ver más

Los números empezaron a vaciar lentamente las aulas. Primero fueron los jardines y las escuelas. Después llegará el turno de los liceos y la UTU. Uruguay entró en una transformación demográfica de largo alcance y el sistema educativo comienza a enfrentarse a una pregunta incómoda: qué hacer cuando cada vez nacen menos niños.

Corea del Sur ya cerró más de 4.000 escuelas y prevé continuar con esa política. Noruega, en cambio, destinó buena parte de sus recursos a tutorías y acompañamiento personalizado. Alemania estudió que mantener —e incluso aumentar— la inversión por alumno puede compensar, a futuro, la caída de productividad de una población envejecida. Chile amplió el tiempo pedagógico. Uruguay recién empieza a discutir cómo adaptarse.

Te puede interesar

Un nuevo estudio del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) proyectó que la matrícula de la educación obligatoria caerá un 25% en los próximos 15 años. Y aunque los demógrafos prevén un pequeño “efecto rebote” por una leve recuperación de los nacimientos en algunas generaciones, la tendencia general seguirá siendo descendente: hacia 2070 el desplome superará el 45%.

Embed

Las proyecciones contemplan distintos escenarios. Puede que la universalización educativa avance más rápido, puede que el país reciba inmigración que amortigüe la caída o incluso que las estimaciones demográficas no terminen cumpliéndose del todo. Pero, por ahora, los números muestran un país con menos niños y, en consecuencia, con menos estudiantes.

Martín Pasturino, presidente del directorio del Ineed, lleva años observando este fenómeno. Recuerda que a fines de los años noventa Uruguay atravesaba el proceso inverso: los bachilleratos crecían “de manera brutal” cuando todavía ni siquiera integraban la enseñanza obligatoria. Mientras tanto, en Asia Oriental comenzaba a instalarse una preocupación que parecía lejana.

“La caída de los nacimientos fue explosiva y tiene impacto, pero no hay que ser catastróficos”, afirmó Pasturino. Para el jerarca, las proyecciones deben leerse como “un llamado a la acción de políticas educativas” más que como una sentencia irreversible.

En esos supuestos que toman las proyecciones, en base al último censo, hay un leve “efecto rebote” en que se espera una moderada suba de los nacimientos. Los demógrafos estiman que hay mujeres que no están siendo madres ahora, pero lo serán más tarde. Es solo dará algo de crecida en la educación inicial primero (cercano a 2031), en Primaria después (a partir de 2035), en media básica (2043) y, por último, en media superior (2044). Para luego, seguir la tendencia a la baja acorde se acerca el avance del siglo XXI.

En caída, pero por partes

La cantidad de nacimientos que Uruguay registró el último año son tan bajos que no se veía una cifra similar desde el último cuarto del siglo XIX. A partir de 2016 la bajada fue tan pronunciada que los demógrafos les llamaron “la gran caída”.

La reducción de estudiantes no golpea a todos los niveles educativos al mismo tiempo. Los niños que dejaron de nacer a partir de 2016, todavía no llegaron en masa a Secundaria o UTU. Por eso, el primer gran impacto ya se siente en educación inicial y Primaria.

La educación inicial atravesó dos procesos simultáneos: mientras avanzó la universalización —con niveles cercanos al 90% en niños de tres años— también comenzó a notar el vacío que dejaba la caída de nacimientos.

Embed

En Primaria, donde la cobertura es prácticamente universal, la disminución ya se volvió más visible. Pero “la gran caída” todavía no llegó al último tramo escolar.

Embed

El informe del Ineed plantea que ese espacio ocioso podría reutilizarse. Una de las posibilidades es aprovechar escuelas con menos alumnos para expandir la educación media, algo que hoy ya sucede en zonas rurales con séptimo, octavo y noveno. También se estudian sistemas de transporte que permitan trasladar estudiantes entre barrios o zonas con distinta disponibilidad educativa (y así cortar la segregación).

No solo eso, El Observador había contado que algunos colegios están empezando un piloto para incorporar adultos mayores (una población que viene en aumento y con más esperanza de vida por delante).

Pasturino sostiene que el escenario no necesariamente implica una reducción masiva de puestos de trabajo docentes. Por el contrario, abre la puerta a grupos más pequeños, tutorías, duplas pedagógicas y mayor personalización educativa, a la vez que una ampliación del tiempo, resumió.

El jerarca también marcó distancia con la posibilidad de que el Estado salga a sostener económicamente a los colegios privados ante una tamaña caída de matrícula. “El Estado uruguayo es más que generoso con las exoneraciones tributarias a colegios privados”, afirmó. Y añadió: “Un colegio de elite de Uruguay recibe más dinero por exoneraciones del Estado que lo que ese mismo Estado invierte en un alumno promedio de Primaria pública”.

Detrás de las proyecciones aparece un desafío mayor: cómo reorganizar un sistema educativo pensado para un país que ya no existe. Durante décadas, la preocupación estuvo puesta en ampliar cobertura y construir infraestructura. Ahora la discusión empieza a girar sobre cómo enseñar mejor en un país donde habrá menos niños, más envejecimiento y aulas cada vez más vacías. Así lo muestran las últimas dos gráficas de la educación media, donde “la gran caída” todavía no llegó:

Embed

Y así en bachillerato:

Embed

Temas:

colegios alumnos Matrículas Ineed nacimientos Primaria Educación

Seguí leyendo