Brasil vuelve a votar este domingo en una segunda vuelta que enfrenta al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), con el senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL). La campaña fue áspera, con fuerte judicialización, y las encuestas ya no permiten dar un ganador por descontado. Además de la presidencia, se definen las gobernaciones de seis estados; las otras 21 se resolvieron el 4 de octubre. Y en Wall Street, Goldman Sachs está expectante, haciendo cálculos de quién puede terminar siendo el nuevo presidente de Brasil.
Tras la primera vuelta, los sondeos daban a Bolsonaro entre 4 y 5 puntos de ventaja. Hoy esa diferencia oscila entre 0 y 2,5 puntos, dentro del margen de error de alrededor de dos puntos que tiene el promedio de encuestas. Los mercados de predicción todavía lo favorecen, aunque con probabilidades menos holgadas.
La incógnita por el balotaje
La incógnita es cuánto confiar en los números. En la primera ronda, las consultoras erraron por debajo en el voto conservador, tanto en la elección presidencial como en las legislativas y de gobernadores. Los analistas de Goldman Sachs señalan que "los encuestadores subestimaron sustancialmente el apoyo conservador" en esos comicios. Pero agregan un matiz: históricamente, las encuestas del balotaje tuvieron márgenes de error menores que los de la primera vuelta.
El PL fue el gran ganador legislativo del 4 de octubre. Es ahora la primera fuerza en Diputados, con 121 bancas sobre 513 (tenía 98), y en el Senado, con 29 sobre 81 (tenía 16). Según Goldman Sachs, ambas cámaras "se desplazaron aún más hacia la derecha", pero los partidos de centro, "ideológicamente diversos y generalmente pragmáticos", seguirán condicionando la agenda.
La economía manda
De ahí que el banco ponga el foco en la capacidad de negociación del ganador. "La gestión eficaz de coaliciones será clave para el próximo presidente", sostiene el informe, que recuerda que las alianzas en el Congreso brasileño "históricamente resultaron inestables y poco confiables". Esto vale para cualquiera de los dos candidatos, y más aún para Lula si llega a ganar, ya que tendría que gobernar con un Legislativo en el que no es la primera minoría.
Los datos que reúne el informe muestran por qué la economía pesa tanto en la elección. El PBI real per cápita creció en promedio apenas 0,18% entre el primer trimestre de 2011 y el segundo de 2026. La inversión real sigue 8,3% por debajo del nivel que tenía en el segundo trimestre de 2013. En los últimos cuatro años, el déficit presupuestario superó el 8% del PBI, y la deuda pública pasó el 82% del PBI y "continúa en ascenso".
El día después de las elecciones
Frente a ese panorama, el equipo de economistas liderado por Alberto Ramos es categórico: "Un cambio de régimen de política, en particular fiscal, es urgentemente necesario".
Para Goldman Sachs, la reacción de los mercados después del domingo dependerá de las señales que dé el ganador. Esperan una respuesta positiva ante "signos de paz social, estabilidad política" y de reformas que impulsen la inversión y el crecimiento y dejen atrás "un largo período de crecimiento muy modesto". El mensaje para quien resulte electo es que el margen para la ambigüedad es escaso, con un país que acumula más de una década de estancamiento.
El informe abre con una cita de Montesquieu, de El espíritu de las leyes: "Las necesidades reales del pueblo nunca deberían ceder ante las necesidades imaginarias del Estado". Es una frase elegida a propósito para un balotaje en el que el próximo presidente tendrá que decidir si prioriza el crecimiento y las condiciones de vida por sobre la inercia política.