Hay una regla de oro que vale para la Argentina.
El examen de los mercados internacionales para cualquier presidente de un país periférico siempre se pone más exigente a medida que pasa el tiempo.
El establishment español celebró la motosierra y la baja de la inflación que logró Javier Milei. Pero ahora estiran el examen y aguardan por las victorias electorales que consoliden el proyecto para lanzarse a invertir.
El examen de los mercados internacionales para cualquier presidente de un país periférico siempre se pone más exigente a medida que pasa el tiempo.
Y la Argentina no es la excepción, como tampoco lo es el presidente Javier Milei, cuya llegada al poder fue celebrada con efusividad por los empresarios españoles, y por buena parte de los empresarios de Europa y del resto del planeta.
La motosierra como el símbolo del equilibrio fiscal. Y la palabra libertad, permanente en los labios de Javier Milei, como mantra del liberalismo económico.
Los mercados, esa abstracción invisible del poder del dinero, no podían pedir mucho más.
Claro que, para los mercados económicos y financieros globales, siempre después de las felicitaciones vienen las exigencias del examen.
Y, en el caso especial de Javier Milei, los puntos clave del examen se dividen en cinco planteos que la Argentina siempre ha reprobado. O que ha aprobado, pero durante períodos demasiado breves.
El año breve del Plan Austral de Raúl Alfonsín. Los ocho años de la Convertibilidad de Carlos Menem. Los tres años de superávits gemelos de Néstor Kirchner y los dos años y medio de estabilidad de Mauricio Macri.
Fueron primaveras de ocasión que nunca llegaron a consolidarse en el tiempo para pasar del entusiasmo inicial del crecimiento al verdadero desarrollo.
Pero vayamos a los cinco puntos que constituyen el examen que está atravesando Javier Milei, de acuerdo a la visión de la mayoría de los empresarios españoles, mirada que no difiere demasiado de la que tienen los mercados en otras partes del mundo.
Javier Milei, hace un mes, con empresarios españoles en la embajada argentina en Madrid.
Este es el punto que más celebran los empresarios, financistas y economistas españoles. Creen que la motosierra de Javier Milei, es decir, el programa de recorte de gastos en el presupuesto argentino ha sido tan profundo que lo dan por aprobado.
También en esta cuestión, y teniendo en cuenta que la Argentina venía de una explosión inflacionaria que le dejó en herencia el gobierno de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa, el tránsito a una inflación de menos del 30% que se proyecta para este año es un resultado aprobado, que de todos modos debería seguir bajando en los dos próximos.
Este es otro de los puntos que preocupaba a los empresarios de España y que va en camino de resolución.
El ministerio de Economía, que conduce Luis “Toto” Caputo, y el Banco Central de la Argentina pusieron en marcha la eliminación del cepo cambiario para las personas, y avanzan en concretar el mismo camino para las empresas.
La mayoría de los directivos de empresas españolas creen que la eliminación del cepo cambiario será total después de las elecciones legislativas.
La libertad para retirar dividendos y poder llevarlos a sus casas matrices es el requisito indispensable que las empresas españolas tienen en carpeta para reactivar las inversiones hacia la Argentina.
Este es el gran examen político para Javier Milei que los empresarios españoles siguen con especial atención.
Muchos eran escépticos, pero la victoria del libertario Manuel Adorni en las elecciones de la ciudad de Buenos Aires fortaleció la confianza de quienes apuestan a la continuidad de Milei.
Ahora todos ellos siguen el día de las elecciones que culminan en octubre, cuando se sepa el número de senadores y diputados que La Libertad Avanza (el partido de Javier Milei) pueda sumar para respaldar la continuidad de su programa económico.
El punto clave es la provincia de Buenos Aires, que tendrá dos elecciones (a legisladores bonaerenses el 7 de septiembre y a legisladores nacionales el 26 de octubre), y en la que los candidatos de Javier Milei deberán enfrentar al kirchnerismo de Cristina, Axel Kicillof y Sergio Massa en el distrito en el que se sienten más cómodos.
Para el establishment español no hay ninguna otra opción que la victoria.
Porque una derrota frente al kirchnerismo sería una catástrofe para los planes de apertura económica que viene planteando la gestión Milei.
Lo dejó perfectamente claro esta semana el ministro de economía argentino, Luis “Toto” Caputo, al explicar la única y verdadera razón de la suba del dólar en la semana. “Es el Riesgo Kuka”, dijo el hombre del gobierno que mejor conoce los mercados globales.
El Riesgo Kuka, un concepto insólito que ahora se evalúa en los despachos del distrito financiero Caleido en Madrid, y en algunas oficinas de Wall Street, no es otra cosa que la denominación con la que los jóvenes libertarios de Milei sintetizan la posibilidad de una victoria y regreso kirchnerista.
Las encuestas previas en Argentina señalan que los candidatos de Javier Milei podrían tener una victoria amplia en las elecciones de septiembre y octubre, pero los mercados europeos (y el mercado español en particular), mantienen la cautela.
Por eso, es que los empresarios han comenzado a expresar una certeza en forma de pregunta.
“¿Javier Milei es un presidente de cuatro o de ocho años?”, haciendo referencia a la posibilidad de que una victoria en las elecciones legislativas lo catapulte hacia su posible reelección en 2027.
Es el modo de, como se dice habitualmente en la Argentina con metáfora futbolística, “mover el arco más lejos para demorar el momento del gol”.
Es una ratificación del rumbo correcto para las certezas macroeconómicas, y una alerta que plantea interrogantes para los desbordes institucionales y la consolidación política del proyecto de Javier Milei.
El economista jefe de una gran empresa española lo describe así. “Para que el riesgo país de la Argentina baje a 200 0 300 puntos básicos, Milei tiene que ganar tres elecciones. Entonces sí van a fluir las inversiones desde Europa”.
Está clarísimo: tres elecciones son las de 2023, 2025 y 2027.
El último viernes, mientras el dólar planteaba algunas dudas para Javier Milei, el riesgo país de la Argentina cerraba en 716 puntos básicos. Las metas, como aquel puente mítico de Richard Attenborough en la Segunda Guerra Mundial, todavía quedan demasiado lejos.
Milei, que suele hablar en términos despreciativos de la política, activó en los últimos días sus reflejos políticos, que evidentemente los tiene porque ha llegado a presidente con ellos.
En el streaming festivo de Alejandro Fantino, disparó una frase para calmar a las bestias. “En 2027 voy a ser reelecto”, dijo casi inocentemente. Pero no estaba hablando para el jolgorio de la tribuna libertaria, sino para el VIP de los que deciden.
El empresariado español, que todavía intenta olvidar la herida argentina por la desprolija expropiación de Repsol del kirchnerismo, tiene fresco el recuerdo de Mauricio Macri.
El ex presidente venció en las legislativas de 2017 y su gobierno se derrumbó apenas seis meses después bajo el peso de los errores políticos y la enésima crisis del dólar.
Por haber sido funcionario de Macri, quien conoce muy bien aquella debacle por dentro es justamente el ahora super ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo.
Trader y viejo lobo de la banca argentina, “Toto” Caputo le ha tomado el gusto a la agresividad de las redes sociales y a las palabras que ponen de moda los tuiteros. Hace algunos días tuvo una de esas frases que compiten para quedarse en la historia si las cosas terminan mal para el gobierno de Milei.
“Si pensás que el dólar está barato, comprá, no te la pierdas campeón”, provocó Caputo en una suerte de slang argentino, apuntando a los ahorristas y a los especuladores “golpistas” que cada gobierno exhuma cuando las cosas se complican.
Todos los argentinos recordamos a Lorenzo Sigaut, ministro de economía de la dictadura hace cincuenta años y aquel fatídico “el que apuesta al dólar, pierde”.
Los argentinos ya saben qué hacer cuando soplan esos vientos. Compran dólares.
Los presidentes pasan. Pero la cara sonriente de George Washington sobre el billete verde siempre transmite esa sensación de eternidad que ha conquistado a la Argentina, el país de lo efímero.