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3 de enero 2026 - 5:00hs

La economía actúa como los músculos del cuerpo humano: expansión-contracción-expansión-contracción. Pero la educación formal uruguaya —inclúyase allí a los colegios privados y también a los centros públicos — no está padeciendo los avatares “naturales” de los ciclos económicos, sino “un cambio de era”.

El contador Aníbal González Izaguirre, quien fue administrador de un colegio privado de Montevideo por más de una década hasta dedicarse a asesorar a otros y fidelizó en su plataforma VacantED a un tercio del mercado, se cansó de explicarles a los tomadores de decisión el “diagnóstico irrefutable”: en Uruguay nacen cada vez menos niños (habrá un cuarto menos de población en edad escolar en menos de cinco años) y, por más esfuerzos administrativos, ofertas de yoga extracurricular o cuatro idiomas, las aulas se seguirán vaciando. El músculo solo se contrae; se contrae cada vez más.

Su cálculo es sencillo: antes de que acabe el quinquenio en curso, si nada cambia, habrá un “cierre inminente” de al menos 80 colegios privados en Montevideo y sus alrededores.

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No es una excepcionalidad uruguaya. En Chile los nacimientos se redujeron 11,3% en menos de un año y su polémico sistema de voucher enfrenta un colapso ante la escasez de materia prima: los estudiantes. En Argentina la tasa global de fecundidad se contrajo a niveles “ultra bajos” y hasta el gobierno libertario ordenó priorizar el salvataje de las escuelas públicas. En Bogotá están cerrando jardines de infantes de a decenas por falta de niños. México empezó a clausurar grupos de preescolares con menos de 30 niños. Y Perú inició una “racionalización” (todo un eufemismo) de docentes.

En otras latitudes este invierno demográfico empezó mucho antes. Y el objetivo de fomentar la natalidad a fuerza de incentivos no resultó si quiera ante los millones invertidos en países como Japón o Corea del Sur.

Pero como reza el dicho popular: “mal de muchos, consuelo de tontos”. El contador González Izaguirre vio en este vaciamiento de los centros educativos —a los que algunos llaman crisis—una oportunidad: van quedando metros cuadrados ociosos a los que se les puede sacar provecho.

—La respuesta definitiva no es ‘competir por los pocos niños que quedan’, sino la reconversión estratégica: transformar los centros educativos tradicionales en comunidades intergeneracionales.

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En Uruguay hay cada vez menos niños, pero hay cada vez adultos mayores. Hay menos chicos que puedan ocupar un banco en el aula o pagar una cuota. Hay cada vez más hombres y mujeres que peinan canas —o se las tiñen— dispuestos a seguir aprendiendo, deseosos de recrearse o compartir con otras generaciones. ¿Qué tal si los centros educativos les dan espacio —ese que cada vez les sobra más— a aquellos que pueden encontrar allí un sentido de comunidad y de vitalidad?

Un colegio del Centro de Montevideo, otro del Prado y un tercero en El Pinar ya iniciarán con un piloto este mismo año lectivo. Por ahora serán actividades separadas, en que unas generaciones no necesariamente interactuarán con las otras. Pero el objetivo futuro es que hayan algunos espacios comunes: artes entre adultos y niños, aprendizaje de inteligencia artificial, deporte.

González Izaguirre le puso un nombre a su idea: Campus 8, un número que eligió como significado del infinito, de ser útil y estar acompañado durante toda la vida. Y ahora busca exportar su proyecto fuera de fronteras, aprovechando que en el Cono Sur se está dando la caída de nacimientos con mayor velocidad registrada en la historia moderna.

“No es una caída, sino una gran caída”

Los demógrafos —esos estudiosos de la marcha de la población— suelen ser cautos en sus análisis. Prefieren el verbo sobre el adjetivo, la evidencia sobre la opinión. Pero en sus últimos artículos científicos no han escatimado en el uso de adjetivos calificativos: la caída de la fecundidad en Uruguay no fue una simple baja, sino que en la última década viene siendo “una gran caída”.

Cuando se observa ese descenso en la cantidad promedio que tienen las mujeres en edad fértil —eso que la literatura científica llama tasa global de fecundidad— parece insignificante: hace ya unas dos décadas que Uruguay está por debajo de los dos hijos por mujer y en ahora se acercó al umbral “ultra bajo” de 1,18. Pero cuando se mide en cantidad de niños que no nacieron —que tienen que en el futuro tienen que llenar un aula— son decenas de miles.

Tantos que, según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística, en 1965 la cifra de alumnos en edad de cursar la educación obligatoria (incluyendo el bachillerato) será la mitad que aquella que había en 2015 antes de “la gran caída”.

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La población adulta mayor, por el contrario, irá creciendo. La esperanza de vida se alarga y a con ella se ensancha la sociedad envejecida. Eso supone nuevos desafíos: cómo enfrentar la soledad no deseada, cómo integrar a las distintas generaciones, cómo hacer que la jubilación no sea el punto (casi) final de la trayectoria cuando muchos respirarán más años de pasivos que aquellos en la actividad laboral.

Pero, ¿pueden los adultos suplir mañana una cuota que hoy se paga por un estudiante en edad escolar? El contador hizo sus cálculos y estimó que se requieren unos tres adultos inscriptos para acercarse a una cuota de un colegio promedio.

En 2026 eso supondría el inscribirse a una decena de actividades puntuales. En 2027 la apuesta es una matriculación similar a la de un club deportivo (una membrecía) en el que se ofrecen unas tres horas diarias de una grilla de 50 actividades que se están planificando. Y la chance de hacer actividades extras (con pago extra, claro) en otros colegios en el cual no se está anotado.

El vaciamiento de niños, sin embargo, no afecta solo al “negocio” de los colegios privados. A los centros educativos les da la chance de mejorar la focalización en los estudiantes, extender el tiempo pedagógico, trabajar en duplas de docentes, pero también les deja esos metros cuadrados ociosos en instituciones que se van alejando de su comunidad.

—La idea detrás es que el sistema educativo actual está diseñado para un pasado que no volverá. Y eso vale para privados, pero también para públicos. Uruguay tiene la oportunidad de liderar la creación de un nuevo paradigma: el centro educativo no como una guardería y focalización educativa solo en niños y jóvenes, sino como el motor de una sociedad longeva, conectada y productiva.

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colegios Montevideo nacimientos matrícula escolar adultos mayores envejecimiento caída Tasa de fecundidad

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