El "síndrome de Kessler" vuelve a ganar terreno en la agenda global ante las chances de ser un nuevo cisne negro de cara a 2025.
El fenómeno, que lleva el nombre del astrofísico estadounidense Donald Kessler y basado en su artículo académico de 1978, da cuenta de un escenario catastrófico en el que los desechos en el espacio pueden llegar a desencadenar una reacción en cadena con impacto directo en satélites y en el conjunto de tecnologías espaciales que impulsan nuestra vida cotidiana.
"Desafortunadamente, las colisiones crean más desechos, lo que genera una reacción en cadena descontrolada de colisiones y más desechos, conocida como el síndrome de Kessler en honor al hombre que propuso por primera vez el problema, Donald Kessler", repasó la NASA en su sitio web.
Esta cascada de colisiones llamó la atención de la agencia espacial por primera vez en la década de 1970, cuando los cohetes Delta abandonados comenzaron a explotar creando nubes de metralla. En noviembre pasado, volvió a generar incertidumbre, cuando un trozo de basura espacial se desvió hacia la Estación Espacial Internacional, obligando a los siete astronautas a bordo a ejecutar una maniobra de emergencia.
Kessler propuso que tomaría entre 30 y 40 años para alcanzar ese umbral y hoy algunos expertos creen que ya estamos en la masa crítica en la órbita terrestre baja, a aproximadamente 560 a 620 millas (900 a 1.000 kilómetros).
“La cantidad de objetos que hemos lanzado al espacio en los últimos cuatro años ha aumentado exponencialmente”, alertó Vishnu Reddyel, profesor de Ciencias Planetarias en la Universidad de Arizona, en Tucson. “Por lo tanto, nos estamos dirigiendo hacia la situación que siempre tememos”, sumó en diálogo con la cadena CNN.
¿Cuáles son las consecuencias que podría dejar el síndrome de Kessler?
Desde la NASA enfatizan que los desechos orbitales son la principal amenaza para las naves espaciales, los satélites y los astronautas. "Las colisiones con desechos orbitales pueden perforar o dañar las naves espaciales en el mejor de los casos y causar fallas catastróficas en el peor", detalló la agencia espacial.
Con una velocidad promedio de 10 km/s (22.000 mph), una mota de pintura de 1 centímetro es capaz de infligir el mismo daño que un objeto de 550 libras que viaja a 60 millas por hora en la Tierra. En tanto, un proyectil de 10 centímetros sería comparable a 7 kilogramos de TNT. "Es fácil ver cómo las colisiones de desechos orbitales que viajan a velocidades tan altas plantean una grave amenaza para nuestro programa espacial", agregó.
Si bien se desarrollaron blindajes para proteger los componentes vitales de las naves espaciales y salvaguardar a los astronautas, en la actualidad el Laboratorio de Pruebas de Hipervelocidad Remota y el equipo de Tecnología de Impacto de Hipervelocidad del Centro Espacial Johnson trabaja junto a desarrollar materiales avanzados y configuraciones de barrera adicionales.