21 de mayo 2024 - 16:10hs

El entrenador del Bayer Leverkusen, Xabi Alonso, dijo este martes que en la final de la UEFA Europa League de este miércoles ante el Atalanta su equipo tendrá que ser capaz de "recurrir a los cambios de ritmo y combinar diversas formas de ataque".

"Tenemos que ser variables, recurrir a cambios de ritmo. Mantener el control, pero también saber cuándo es mejor un pase largo que un pase corto", señaló el técnico español en la conferencia de prensa previa a la final en Dublín.

Sobre su rival, aseguró que conoce bien al equipo italiano: "A veces defienden agresivamente y a veces esperan. Tenemos que adaptarnos, también tenemos que jugar bien contra el balón pues ellos tienen grandes jugadores".

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Xabi Alonso no quiso dar pistas sobre la alineación que utilizará y respondió varias veces con un "mañana veremos" a las preguntas sobre ella: "Necesitamos a todos los jugadores. Todos son importantes. Una de las claves de nuestro éxito es que todos han hecho su aporte y han sido claves en determinados momentos. Necesitamos que mañana vayan al límite", manifestó.

El centrocampista Granit Xhaka, por su parte, a la pregunta de si tienen algo que perder tras haber ganado la Bundesliga, respondió: "En mi opinión todavía tenemos algo que perder, las finales se juegan para ganarlas. Es claro que la Bundesliga era la primera meta, pero mañana lo tenemos que dar todo por otro título", resaltó.

El defensa Jonathan Tah aludió a la gran temporada que ha hecho el Leverkusen y dijo que eso le da energía y confianza al equipo para el duelo de este miércoles y también para el sábado, cuando jugará la final de la Copa de Alemania contra el Kaiserslautern.

El Bayer Leverkusen de Xabi Alonso quiere seguir haciendo historia

La última vez que el Bayer Leverkusen disputó una final europea, en 2002, en el mundo se vivían tiempos de cambio. Estados Unidos había sido víctima meses atrás del mayor atentado terrorista de su historia, el euro acababa de entrar en circulación en España y apenas faltaba un año para que diera comienzo la guerra de Irak.

Sin embargo, había una máxima que seguía inmutable y que, de hecho, iba a experimentar el momento más álgido de su vigencia: la leyenda del "Neverkusen".

El equipo dirigido entonces por Klaus Toppmöller desde el banquillo y Michael Ballack desde el césped estaba en disposición de conseguir un triplete histórico.

Marchaba líder de la Bundesliga con cinco puntos de ventaja sobre el Borussia Dortmund a falta de tres jornadas, iba a disputar la final de la Copa de Alemania contra el Schalke 04 y había alcanzado lo que ya era un logro: clasificarse para la final de la Liga de Campeones frente al Real Madrid tras eliminar, de manera heroica, al Manchester United en semifinales.

Pero entonces todo se desmoronó. En las últimas tres fechas del campeonato liguero, el Bayer Leverkusen cayó derrotado consecutivamente ante el Werder Bremen en casa y frente al Núremberg a domicilio, siendo superado por un Dortmund que ya no cedería el liderato.

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En la final de la Pokal, los de negro y rojo sucumbirían ante el Schalke 04 por 4 a 2 en el Estadio Olímpico de Berlín, en un duelo al que también llegaban como favoritos.

Y como remate a tan aciaga temporada, al club de la aspirina todavía le daría tiempo a caer en la final de las finales. En el Estadio Hampden Park de Glasgow, los alemanes se veían las caras ante el Real Madrid y acabarían siendo víctimas de la inmortal volea de Zidane.

No era la primera ocasión que el Bayer Leverkusen experimentaba en sus carnes un desenlace tan trágico. Apenas dos años antes, en el 2000, el Leverkusen tuvo nuevamente el título de la Bundesliga en la mano, pero se le acabó escapando, en favor del Bayern Munich y por golaverage -hubo empate a 73 puntos entre ambos equipos-, tras caer por 2 a 0 en la última jornada ante el Unterhaching, cuando le valía el empate.

Dos temporadas que resumen el triste idilio que históricamente había vivido el Leverkusen con los grandes títulos: el que le había valido la etiqueta del "Neverkusen" -hasta cinco subcampeonatos de liga acumulaba-.

Hasta ahora, su palmarés se reducía únicamente a la Copa de la UEFA conquistada ante el Espanyol de Javier Clemente en 1988 y a la Copa de Alemania obtenida ante el Hertha de Berlín en 1993.

Sin embargo, todo ese mal fario se ha visto borrado de la historia de un plumazo. De la mano de Xabi Alonso en el banquillo y el despunte de jugadores como Florian Wirtz, Victor Boniface o Alejandro Grimaldo, el cuadro negro y rojo transita por una senda imparable en la mejor temporada de sus 120 años de existencia.

De momento, ya se ha embolsado la primera Bundesliga de su historia y vuelve a tener por delante la posibilidad, como en 2002, de obtener un triplete, del que solo le separan sendas finales, de Liga Europa y Copa de Alemania, ante el Atalanta y el Kaiserslautern.

En medio, el equipo sigue batiendo todos los récords de imbatibilidad. Todavía está invicto tras haber disputado 51 duelos entre todas las competiciones en esta temporada.

Solo le quedan dos partidos para poner el cierre a este ya sempiterno curso. Mañana tiene el primero para volver a tocar plata y alcanzar la redención, definitivamente, de la infausta leyenda del "Neverkusen".

FUENTE: EFE

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