22 de junio de 2026 5:00 hs

Empezó el Mundial de fútbol, la pelota rueda y, con cada partido, se nos ofrece ese estimulante bálsamo que, al menos por unos días, servirá para calmar la casi siempre encrespada cancha de la política nacional

No trata de borrar el casete de lo grabado en este incidente ni de fingir desmemoria; el episodio quedará ahí, como una muesca indeleble en la trayectoria de Orsi y como una muestra más de que, en asuntos vinculados con la ética, el Frente Amplio es tan terrenal como sus antagonistas políticos y carga en la mochila con similares vicios, desprolijidades y agachadas varias.

El golpe que este affaire propinó a la imagen del Orsi austero y transparente, ya está dado. Pero si a esta altura del campeonato no aparecen facturas nuevas, transferencias fantasmas o giros inesperados vinculados a la dichosa Hyundai Santa Fe, el asunto debería darse por cerrado. La oposición ya pegó todo lo que tenía para pegar, con mayor o menor saña según el cliente. Incluso un político que últimamente no le anda regalando nada al gobierno como el colorado Pedro Bordaberry señaló que al tema hay que dejarlo atrás.

“Me preocupa mucho que faltan tres años y medio, casi cuatro, de gobierno. Hay mucho para hacer. Que este tipo de cosas no paren al país. En este momento creo que quizás nosotros no alimentando más el asunto, dejando que ustedes hagan el trabajo y que quien tiene que dar las explicaciones las dé, estamos, no apoyando al gobierno, sino apoyando al Uruguay todo", dijo el líder de Vamos Uruguay en radio Sarandí.

En el Partido Nacional los palos estuvieron más o menos repartidos pero no se vio la virulencia que en otras ocasiones.

Aunque lo más llamativo del barro que escupieron las ruedas de la camioneta no fue el ataque de los de afuera, sino el sálvese quien pueda de los de adentro. El Frente Amplio ofreció un festival de acrobacias discursivas para defender lo indefendible. Como si se tratara de un manual de autoayuda automotriz y no de un político asunto vidrioso, el presidente de la coalición, Fernando Pereira, afirmó que no le importaba como había sido comprado el auto sino que lo relevante era que el mandatario viajara en un automóvil seguro.

Una extraña vara ética para medir la transparencia pública: si el coche frena bien y los airbags funcionan, el origen de los fondos pasa a un segundo plano.

Por su lado, el intendente de Montevideo, Mario Bergara, olió la sangre que el episodio derramó en los comités de base del Frente Amplio y decidió jugar su propio partido. Es así que, como si no quisiera dejar morir el espinoso tema, advirtió que el asunto “requiere aclaraciones adicionales” por parte del presidente.

Y para rematar el deslucido cuadro familiar, la propia Lucía Topolansky manejó un tono de perdonavidas y calificó el accionar de Orsi como un exceso de “espontaneidad”. “Yo lo quiero como persona, porque es transparente. Diría que casi en el 100% de las cosas. Pero, desgraciadamente, la vida nos exige a veces saber que no solo somos nosotros sino que estamos representando algo, a alguien, a una sociedad y a una institución. En este caso la Presidencia de la República", señaló Topolansky en entrevista con Informativo Sarandí.

Es decir, lo que vino a decir Topolansky es que, en la emergencia, a Orsi el traje de presidente le quedó holgado. Con aliados así, el mandatario no necesita adversarios.

Pero seguir estirando este chicle ya sin sabor es un pésimo negocio para todos. Para el Frente Amplio, el impulso de continuar intentando explicar lo que hasta ahora no ha podido representa una autoflagelación que solo profundiza la grieta interna. Y para la oposición, la tentación de ensañarse con un tema desgastado dejaría expuesta la prueba flagrante de su falta de imaginación para marcar la agenda pública y de que les cuesta horrores coordinar acciones conjuntas con un mínimo de estrategia.

Ya habrá tiempo para mirar hacia atrás cuando llegue el momento de juntar votos. Es seguro que entonces la Hyundai con la que el presidente se paseó el día de su asunción tras comprarla a un precio conveniente, volverá a asomar su trompa empujada por el recuerdo de la oposición.

Pero ahora conviene que empiece otro partido, que corra la pelota y que la camioneta se domicilie en el garaje de las cuentas pendientes. Porque, a veces, como dice el Martín Fierro, olvidar lo malo también es tener memoria.

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