Las salidas del atraso cambiario

Un repaso por los procesos y crisis que llevaron a modificaciones en el tipo de cambio
Por Alfonso Ma. Ramos Inthamoussu
Politólogo

La realidad siempre acaba superando los pronósticos, pero hay que tomar decisiones, comprometer el futuro, y al final resultará que las previsiones fueron más o menos acertadas. En el tema que nos ocupa sólo sabemos con certeza que en algún momento el país tendrá otro tipo de cambio real, pero no sabemos cuándo y a través de qué procesos o crisis.

Hay un consenso cada vez más generalizado, empleando distintas palabras, de que el tipo de cambio real es bajo, de que hay atraso cambiario, de que el sector exportador no es competitivo por los altos costos internos. Una demostración sencilla de este estado de cosas la da el importante turismo de los uruguayos hacia distintos países del globo así como escuchar a los extranjeros que llegan a nuestro país y afirman que en Uruguay está todo caro. También es cierto que Argentina y Brasil también están caros, lo que no es un dato menor, más bien es muy relevante.

Cuando días atrás las gremiales empresariales pedían rebajas del 30% en las tarifas públicas y en los combustibles, deberían haber incluido –para ser coherentes– una caída de salarios, sobre todo públicos, porque son éstos los que más han subido en las últimas administraciones. Nos alejamos del país agroindustrial exportador cuando suben las tarifas y los combustibles, mientras los salarios en dólares crecen ininterrumpidamente.

Los ajustes del siglo XIX y XX

En el siglo XIX, como las monedas estaban atadas al oro, cuando un país quedaba con costos muy altos iniciaba un lento y doloroso proceso donde cerraban las empresas, aumentaba la desocupación y caían las exportaciones. Recién entonces comenzaban a bajar los precios y los salarios. En el siglo XX se generaliza que la competitividad se intenta recuperar con las devaluaciones.

No deja de ser curioso que en el siglo XXI España haya tenido un ajuste a la antigua que ha resultado exitoso. Lleva ya 4 años con un crecimiento cercano al 3% anual, pero el costo fue llegar a tasas de desocupación del 26%, las que ahora se encuentran ligeramente por debajo del 17%. Si España quería seguir con el euro como moneda debía ajustar a la vieja usanza.

Déficit fiscal, entrada de capitales y la eventual debilidad del frente fiscal

Las consultoras, los bancos y los organismos internacionales miran mucho el déficit fiscal, lo que amplifica su importancia. Si a un egreso fiscal inesperado de US$ 800 millones para capitalizar ANCAP agregamos una ley de jubilaciones generosa para los "cincuentones", las incertidumbres sobre la seriedad del fisco uruguayo crecen.

Cuando se gasta más de lo que ingresa, la gravedad depende de si es posible conseguir dinero prestado y de la tasa de interés que se debe pagar. En la actualidad hay abundancia de capitales en el mundo y las tasas de interés son muy bajas, lo que contribuye a que haya abundancia de dólares en
toda la región. El dólar está planchado.

Crisis de 1982 y Argentina

En 1981 Argentina sufrió una enorme crisis cambiaria y de endeudamiento. A lo largo del año 81, el precio del dólar se multiplicó por 5 y volvió a multiplicarse por 6 a lo largo del año 82. No sorprende que en noviembre del 82 se quebrara la "tablita" en nuestro país.

A lo largo del 82 se produjo en nuestro país una fortísima caída de la producción y de la recaudación. Las devaluaciones argentinas achican el mercado para nuestras empresas. Todo se vuelve barato del lado argentino y el turismo para ellos en Uruguay es caro. Tan importante fue el impacto en el frente fiscal que el déficit pasó del 0,7% en el 81 al 12,7% del PBI en el 82. A una tasa de interés anual en dólares superior al 20%, mantenida por Paul Volker durante los primeros ochenta, la "tablita" estalló.

Crisis del 2002, Brasil y Argentina

Cuando en enero de 1999 Brasil devaluó comenzaron las dificultades en nuestro país. El total de exportaciones cayó en ese año en igual monto en que cayeron las exportaciones al Brasil (US$ 500 millones).

En Argentina el dólar valía 1 peso en noviembre de 2001, subió a 2 pesos en febrero del 2002 y a 3,6 pesos en mayo de ese año.

Más allá de todas las complicaciones financieras y bancarias, con esos datos ya son explicables los graves problemas que vivió nuestro país a mediados del 2002 y el brusco salto del dólar. Fue entonces cuando se recuperó la competitividad y cayó el salario real.

Perspectivas actuales

Hay abundancia de capitales en el mundo y las tasas de interés están bajas. Es razonable que Argentina, Brasil y Uruguay estén caros. Además, la política económica argentina alienta el ingreso de inversiones productivas, de modo que es previsible que el dólar se mantenga bajo. Brasil está caro pero es muy difícil predecir su política interna y los cambios de expectativas por vaivenes políticos.

Nuestra cuota de irresponsabilidad en estos años ha sido la alegre frivolidad de nuestro alto déficit fiscal, especialmente desde la administración del presidente Mujica. La necesidad de financiarlo contribuyó al ingreso de capitales y a la caída del precio del dólar. Nada indica que pueda haber cambios en los requerimientos fiscales de nuestro país.

En el momento actual, Uruguay prevé asimismo que durante el próximo lustro entrarán importantes inversiones vinculadas a la segunda planta de UPM, un motivo importante para planchar el dólar.
Por otra parte, cierto desenfado de la actividad sindical y la perspectiva de elecciones en dos años hacen prever que los sueldos y salarios van a seguir creciendo en términos reales.

Mientras tanto, el sector agroindustrial –salvo la celulosa- padece crecientes dificultades económicas que irán siendo financieras. En algún momento llegarán las moratorias bancarias.

Es probable que coincidan en el tiempo la aceleración de la caída agroindustrial con las inversiones en torno a la pastera. Y son inciertos los resultados que sobre la ocupación y la recaudación traerán ambos procesos con sus signos contrapuestos.

En conclusión, cuando decline el impacto de las inversiones generadas en torno a UPM, se producirá el reajuste de la competitividad. Pero ya será un fenómeno del próximo período de gobierno.

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