1 de marzo 2025 - 18:55hs

Como diría Donald Trump, no puede negarse que fue “good television”.

En el mismo Salón Oval de la Casa Blanca, el desesperado presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, fue una vez más humillado al decidir frente a las cámaras dar marcha atrás en un acuerdo a punto de firmarse con la administración de EE.UU. en un intento por defender los intereses de su castigado país luego de tres años en guerra.

¿Qué hay detrás de los gritos y la deplorable amenaza de que ya no hay paz posible? Lo que se estaba negociando eran los futuros ingresos derivados del 50% de los recursos naturales de Ucrania -lo que incluye depósitos de minerales críticos por unos u$s 10-billones-. Y a cambio… bueno nada.

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Según Trump, el vínculo económico sería de por sí una protección. “Ahí estaremos, excavando, excavando”, dijo. Y como mencionó en más de una oportunidad, entendía el trato como un gesto de agradecimiento por toda la ayuda brindada en estos años de invasión rusa.

Pero Zelenski no estaba dispuesto a aceptar sin alguna garantía de seguridad que mantuviera lejos al presidente ruso, Vladimir Putin, luego de firmada la paz. Sin embargo, la negativa de Trump de continuar con la ayuda militar así como de desplegar tropas de paz en el territorio durante la posguerra fue rotunda.

Ahí comenzaron los insultos y las denigraciones. ¿Por qué no hacer una concesión? ¿Qué implicancias tiene para Europa que se caiga el acuerdo del que Trump se encargaba sistemáticamente de excluirla?

Y aún si Trump mañana decidiera reflotarlo (después de todo es un hombre de negocios), ¿puede Europa manejar la posguerra sin presencia estadounidense en suelo ucraniano?

Explotar los recursos naturales de un país devastado

Trump aspira a que un país devastado destine los ingresos que genera la “futura monetización” del 50% de sus recursos naturales a un fondo que le permita explotarlos. Hablamos de commodities que van desde minerales a petróleo y gas natural, pero también puertos y otro tipo de infraestructura.

Es un pacto, según el presidente de EE.UU., que “nos permitirá recuperar nuestro dinero y obtener mucho más en el futuro”.

Claro que hablamos de una nación arrasada económicamente que requerirá u$s 524.000 millones para su reconstrucción y recuperación en la próxima década, según un estudio del gobierno ucraniano, el Banco Mundial, la Comisión Europea y las Naciones Unidas.

Hay informes que sugieren que los depósitos minerales de Ucrania tienen un valor de al menos u$s 10 billones, incluyendo litio (la reserva más grande de Europa), grafito y titanio. Pero no se sabe a ciencia cierta cuánto es comercialmente viable.

El grueso de sus commodities como el carbón o el mineral de hierro y el uranio son quizás los objetivos más lógicos para EE.UU. Esto es porque la existencia de minas y sistemas de extracción hace mucho más fácil vender la producción al mercado.

Esto no ocurre con otros materiales como el grafito o las llamadas tierras raras (“rare earths”) que requieren un procesamiento adicional, que haría necesaria una gran inversión en infraestructura (o hacerlo en China).

En términos de reservas, Ucrania está en el top 10 para el carbón, el mineral de hierro y el uranio, pero sus costos de producción son bastante más altos que los de los líderes de la industria.

También cuenta con importantes reservas de gas natural (entre las más grandes de Europa) y potencialmente podría extraerse shale gas.

En cuanto al petróleo, sus reservas son modestas y representan apenas una fracción de lo que está en desarrollo en EE.UU.

¿Y las tierras raras? Fue algo en lo que Trump puso especial énfasis.

Son elementos cuyo uso tiene un espectro tan amplio que va desde los iPhones hasta los misiles guiados por láser. China controla su suministro con las mayores reservas mundiales.

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Hubo bastante polémica respecto a qué tan fiables son las versiones sobre los depósitos de estas tierras raras.

El problema radica en que los registros son antiguos. El ex jefe de investigación geológica de Ucrania reconoce que no hay una evaluación moderna de estos recursos, según S&P Global.

Según las estimaciones que refleja el gráfico de Bloomberg, serían unos u$s 15.000 millones versus u$s 250.000 millones en cobre o u$s 2.700 millones en crudo (producción anual a precios corrientes).

Fuera de China, las mayores reservas corresponden a Brasil, India, Australia y Rusia. Pero es China el mercado que concentra alrededor del 90% de la capacidad de separación y refinamiento.

Sin más asistencia ni tropas de paz para frenar a Putin

EE.UU. no estaba dispuesto a ofrecer garantías. Ese es el problema para Zelenski pero también para los aliados europeos. En el acuerdo que iban a firmar antes de estallar a los gritos -y al que pudo acceder Bloomberg- se explicita que no hay sobre la mesa ninguna garantía de seguridad.

Se cita, en cambio, “la asociación perdurable” entre EE.UU. y Ucrania basada en sus lazos económicos.

Las contribuciones al fondo que se constituirá se reinvertirán en proyectos en Ucrania que promoverán la seguridad y la prosperidad del país, reza el documento.

Según el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, EE.UU. podía con este acuerdo poner a Ucrania en una “trayectoria de gran crecimiento”. Como Zelenski insistía, la administración le contestó que esta asociación económica sería su escudo de seguridad de facto. No habría más ayuda militar ni despliegue de tropas de paz.

Los europeos también estaban preocupados por la forma en que Trump se desentendía después de acelerar una paz que parecía querer sacarse de encima rápido y a su manera.

Durante su paso por la Casa Blanca la semana pasada, tanto Francia como el Reino Unido hicieron pedidos específicos al respecto.

Sin el apoyo de EE.UU., incluso si los demás aliados aumentan su ayuda, Kiev tiene pocas chances.

De hecho, Francia y el Reino Unido ofrecieron 30.000 efectivos para integrar una fuerza que permanezca en territorio ucraniano tras la paz. Pero nadie en Ucrania cree que Putin vaya a honrar los términos de un alto al fuego si no están respaldados por la presencia militar estadounidense.

Precisamente, la cumbre prevista para este domingo en Londres tenía como objetivo persuadir a Trump de ofrecer algún tipo de garantía.

Europa, con pretensiones ya cada vez menos ambiciosas, acordaría solicitarle inteligencia, vigilancia y cobertura aérea como último recurso como para asistir a las tropas de paz europeas en el caso de que fueran atacadas por Rusia luego de firmada la paz.

Todo está en movimiento, más con un personaje cambiante como Trump, pero quizás el bloque tenga que terminar lidiando con la decisión del mandatario -según algunas versiones- de seguir con las negociaciones pero hacer a un lado a Zelenski y buscar un reemplazo europeo que pueda hablar por Ucrania.

Están decididos a avanzar con un paquete de emergencia de u$s 21.000 millones en ayuda militar a Ucrania en una cumbre de emergencia prevista para el jueves.

Pero eso es sólo una "cuota" de lo que deberán desembolsar en adelante si por primera vez en 80 años no cuentan con EE.UU. como socio militar estratégico.

El ejército ucraniano es hoy el más grande y capaz de Europa -después del de Rusia- gracias a la inteligencia, las armas y la ayuda financiera de EE.UU.

En materia militar, el país fue el principal proveedor de ayuda con más de u$s 64.000 millones desde febrero de 2022, según el Departamento de Estado.

Esa cifra forma parte de asistencia por un total de u$s 174.000 millones que incluye financiación para mejorar la seguridad ucraniana, así como asistencia a los socios regionales y aliados europeos a reponer inventarios donados a Ucrania. También asistencia para remover minas terrestres y ayudar a entrenar y equipar a trabajadores de emergencia.

Todos los aliados europeos salieron a rodear a Zelenski en un abrazo de apoyo.

Apoyo en el doble sentido. Ante el sarcasmo, la recriminación, la ofensa, lo respaldan en su agónica batalla por salvar a su pueblo. Y ante la agresión rusa, lo respaldan con fondos que seguirán fluyendo.

Pero todos saben que la asistencia europea no puede compensar la pérdida del apoyo de EE.UU. y que el bloque carece de la capacidad de producción en materia de defensa como para abastecer de armas.

Rusia tiene un presupuesto militar equivalente al de todo el bloque.

Con Occidente fracturado, Putin mira la televisión y sonríe.

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