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¿Habrá que comprar hortalizas en cuotas?

Es notorio que el precio de los alimentos se ha ido a las nubes y pesa cada vez más en la economía familiar, además de provocar cambios en la dieta y en el modo de cocinar

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26 de abril de 2013 a las 00:00

Tal como viene la cosa habrá que comprar hortalizas, sobre todo ajíes morrones, tomates y papas, así como frutas y verduras diversas, en cuotas o con cheques diferidos. Es notorio que el precio de los alimentos se ha ido a las nubes –en general casi un 12% y en algunos casos en más de un 100% en los últimos meses- y pesa cada vez más en la economía familiar, además de provocar cambios en la dieta y en el modo de cocinar en los hogares de buena parte de la población uruguaya.

Cuando, por ejemplo, un kilo de ajíes rojos llega hasta $140, los tomates cuestan de $60 para arriba y las papas –elemento fundamental en muchísimos platos- casi a 40, se entiende que la central sindical proponga la creación de una especie de almacenes populares con precios bajos para una serie de alimentos básicos. Una buena experiencia en tal sentido existió en Montevideo por lo menos desde los años 30 hasta más de mediados del siglo pasado: los expendios municipales.

Por otra parte, además de los precios excesivos – y no me convencen demasiado las excusas de que los eventos meteorológicos son la causa principal de tal situación- es evidente para quien tenga unos añitos o haya vivido fuera del país que la oferta de verduras, tubérculos, frutas y legumbres es –con pocas excepciones- bastante menos variada aquí y ahora que años atrás y que en otros países americanos y europeos.

Han desaparecido del mercado muchas verduras, frutas y otros productos alimenticios que se consumían habitualmente a mediados del siglo XX. Pero el problema viene de antes, según se puede colegir al leer “Carta sobre la situación de Montevideo y la Campaña”, del sacerdote, naturalista y ferviente patriota José Manuel Pérez Castellano (1743-1815), texto divulgado parcialmente por el inolvidable Milton Schinca en “Boulevard Sarandí”.

Pérez Castellano decía en 1787, apenas 40 años después de fundado Montevideo, que esta ciudad y sus cercanías “lucían como una huerta exuberante, cargada de hortalizas tentadoras y frutas generosas.”

“Nada es comparable –subrayaba- a la abundancia de hortalizas que se cultivan todo el año, como son las coles, más grandes y de mejor gusto que las de Buenos Aires y las de Génova, entre ellas las lombardas, las rizadas, las dengueadas y muchas otras…”

Agregaba que “de las lechugas se cultivan seis u ocho especies, todas excelentes, a saber: las flamenquillas, las capuchinas, las romanas, las holandesas, las blancas, las moradas, etcétera. También se cultivan tres especies de escarolas: las anchas, las endivias y las crespas, así como coliflores de pella grande y brócolis de tanta calidad como las coliflores, colinabos tan buenos como los de Lugo, apios, cardos, alcauciles, pimientos dulces valencianos de hocico de buey y otros muy buenos, espárragos, espinacas, chirivías, zanahorias, betarragas, rábanos dulces, berenjenas, papas criollas y de Canarias, tomates, ajos, cebollas, etcétera.”

Asimismo, Pérez Castellano destacaba que era tal la abundancia y calidad de la producción hortícola montevideana “que muchas personas de distinción, nada apasionadas a este país, confiesan no haber visto en España plaza tan abundante y surtida como la de Montevideo.”

Y en frases en las que se vislumbraba ya la rivalidad rioplatense, el sacerdote expresaba: “Los de Buenos Aires envidian ya a Montevideo en algunos renglones y aquí se proveen de muchas cosas que o no se dan allá o no se dan tanto y de tan buena calidad: frutos reptiles como zapallos, bubangos, calabazas, melones criollos y de Valencia, sandías comunes del Río Grande y de Málaga, que se recogen aquí abundantemente y se venden a precios moderados.”

“Para Buenos Aires van de regalo y de venta muchas frutas de este género, porque esta ciudad no es capaz de consumir todas las que se recogen”, añadía Pérez Castellanos. “Tanta maravilla vegetal entraba diariamente a Montevideo y se ofertaba en cuanto rincón apto brindaba el poblado… cuando por la mañana llegaban cada día los hortelanos y chacareros con sus tesoros…”, acotaba el sacerdote, quien además abogaba por la venta directa de los alimentos por parte de los productores, sin intermediarios que los encarecieran.

Por lo visto, aunque no siempre todo tiempo pasado fue mejor, en este caso vale el nostálgico dicho.

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