Estudio Cuchara Food Design

El Food Design es una tendencia que pretende "meterse" en todas aquellas prácticas relacionadas con los alimentos: desde el diseño mismo del producto hasta el packaging y la experiencia gastronómica

Por Natalia Correa

La pasión por la comida y por el diseño fue lo que las unió para crear Cuchara. Carola es diseñadora industrial y socia de Allegro Café. Agustina trabaja en el comedor de un liceo y es estudiante avanzada de antropología (está haciendo su tesis sobre antropología de la alimentación a través del análisis del raw food y la alimentación saludable). Soledad también es diseñadora industrial y es la única que se dedica 100 % al emprendimiento; su casa es por ahora la sede donde realizan los prototipos y reuniones. Agustina es también representante de Uruguay en la Red Latinoamericana de Food Design creada en 2013 en Montevideo y coordinada por el arquitecto Pedro Reissig (Argentina), y los diseñadores industriales Andrés Sicard (Colombia), Matilde Lombardi (Uruguay) y Daniel Bergara (Uruguay). Hace unos pocos meses las tres participaron del encuentro anual de la red, realizado esta vez en Buenos Aires.

¿Cómo definirían el Food Design?

Siempre nos metemos en un embrollo cuando alguien nos pregunta qué estamos haciendo porque se trata de un campo emergente. Se traduce como el diseño de alimentos y la Red Latinoamericana de Food Design lo define como: "Toda acción que mejore nuestra relación con los alimentos en los más diversos sentidos".

¿De qué se trata Cuchara Food Design?

Nosotras nos focalizamos en tres áreas del Food Design: el diseño del producto comestible en sí, es decir, su forma, textura y sabor; el diseño de productos para alimentos, que son todos aquellos elementos que sirven para guardarlos, transportarlos y prepararlos; y el diseño de experiencias gastronómicas, ya sea un pícnic, un evento o una degustación. Actualmente estamos más enfocadas en las experiencias, ya que al involucrar todo —lo que se va a comer, el soporte y el entorno— nos seduce mucho más.

¿Por qué el nombre Cuchara?

Cuchara surge primero porque es un objeto y nosotras diseñamos productos. En segundo lugar, porque con la cuchara se pueden comer un montón de alimentos, con el cuchillo y el tenedor no pasa lo mismo. Y por último, por la expresión "meter la cuchara", ya que el Food Design es un poco eso, meterse en todos lados, escarbar sin quedarse en la superficie.

¿A las tres les gusta cocinar?

Sí, y comer (risas). La cocina permite hacer pruebas porque siempre está disponible. La comida es un material que está tan a la mano y que es tan indispensable para vivir que resulta fascinante trabajar con él.

¿Cuáles son sus proyectos más destacados?

Para Proexur, una empresa que importa y exporta frutas, desarrollamos un stand para un evento. Hicimos un jardín de cuatro metros de largo con tierra comestible, hecha con un bizcochuelo de chocolate desecho. Arriba colocamos unas brochetas de frutas, que eran las estrellas del evento. El cliente quería que la gente degustara sus productos sin intervenirlos demasiado, pero con un toque de sofisticación. Por eso bañamos algunas de las brochetas con chocolate 70 % cacao. Las frutas tenían una forma de cortarse y de colocarse que no empalagaban ni parecían ácidas. Además, diseñamos el uniforme de las promotoras y la decoración del stand. La gente se acercaba y no entendía mucho de qué se trataba. Los niños descubrían que la tierra se comía y para ellos era la felicidad máxima. También podían hundir la brocheta en el chocolate.

¿Continúan trabajando para esta empresa?

Sí, continuamos haciendo intervenciones. Hicimos una para promover los dátiles, que es un ingrediente que está buenísimo y es supersano. El lema era: "el dulce más nutritivo", así que hicimos un Candy Shop natural, sin intervenir el producto pero escenificándolo como si fuera un caramelo, un dulce. En este proyecto se cuadriplicó la venta de los dátiles el fin de semana que estuvo en Tienda Inglesa. También hicimos una campaña sobre los beneficios del limón y ahora estamos en proyectos para la palta, la piña, los espárragos y los champiñones.

También trabajan con telas comestibles, ¿cómo surgió eso?

Esta idea surgió como un proyecto para las chicas de estudio Null. Comenzamos a investigar y nos dimos cuenta de que este es un material que tiene mucho potencial. A las telas comestibles se llega a partir de un proceso de deshidratado bastante sencillo. Primero se licúan las frutas y después se deshidratan. El resultado es un material flexible, totalmente comestible y superduradero, porque al no tener agua se conserva más. Además, es muy versátil por su textura y características morfológicas. La idea sería colgar las telas en perchas, como si fueran ropa y colocar tijeras para que cada uno pueda recortar su pedazo de tela y comerlo como un souvenir.

¿Cuál es el gran diferencial del emprendimiento?

El elemento diferenciador es el diseño y su vínculo con un rubro con el cual no está demasiado relacionado, como es la alimentación. Lo innovador es la integralidad, el abarcar todo. Nos enfrentamos a cualquier desafío y sabemos llevarlo adelante porque tenemos un equipo interdisciplinario.

¿Tienen referentes en el ámbito internacional?

Sí, Miit, un estudio francés; Pinch, que es un estudio estadounidense que hace catering conceptual, y Papila, un estudio de Food Design en España.

¿Cómo se ven en unos años?

Ahora estamos proyectándonos a tener un estudio físico, con un lugar para prototipar. También estamos pensando en desarrollar productos propios que sean comercializables. Otro desafío grande es que tanto las empresas como las personas sepan realmente cuál es el potencial del Food Design. Estamos con ganas de hacer un evento en Allegro Café para socializar esta disciplina, darla a conocer e impulsarla. En el encuentro que tuvimos en Buenos Aires nos vinculamos regionalmente, ahora nos gustaría afianzar vínculos con gente que esté haciendo Food Design dentro de Uruguay.


Comentarios