A miles de metros de altura y dentro de las bodegas de carga de vuelos comerciales y privados, el oro uruguayo viaja en dos direcciones que responden a universos completamente ajenos entre sí. Por un lado, cargamentos de lingotes fundidos que despegan rumbo a las refinerías de Suiza. Por el otro, envíos microscópicos de alambres y perfiles técnicos que aterrizan desde Estados Unidos para alimentar implantes cardíacos o componentes ópticos.
En las planillas de comercio exterior, ambos flujos comparten el mismo código arancelario. Sin embargo, al cruzar las cifras de las últimas dos décadas con el estado de la actividad extractiva nacional, aparece una brecha: Uruguay exporta de forma sostenida volúmenes de oro significativamente superiores a la suma de lo que ingresa formalmente por sus fronteras y lo que se extrae de su subsuelo.
Un mercado de dos vías: lingotes a Europa e insumos de precisión
El flujo de comercio exterior de oro en Uruguay exhibe dos dinámicas operativas completamente diferenciadas entre las compras al exterior y las ventas hacia mercados internacionales, tanto en su estructura sectorial como en los tipos de productos declarados, los países de enlace y la evolución de los volúmenes físicos y monetarios registrados en las últimas dos décadas.
El registro histórico de exportaciones entre 2003 y 2025 muestra que la casi totalidad de los envíos al exterior estuvo concentrada en el sector de la minería extractiva industrial (que explicó más del 98% de las colocaciones históricas), complementada de forma marginal por el rubro de la joyería y la comercialización mayorista de metales (alrededor del 1,3% conjunto).
La morfología del metal colocado en el exterior responde a un estándar uniforme: el 99% correspondió a oro en lingotes o en barras coladas, mientras que el oro en bruto representó el 0,4%.
Esa masa de lingotes tuvo como destino principal a los centros financieros y de fundición internacional: Suiza se posicionó como el receptor mayoritario con el 91% de los envíos, seguido por el Reino Unido con el 4%, Canadá con el 3%, Estados Unidos con el 1,7% y la Zona Franca Parque de las Ciencias SA con el 0,2%. La operativa logística de exportación se ejecutó mayoritariamente por vía aérea, que canalizó el 98% de los movimientos. El resto, fue a través de vías terrestres.
En contrapartida, la estructura de las importaciones entre 2011 y 2025 presenta un perfil estrictamente industrial y manufacturero, operado en su totalidad por vía aérea. El ingreso de material estuvo encabezado por el sector de la tecnología médica y la fabricación de implantes y cardioestimuladores (que representó cerca del 80% de las compras), seguido por la industria óptica y de lentes oftálmicos (alrededor del 10%), y firmas de los rubros eléctrico, agroindustrial, alimentario y de servicios.
Los insumos ingresados al país se clasificaron en barras, alambres y perfiles de sección maciza (83%), oro semilabrado (16%) y aleación dorada o bullon dorado (1%). La procedencia de estas compras tuvo como origen a Estados Unidos con el 84%, Alemania con el 7%, Reino Unido con el 6%, España con el 3% y Bélgica (que no llega al 1%).
La ruptura de la ecuación: el ciclo minero y el desacople reciente
La evolución de la balanza comercial entre 2011 y 2025 refleja con claridad el quiebre de la productividad. Durante los años de explotación minera a gran escala, las exportaciones reflejaban la extracción en yacimientos, alcanzando volúmenes de miles de kilos exportados frente a importaciones mínimas de insumos.
En 2017 la balanza comercial fue la siguiente: se exportaron 1.753 kilos por casi 44 millones de dólares FOB, mientas que las importaciones fueron de 52 kilos por 2.331 dólares CIF. En 2018, coincidiendo con el cese definitivo de la minería industrial en el norte del país, las ventas cayeron a 733 kilos por 16 millones de dólares FOB, mientras las compras fueron de 10 kilos por 2.463 dólares CIF.
A partir de 2019, tras el cierre de la mina y la ausencia de extracción de mineral, los volúmenes de exportación disminuyeron a mínimos históricos: ese año se registraron 9 kilos por 210 mil dólares FOB e importaciones de 33 kilos por 8.791 dólares CIF. En 2020 fueron 7 kilos (409 mil dólares FOB) los exportados, en 2021 fueron 2,3 kilos (128 mil dólares FOB). Y así.
En el período reciente el balance comercial comenzó a registrar un desfasaje que los datos oficiales de producción no explican. A pesar de que la Dirección Nacional de Minería y Geología (MIEM) no registra actividad extractiva ni canon de producción para oro en los últimos cinco años fiscales, las exportaciones experimentaron un rebote progresivo: en 2022 sumaron 13 kilos (714 mil dólares FOB) y en 2023 fueron 9 kilos por 555 mil dólares FOB.
El salto se acentuó en el último bienio: en 2024 las ventas externas subieron a 64 kilos (4 millones de dólares FOB) frente a importaciones de apenas 0,30 kilos (41 mil dólares CIF), mientras que en 2025 las exportaciones alcanzaron 68 kilos (7 millones de dólares FOB), frente a compras externas de 17 kilos (26 mil dólares CIF).
La brecha física neta
Al consolidar los últimos cuatro años (2022–2025), Uruguay exportó formalmente 154 kilos en oro por un valor superior a los 12,9 millones de dólares FOB, mientras que las importaciones registradas sumaron apenas 28,8 kilos.
Con la extracción minera nacional en cero, el balance de masa deja un saldo neto exportador de más de 125 kilos de oro que salieron del país sin haber ingresado previamente por la vía aduanera formal ni haber sido extraídas de yacimientos locales.