas del año próximo? El, Javier Milei, cree que sí.
“No me caen bien los zurdos; no se sorprendan”, sonrió Milei sobre el escenario del Hilton para que estallara la enésima ovación de sus incondicionales. Nadie se sorprendió, por supuesto.
Las encuestas electorales y las cualitativas lo favorecen. Los planetas se le van alineando. La canción de la argentinidad mundialista en Qatar 2022 decía aquel verso de “ahora nos volvimos a ilusionar”.
El país adolescente que se ilusionó con Alfonsín, con Menem, con los Kirchner y con Macri, parece ahora encolumnarse de una nueva primavera. Una más.
A Javier Milei le toca entonces el desafío de alumbrar un éxito de lo que durante un siglo ha sido el laboratorio más perfecto del fracaso.