Por qué Irán ve su acuerdo con EEUU como una victoria
Para muchos iraníes, la cuestión no es si el acuerdo significa la victoria, sino si alivia la crisis económica y reduce el miedo a otra guerra.
17 de junio de 2026 13:11 hs
Reuters
Los dirigentes de Irán intentan presentar el memorando de entendimiento que se está gestando con Estados Unidos no como una retirada, sino como el resultado de la resistencia y la victoria.
Este no es, sin embargo, un argumento fácil de sostener.
El país acaba de atravesar una guerra devastadora, su economía está sometida a una fuerte presión y sectores de la propia base de apoyo de la República Islámica llevan meses denunciando cualquier tipo de acuerdo con Washington.
También hay iraníes tanto dentro como fuera del país que ven la crisis no como un momento para la diplomacia, sino como una oportunidad para un cambio de régimen.
Este es el panorama político dividido en el que Teherán intenta ahora vender el acuerdo.
La narrativa de Teherán
Altos funcionarios iraníes han presentado el pacto como una victoria.
Mohammad Bagher Qalibaf, presidente del Parlamento y figura clave de Irán en las negociaciones, afirmó que el país ha dado "un gran paso hacia la victoria final".
El presidente Masoud Pezeshkian ha calificado el entendimiento como potencialmente transformador y ha señalado que, si se aplica plenamente, podría resolver muchos de los problemas de Irán y crear "un mundo diferente" tanto en el país como en Medio Oriente.
El papel de Qalibaf es significativo porque no se le identifica con el sector moderado de Pezeshkian.
Su respaldo público sugiere que el acuerdo cuenta con el apoyo de sectores más poderosos del sistema, incluso dentro del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán.
Mohammad Bagher Qalibaf, presidente del Parlamento de Irán, asumió un rol clave en las negociaciones.
La cúpula dirigente también presenta el acuerdo como una victoria porque, según el argumento de Teherán, Estados Unidos e Israel no lograron sus principales objetivos.
No obligaron a Irán a rendirse, no derrocaron a la República Islámica, no acabaron con el programa nuclear iraní mediante acciones militares ni rompieron los vínculos de Irán con Hezbolá.
Por el contrario, Irán sigue en la mesa de negociaciones con Líbano incluido en el marco del acuerdo, así como el alivio de las sanciones.
Sin embargo, esta narrativa oficial encuentra oposición dentro de Irán.
Las críticas internas
Según informes, un diputado de línea dura —vicepresidente de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento— describió el borrador del acuerdo como un documento que convertiría a Irán en una colonia estadounidense.
También acusó a los negociadores de ignorar la directriz del líder supremo de no reabrir el estrecho de Ormuz a la navegación.
Esta crítica es relevante porque no proviene de fuera del sistema, sino del seno de una de las instituciones encargadas de supervisar la seguridad nacional.
Durante meses, las voces de línea dura en el Parlamento, los medios afines al Estado y las concentraciones nocturnas a favor del gobierno han sostenido que no se puede confiar en Estados Unidos.
Señalan que la diplomacia seguía en curso poco antes de que comenzara la guerra y afirman que la administración Trump utilizó las negociaciones como tapadera mientras Israel y Estados Unidos preparaban una acción militar.
Para ellos, cualquier acuerdo con Washington corre el riesgo de parecer una política de apaciguamiento.
Sin embargo, algunas de estas voces parecen haberse moderado ahora.
Esto podría sugerir que la decisión de seguir adelante ha sido autorizada desde las más altas esferas del Estado.
No obstante, ello no significa que exista una unidad total.
Podría indicar que, por el momento, el centro de poder ha considerado que el costo de rechazar un acuerdo podría ser mayor que el de afrontar la oposición de los sectores más intransigentes.
El factor económico
El cierre del estrecho de Ormuz es la principal baza de presión económica de Irán en el conflicto.
Es posible que los dirigentes de Irán presenten el acuerdo como el resultado de su influencia militar, incluidas las presiones en torno al estrecho de Ormuz y los ataques contra intereses energéticos estadounidenses y regionales.
Sin embargo, la situación económica también ha obligado a Teherán a actuar.
La guerra, las sanciones, las restricciones al transporte marítimo, el acceso limitado a los mercados petroleros y a divisas fuertes, así como una inflación muy elevada, han asfixiado tanto al país como a los ciudadanos iraníes de a pie.
Para muchas familias, la cuestión no es si el acuerdo suena a victoria, sino si logrará bajar los precios y reducir el temor a una nueva guerra.
El vicepresidente de EE.UU., JD Vance, ha afirmado que Irán no recibiría dinero de los contribuyentes, pero que podría acceder a miles de millones de dólares si cumple sus compromisos y se alivian las sanciones.
Esto permite a Teherán presentar el acuerdo como una vía hacia la inversión y la reconstrucción, en lugar de como una dependencia de Estados Unidos.
No obstante, los riesgos son evidentes: aún no se han publicado todos los detalles del memorando y está previsto que las negociaciones comiencen este viernes en Suiza.
En las conversaciones quedan por abordar las cuestiones más complejas: el futuro del uranio enriquecido de Irán, el nivel de enriquecimiento permitido, los mecanismos de verificación, el alivio de las sanciones y la situación en Ormuz y Líbano.
También existe incertidumbre respecto a Israel.
Su primer ministro, Benjamin Netanyahu, ha rechazado las informaciones que apuntan a una retirada israelí del sur de Líbano, asegurando que las fuerzas israelíes permanecerán allí el tiempo que sea necesario.
Por su parte, Donald Trump ha criticado públicamente la actuación de Israel en Líbano, señalando que ha muerto demasiada gente.
También expresó su descontento por un ataque israelí contra Beirut poco antes de que se alcanzara el acuerdo entre Irán y Estados Unidos, aunque insistió en que su relación con Netanyahu sigue siendo excelente.
Para Teherán, esta fricción visible entre Washington e Israel resulta útil.
Puede presentarse como prueba de que la presión iraní ha limitado la libertad de acción de Israel.
Sin embargo, también hace que el acuerdo sea frágil.
Si Israel continúa sus operaciones en Líbano, Irán se verá presionado a responder.
Y, si Washington no logra contener a Israel, la afirmación de Teherán de que Líbano está incluido en el memorando podría ser puesta a prueba rápidamente.
La opinión de los iraníes
Para muchos iraníes el éxito de la tregua no se medirá en eslóganes sino en qué deparará.
La reacción de la audiencia del Servicio Persa de la BBC sugiere que la narrativa oficial de la victoria no está calando de manera uniforme.
Un seguidor comentó que le preocupaba mucho un nuevo ataque israelí, pero que, incluso tras conocer el acuerdo, no sentía "ninguna confianza" y le inquietaba saber si el país se gestionaría adecuadamente en caso de que el pacto perdurara.
Otro iraní opositor al régimen, que inicialmente apoyó la acción militar estadounidense, cuestionó los logros del ataque de EE.UU. y señaló: "Nuestra esperanza era que el sistema gobernante cambiara, pero, aparte de miseria, inflación y más daños a la economía, ¿qué beneficio ha reportado a la gente?".
Otros se mostraron más afines a la postura del gobierno.
Un miembro del público describió a Irán como el vencedor y afirmó que la guerra demostró que las sanciones no se levantan "suplicando", sino mediante el ejercicio del poder.
Otra persona acogió el acuerdo con mayor cautela y comentó que permitía a la gente retomar el trabajo y su vida cotidiana con mayor tranquilidad.
"Creo que es algo temporal", dijo, "pero necesitábamos unos meses de respiro y calma".
Quizá esa sea la interpretación más realista: la República Islámica presenta el acuerdo como una victoria porque le resulta difícil venderlo como una necesidad.
Sin embargo, para muchos iraníes el éxito no se medirá en eslóganes.
Se medirá en función de si cesa la guerra, si se moderan los precios, si llega el alivio de las sanciones y si los dirigentes logran gestionar la siguiente fase sin que se produzca otra escalada repentina.
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