Ischia, la isla verde

Playas de aguas cristalinas, montes, parques termales, rincones llenos de historia y gastronomía tradicional hacen de Ischia una visita ineludible al recorrer las costas italianas. A través de esta crónica los invito a conocer más de este pequeño paraíso que elegí por hogar por unos cuantos meses

Texto y fotos Valentina Longo

Este año decidí hacer una pausa a mis ocho horas de oficina y volver a mis orígenes italianos. Elegí esta isla porque tuve la suerte de pasar unas vacaciones aquí hace dos años y es de esos lugares de los que uno se enamora y a los que anhela regresar. Varios aspectos hacen particular a Ischia y es esa variedad lo que la hace rica. Sus pobladores, llamados ischitanos, están orgullosos de ella, la isla más grande del golfo de Nápoles. El turismo es su principal fuente de ingresos y cada año se preparan para recibir a millones de personas, que se unen a los poco más de 60 mil habitantes fijos.

Vivir y trabajar aquí me permitió descubrir más cosas que como turista son difíciles de ver. Una de ellas es la movida que se genera en la previa y durante al verano. Casi todos los ischitanos trabajan fuerte durante los meses de abril a setiembre y descansan el resto del año. Pero no todo lo que brilla es oro, a pesar de ser un destino del "primer mundo" deben mejorar algunos servicios que harían la estadía más amena, como por ejemplo el sistema de transporte público, que va casi siempre lleno en los meses de alta temporada y no tiene mucha frecuencia, y las instalaciones de aire acondicionado, para poder sobrellevar las altas temperaturas que alcanzan los 45 °C.

Recovecos de historia

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Ischia tiene una superficie total de 47 kilómetros cuadrados y está dividida en seis municipios: Casamicciola Terme, Lacco Ameno, Serrara Fontana, Barano d´Ischia, Forio —donde vivo actualmente— e Ischia, el municipio homónimo que concentra la mayor cantidad de población. Este último está a su vez dividido en dos zonas: Ischia Porto e Ischia Ponte, justamente debido a la ubicación del puerto principal. Lo cierto es que cada parte de la isla tiene su atractivo. Ischia Ponte es el área más histórica y allí se encuentra el Castello Aragonese (Castillo Aragonés), símbolo indiscutible que amerita una recorrida de por lo menos un par de horas. Perderse en su historia y subir a las terrazas para admirar la vista es uno de los paseos más hermosos. La libertad que se siente al dejarse atravesar por la brisa que sopla en la cima es casi indescriptible.

Construido sobre un escollo de origen volcánico, se comunica con el resto de la isla a través de un puente de unos 200 metros que data del año 1400. Dentro se hallaban más de 13 iglesias, por lo que se convirtió en un centro espiritual de gran importancia. Vivían aproximadamente cinco mil personas en la isla del castillo, pero a principios del siglo XVIII las familias que allí habitaban comenzaron a trasladarse a la isla grande. Lo que sí continuó funcionando era el convento. Durante la visita al castillo puede verse el antiguo cementerio de las monjas, sepultadas y colocadas en asientos de piedra excavados y perforados en el centro, donde eran abandonadas hasta su desintegración. Se dice que las monjas visitaban a diario este espacio a modo de recordatorio de que la vida tiene un punto final.

Muestras de arte y una pequeña librería invitan a sumergirse en el arte locatario. Altamente recomendable tomar un café o bebida fresca en alguna de las dos cafeterías del castillo, que si bien es de propiedad privada, está completamente adaptado para el turismo. Puede visitarse desde las diez de la mañana hasta el atardecer y el costo de la entrada es de 10 euros.

Otro símbolo cargado de historia es Il Torrione, ubicado en Forio. Este municipio lo utiliza como su ícono y ya desde el mar, la torre da la bienvenida a todos los que desembarcan. Inmersa entre las casas forianas, traslada al visitante a las épocas de piratas y de fortificaciones en sitios estratégicos. Esta construcción circular y de piedra de tufo, se concluyó en 1480 y su formato permitía una vista de 360 grados. Su posición céntrica y su altura aseguraban un buen control del mar, que permitía detectar con anticipación la presencia de naves enemigas. El interior se utilizaba como depósito para la artillería y alojaba al guardián encargado de dar la alarma y preparar la defensa. Hoy funciona como museo de arte. En total se hallaban diez torres como esta y aún hoy pueden verse sus restos.

Muy ligada a la historia de esta isla están las iglesias, cargadas de mosaicos y altares hechos con mano de obra espectacular. Es posible encontrar más de cien y, entre ellas, la más famosa es La Chiesa del Soccorso (Iglesia del Socorro) en Forio, elegida por personalidades de todo el mundo para celebrar su casamiento.

Paraíso termal y natural

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Grandes playas y parques de aguas termales caracterizan a Ischia y se convierten en uno de sus fuertes. Es casi obligatorio tomarse un día libre para disfrutar de un spa completo y gozar del dolce far niente (el placer de no hacer nada). Hay opciones para todos los gustos, donde se destacan prestigiosos centros cinco estrellas, con decenas de piscinas que mezclan aguas termales y de mar, como el Giardini Poseidon, el Negombo Thermal Gardens y el Parco Termale Tropical. Su entrada cuesta en torno a los 35 euros y se puede estar toda la jornada.

La vegetación abundante de la isla captó mi atención desde el primer momento. Bahías espectaculares rodeadas de montes verdes hacen que se la llame Isla Verde. Su clima seco y húmedo la convierte en ideal para el crecimiento de cactus y especies similares. El jardín botánico Giardino Ravino y el Giardini La Mortella son los favoritos para los apasionados de la botánica. Este último es el más grande, requiere un mínimo de dos horas para recorrerlo y es fruto de la historia de amor del compositor británico sir William Walton y su esposa Susana, quienes comenzaron a desarrollar este jardín tropical de especies exóticas junto con el paisajista Russell Page, cuando se mudaron a vivir a Ischia en la década de 1960. Otro punto natural a destacar es el monte Epomeo, el pico más alto de la isla, con 789 metros, que completa una postal hermosa desde varios ángulos. Muchos creen que es un volcán, pero no lo es. Cubierto de vegetación, se puede visitar y subir tanto a pie como en bicicleta. Además, se organizan tours a caballo, para los más aventureros. Los isleños acostumbran a ir en setiembre a recoger hongos y los jóvenes se juntan allí con sus grupos de amigos.

Tradición por el vino

El vino ischitano no puede faltar en los almuerzos, aperitivos y cenas, al igual que en el resto de Italia. En 1966 nace la Denominación de Origen Controlada (DOC) en Ischia, la segunda del país, luego de la primera que pertenece a la región de Toscana. "Esto asegura que todo el proceso de producción es realizado en la isla y le da un estándar de calidad y tranquilidad al consumidor final", asegura Vito Verde, propietario de la bodega y restaurante Pietratorcia, que posee la certificación DOC desde sus comienzos.

Las variedades autóctonas de la isla son: Ischia Biancolella, Ischia Forastera, Piedirosso y Guarnaccia. Esta última, dentro de la región de Campania, solo se produce en la isla. Un dato curioso; la uva Ischia Forastera, que solo se encuentra en la región, lleva este nombre debido a que llegó a la isla en la segunda mitad del siglo XIX, pero no se conoce su origen real.

La mayor parte de la producción de Ischia es dedicada a vino blanco. Pietratorcia, por ejemplo, divide su producción en 70% blancos y 30% tintos. Al investigar si se debe al terroir me dicen que sí, pero que sobre todo a la tradición, ya que ambas crecen con fuerza. De Pietratorcia les recomiendo probar el Tenuta Chignole, un vino blanco elaborado con 90% Ischia Biancolella y 10% Fiano, y el Tenuta Janno Piro, realizado con Piedirosso, Guarnaccia y Aglianico. También son excelentes las reservas Scheria Bianco y Scheria Rosso, con syrah.

La vendimia se lleva a cabo desde mitad de setiembre a mitad de octubre. Se realiza manualmente, porque es para producción de vinos de alta calidad, y además porque el suelo es casi todo en subida, lo que dificulta el uso de maquinaria para la recolección. La poda, en cambio, se realiza desde fines de noviembre hasta finales de febrero.

Cocina ischitana

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Ischia era mayoritariamente una isla de granjeros y no tanto de pescadores. Este factor se debe fundamentalmente a la riqueza de sus tierras, que son muy fértiles, y se refleja en todos sus platos típicos y en las huertas que se ven en casi todas las casas, hoteles y restaurantes de la zona. Volver a la naturaleza, sin productos químicos y ver día a día el crecimiento de berenjenas, tomates, morrones y, sobre todo, cítricos es una de las cosas más lindas que sucedió durante el viaje. Revivir el recuerdo de mis abuelos trabajando la tierra es emocionante.

El plato típico de la isla es el coniglio all'ischitana (conejo a la ischitana). Solía haber miles de conejos salvajes y los propietarios de las tierras construían fosos donde eran depositados. Era un modo económico y fácil de crianza, ya que bastaba con arrojar vegetales y hierbas. De este modo, los conejos no podían escapar y engordaban hasta su día final. Actualmente en algunos sitios pueden observarse estos fosos, que se conservan para mostrarle a los turistas cómo eran criados. Se dice que hay 36 recetas diversas de este plato y cada persona continúa con la tradición de su familia, que pasa de generación en generación. "Nuestro secreto es cocinarlo en sartén de cobre porque el calor se distribuye uniformemente", relata Rossana Foglia, chef del Ristorante Pietratorcia.

La tradición en Ischia a la hora de comer es comenzar con una entrada, que puede ser parmigiana de berenjenas, luego continuar con pappardelle (pasta tipo cintas) con salsa de conejo y finalizar con la carne y papas fritas, aunque también se hacen al horno. Para el postre recomiendo la pastiera napoletana —uno de los postres más deliciosos que haya probado en mi vida—, una torta dulce que se hace con ricota y es típica de Pascuas. Es similar a una pastafrola uruguaya pero más alta y con otro relleno.

La sopa de calamares, la pizza rellena de escarola y friarielli (especie de brócoli) y verduras grilladas son otros de los platos típicos, al igual que la insalata contadina: ensalada de tomates, papas y cebollas. Se la condimenta con orégano, albahaca y aceite de oliva; y es típica de la época de vendimia, ya que se les prepara a los operarios que trabajan en las viñas. Todas las comidas ameritan terminar con un rucolino, bebida digestiva que se realiza con rúcula; pero debo decir que por lejos el liquore di quattro agrumi (licor de cuatro cítricos) vence todas las partidas. Es similar al limoncello, pero se realiza con naranja, mandarina, limón y lima. Su graduación alcohólica alcanza el 40%, pero su sabor es sumamente agradable.

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Paseos imperdibles

Sant´Angelo
Es un pequeño pueblo pintoresco del municipio Serrara Fontana. Está rodeado de un increíble mar de color turquesa y es el lugar preferido de los turistas que adoran caminar por calles estrechas y admirar los negocios de venta de cerámicas pintadas a mano por los residentes. Su plaza central, sus restaurantes, sus tiendas elegantes y su vista panorámica inmejorable lo convierten en uno de los puntos top de la isla.

Capri y Procida

Vale la pena visitar estas pequeñas joyas del mar Tirreno, pertenecientes a la ciudad metropolitana de Nápoles. Se puede ir por el día desde Ischia y durante el verano hay varios horarios de barcos que realizan el trayecto.

Costiera Amalfitana
Este tramo de costa italiana situada en el golfo de Salerno es un paseo que reconforta el alma. Sus construcciones sobre las rocas dan al mar y hacen de este paseo una ruta inmejorable. A destacar: Amalfi y Positano.

Ranking de playas


1- Baia de Citara (municipio de Forio)
2- Sorgeto (municipio de Forio)
3- Maronti (municipio de Barano)
4- Cava del Isola (municipio de Forio)
5- San Francesco (municipio de Forio)


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