16 de mayo 2024
16 de abril 2024 - 15:09hs


Desde el momento en que ocurrió, el primer día de abril, Irán advirtió que habría represalias directas. El ataque israelí a su embajada en Damasco, Siria, sería vengado.

Confirmó así el peor -y menos probable- escenario que había trazado el mercado en una posible escalada de la guerra en Gaza: la participación directa de Irán, que desencadene un conflicto regional. 

Hasta ahora, desde que el 7 de octubre los palestinos de Hamas atacaron Israel, Irán había actuado en las sombras a través de sus letales grupos aliados en la zona, que produce un tercio del crudo a nivel global. 

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Hezbollah con enfrentamientos desde el Líbano, los iraquíes diezmando a las fuerzas estadounidenses en Siria e Irak y los hutíes de Yemen alterando el transporte marítimo en el Mar Rojo.

El sábado -casi como una advertencia- algo se puso en movimiento desde temprano cuando las autoridades iraníes tomaron un contenedor israelí cerca del Estrecho de Ormuz, entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán. Israel lo consideró un acto de piratería en violación de la ley internacional.

Fue horas más tarde que se supo del ataque de Irán con 300 misiles sobre territorio israelí y que EE.UU. habría interceptado alguno de ellos. 

Sin embargo, resonaban las declaraciones que en su momento hizo Teherán. Habrá retaliación contra quienes quieran lastimarlos. Afirmación que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, reiteró el sábado en un mensaje a la población.  

La declaración de Irán, que aseguró que considera que “la cuestión puede considerarse concluida” y un reporte de que el presidente de EE.UU. Joe Biden, no apoyaría a Israel si contraataca pueden calmar un poco el nerviosismo. 

Pero el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, insistió con la misma firmeza que responderían “con acciones, no con palabras”.

Por ahora, en la apertura de la semana, los mercados se muestran extrañamente tranquilos.

Pendientes de los movimientos y declaraciones de Israel, pero conscientes de que la maquinaria de EE.UU. y sus aliados intenta que no haya retaliación o que bien sea mínima (sobre todo en la víspera de las elecciones en las que Joe Biden se juega la reelección).

Por otro lado, trascendió que el ministro de Relaciones Exteriores iraní llamó a su contraparte de Arabia Saudita para discutir sobre lo sucedido el fin de semana. Estos contactos calmaron al mercado, que igual sigue en alerta.

Así el Brent se alejó del pico de los u$s 92 y a la espera de novedades se instalaba en la zona de los u$s 90 e incluso llegó a perforar esa barrera.

Una ayudita de la OPEC

“Los mercados del Medio Oriente abrieron en relativa calma después del ataque iraní, que se percibió como una respuesta mesurada, más que como un intento de escalar el conflicto”, comentan en East Capital, Dubai, según Bloomberg. 

“Pero el mercado más allá de Medio Oriente puede verse influido por los efectos secundarios en los precios de la energía”, comentaban 

El crudo Brent ya avanza 20% este año y se consolidó por encima de u$s 90 el barril, el nivel más alto desde octubre pasado. De hecho, el viernes llegó a negociarse a u$s 92.

En diciembre del 2023 había tocado un mínimo de u$s 72,29 el barril pero el promedio para el año había sido de u$s 82,10.
 
Los analistas estimaban algo similar -una media de u$s 83 el barril- para este trimestre, dados los signos de incremento en la demanda. 

Pero a comienzos de marzo la alianza OPEC+, grandes productores más sus aliados, liderados por Arabia Saudita, decidieron extender hasta junio los cortes a la producción. 

Aunque la OPEC no determina precios, mediante la regulación de la oferta puede influir en su fijación. 

Y la amplia disponibilidad del año pasado había mantenido al crudo cerca de los u$s 80, incluso con las tensiones en el Medio Oriente. Era algo que estaban dispuestos a ajustar.

Así, se mantuvieron recortes voluntarios en la producción de 2,2 millones de barriles por día (bpd) -la mitad es Arabia Saudita-, que se sumaron al acuerdo de 2022 de limitar la producción en 3,66 millones bpd.

Eso hizo que el Brent pasara automáticamente de un rango de u$s 80-85 a u$ 90, donde se consolidó en un entorno de extrema incertidumbre geopolítica. 

Ahora muchos creen que pronto llegará a los u$s 100, por primera vez en más de dos años. Que probablemente, después de tanta conjetura y argumentos, las tasas sigan altas.
 
Y estemos a las puertas de una segunda ronda de inflación. Claro que los peores escenarios no siempre se confirman.  

Suministro en riesgo

La extrema tensión en el Medio Oriente vuelve a plantear, desde una perspectiva económica, los daños colaterales derivados de las perturbaciones en el suministro de energía.

Situaciones que, de agudizarse, llevan a su encarecimiento y bien podrían generar una segunda ronda de inflación global.

Por un lado, está la dificultad para enviar cargamentos por mar en la zona, que obliga a buscar rutas alternativas, lo que encarece costos y estira los plazos de entrega hasta dos y tres semanas.

Los expertos aseguran que ese riesgo (y las nuevas tarifas de transporte) se había incorporado al precio en un aumento de u$s 10.  

Hasta ahora, este problema estaba enfocado en el Mar Rojo, debido a la presencia de los hutíes. 

Incluso algunos somalíes que habían reaparecido tras una década, viejos conocedores del asalto pirata.

Pero este último episodio ahora obliga a prestar atención al recorrido desde el Golfo Pérsico hasta el Estrecho de Ormuz, un cuello de botella por donde pasa una quinta parte del petróleo que se consume a diario. 

Iman Nasseri, managing director para Medio Oriente de la consultora FGE, arriesga que una interferencia iraní en esta nueva zona podría sumar entre u$s 2-5 más.

Giro en Ucrania

Pero a la delicada y volátil situación de Medio Oriente se suma la guerra en Ucrania, que últimamente dio un giro que sólo agrava las cosas. 

Después de más de 16 meses enfrentadas, Rusia y Ucrania entraron en una nueva fase del conflicto que puede tener serias repercusiones económicas globales.

Ambos bandos están poniendo como blancos activos energéticos para dañar la economía del enemigo.

El viernes, por ejemplo, Ucrania atacó con drones una refinería petrolera rusa interrumpiendo el comercio de productos como el diesel. 

Los precios del gas europeo saltaron 10% luego de que Rusia apuntara contra la infraestructura de gas y electricidad de Ucrania esa misma semana. 

El país está sufriendo de una escasez de armamento, mientras que EE.UU. dilata los tiempos y los aliados europeos tratan de encontrar la forma de hacer llegar más armas. 

Por eso, la última estrategia es disparar contra las instalaciones de energía más allá de las quejas de Washington por el impacto en los precios. 

En lo que va del año, Ucrania ya atacó 14 grandes refinerías y dos plantas más pequeñas en Rusia con resultados exitosos en cuanto a interrumpir sus operaciones normales. 

El Kremlin tampoco se quedó mirando. Ya lanzó tres ataques a gran escala contra el sistema de generación de electricidad ucraniano y dirigió drones y misiles a infraestructura gasífera clave por primera vez desde la invasión hace más de dos años. 

El jueves, el presidente Vladimir Putin destruyó la mayor planta de energía en la región de Kyiv, algo que el mandatario celebró como una revancha merecida.

Ucrania recibió en estos días algunos refuerzos armamentísticos de Alemania, pero le advirtió al secretario de defensa estadounidense que si el Congreso (por la oposición republicana) no aprueba los u$s 60.000 millones en ayuda que retiene hace meses, puede perder la guerra.  

El mercado se preparó

Con la inminencia de una venganza iraní en el aire, el S&P500 cerró el viernes lo que fue su peor caída semanal desde octubre. 

Se puso en marcha el típico “flight to quality”, la búsqueda de los rincones más seguros del mercado para quedar los más resguardados posibles si lo peor se confirma. 

Los bonos del Tesoro a 10 años de EE.UU. cayeron, con lo que la tasa subió a 4,52%. 

Aunque la deuda pública puede verse afectada como refugio si los costos de la energía suben y la idea de tasas altas por más tiempo se instala en el mercado. 

En cambio, el dólar -un índice que se mide contra una canasta de las 10 principales monedas mundiales- clausuró la mejor semana desde septiembre de 2022. 

Si vemos al euro, la moneda común cayó 1,8% a 1,0642 por dólar, su nivel más débil también desde septiembre de 2022. 

El oro, otro clásico en tiempos de desconcierto, gana 13% este año y ya tocó un récord por encima de u$ 2.400 la onza.

En el mercado de opciones -donde a grandes rasgos se puede apostar a que los activos suban o bajen en determinado plazo- hubo mucha actividad “bullish” entre los negociadores de petróleo. 

Esto es, se dispararon las “call options”, las apuestas de quienes creen que el commodity va a subir.

El mercado se dio vuelta después de muchos meses. Esto no ocurría desde noviembre del año pasado. Lo que significa en la práctica es que más inversores están pagando para cubrirse de una posible suba del crudo (hedge). 

La OPEC+ apuesta a que los u$s 90 del Brent actúen como un ancla, de modo que tampoco repliegue el crecimiento de la demanda de los países más sensibles al precio, básicamente países en desarrollo en Asia, la región importadora más relevante a nivel global. 
 
La demanda muestra signos de aceleración en Asia -en máximos desde junio- en especial en países como China e India, que podrían ver frustradas sus historias de incipiente recuperación en el primer caso y de robustez en el segundo. 

Más oferta en retracción 

El Departamento de Energía de EE.UU. decidió cancelar sus planes de comprar crudo para recomponer sus reservas estratégicas de emergencia luego de la suba de precios. 

Habían quedado agotadas en los últimos años para contrarrestar la escasez que había producido la invasión de Rusia a Ucrania. 

Pero hay más frentes de los que uno imagina en los que la oferta se está encogiendo. 

México acaba de recortar sus exportaciones de crudo, obligando a las refinerías de EE.UU. -el mayor productor mundial- a consumir más barriles domésticos. Los envíos marítimos se redujeron 35%, un mínimo desde 2019.

Rusia, uno de los tres mayores productores globales, está recortando su producción aún más allá del acuerdo con la OPEC+ y también sus exportaciones. 

Según las sanciones impuestas en febrero de 2022, Rusia no puede vender a más de u$s 60 el barril (techo o "cap") y uno de sus mercados más importantes, India, hizo que todas sus refinerías dejaran de comprarle. 

 “Estamos hablando de una producción de apenas 9 millones de bpd. Eso sólo basta para llevar al petróleo a u$s 100”, dice Natasha Kaneva, jefa de global commodities strategy de JPMorgan. 

Por otro lado, la administración Biden deberá decidir esta misma semana si reimpone las sanciones al petróleo venezolano, medidas que había levantado temporalmente para dar la oportunidad a Nicolás Maduro de llevar adelante un proceso electoral libre y democrático. 

El regreso de las sanciones, el escenario más probable, hará aumentar el precio del petróleo venezolano cuyo principal comprador es China. 

La evolución del petróleo hoy estará muy atada al fantasma de la guerra, por lejos que uno se encuentre. Buena parte dependerá de la reacción de Israel.

Pero como vimos, hay otras variables para que el crudo suba. Es un tema tan complejo que en JPMorgan advierten que hasta puede darse la siguiente paradoja: “Si el crudo sube sustancialmente por encima de los u$s 90 puede llevar también a una destrucción global de la demanda y en última instancia bajar el precio. Pero hasta ahora, no estamos viendo nada de eso”.

Hay inventarios mínimos. Vitol Group, el trader de petróleo más grande del mundo, dijo la semana pasada que el crecimiento de la demanda va a superar la mayoría de los pronósticos este año. 

El mundo está asustado. Pero también está funcionando con sólo unos 900.000 bdp diarios. Es la producción del sultanato de Omán.


 

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