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Así se libró Estados Unidos del colapso electoral: la alianza que llevó a la derrota de Trump

Un largo proceso, que se gestó en el otoño 2019, concluyó en una vasta red de contactos, entre activistas, titanes empresariales y sindicatos, que fortaleció el sistema electoral y anticipó los escenarios conflictivos

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09 de febrero de 2021 a las 05:03

¿Y si Donald Trump hubiera tenido razón? ¿Si ciertamente hubo una campaña en las sombras, detrás de escena, que condujo a su derrota en las pasadas elecciones del 3 de noviembre?

"Todo fue muy, muy extraño", dijo Trump el 2 de diciembre, cuando el resultado electoral apuntaba con claridad a un triunfo de su rival Joe Biden, y cuando ya se había evaporado su ventaja de la noche electoral que lo llevó,  de forma apresurada, a declararse vencedor.

Un extenso artículo de la revista Time, con la firma de la periodista Molly Ball, ganadora del premio Toner en 2012 –que reconoce el mejor reportaje político en Estados Unidos en cualquier medio o plataforma–  y autora también en 2020 de una biografía de la líder demócrata Nancy Pelosi, responde las dos preguntas iniciales.

Ball pone al descubierto lo que identifica como “una alianza informal entre activistas de izquierda y titanes empresariales”; y explica desde cuándo y cómo se gestó esa alianza, quién fue su arquitecto, cuál fue su estrategia, detalla sus pasos y advierte lo cerca que estuvo EEUU del colapso electoral.

“Un extraordinario esfuerzo en la sombra dedicado no a ganar la votación, sino a garantizar que sea libre y justa, creíble y sin corrupción”, se lee en el artículo publicado el jueves 4, en los días previos del segundo juicio político a Trump, como consecuencia del ataque al Capitolio el pasado 6 de enero.

Seguidores del exmandatario han tomado nota del reportaje y entresacado frases para seguir alimentando la creencia de que Trump fue el “legítimo” vencedor de los comicios del 3 de noviembre.

Ball advierte que lo que reporteó y escribió es la “historia interna de la conspiración para salvar las elecciones de 2020, basada en el acceso al funcionamiento interno del grupo, documentos nunca antes vistos y entrevistas con docenas de personas involucradas de todo el espectro político”.

Una de ellas es Ian Bassin, cofundador de Protec Democracy, un grupo independiente de defensa del estado de derecho,  quien sostiene que todo intento de interferir el resultado adecuado de las elecciones fue derrotado. Pero, advierte, que lo que ocurrió no sucedió por accidente.

“El sistema no funcionó mágicamente. La democracia no es autoejecutable”, afirma Bassin

La alianza

Norm Eisen, un abogado y exfuncionario de la administración Obama que reclutó a republicanos y demócratas para la junta del programa de protección al votante, citado por Ball, señala que la historia no contada de las polémicas y disputadas elecciones es la de “miles de personas de ambos partidos que lograron el triunfo de la democracia estadounidense en sus mismos cimientos”.

Los participantes de la amplísima y diversa alianza quieren que se cuente esta historia secreta de las elecciones 2020, escribe Ball, que es la de un grupo de gente bien financiado, que abarcan industrias e ideologías, trabajando juntas para “influir en las percepciones, cambiar reglas y leyes y controlar el flujo de información”.

¿Se manipularon las elecciones? Los participantes de esta alianza informal creen, por el contrario, que la estaban fortaleciendo, y que el público “debe comprender la fragilidad del sistema para garantizar que la democracia en EEUU perdure”.

El cerebro

Michael Podhorzer, que durante 25 años ha sido el asesor principal del presidente de la AFL-CIO, la federación sindical más grande de Estados Unidos, se convenció en el otoño de 2019 de que las elecciones “se dirigían al desastre y decidió protegerlas”.

Ball presenta a Podhorzer como el arquitecto de la singular y atípica alianza detrás de las elecciones 2020.

Podhorzer es reconocido en ámbitos demócratas como el mago de algunos de los mayores avances en tecnología política en las últimas décadas.

El sorprendente triunfo electoral de Trump en 2016 condujo a Podhorzer a cuestionar sus suposiciones sobre el comportamiento de los votantes y comenzó a hacer circular desde entonces memorandos entre un pequeño círculo de aliados y organizar sesiones de estrategia desde Washington DC.

En octubre de 2019 expuso sus preocupaciones sobre las elecciones en un boletín en el que subrayó que “las herramientas habituales de datos, análisis y encuestas no serían suficientes en una situación en la que el propio presidente intentaba interrumpir las elecciones.”

Podhorzer advirtió acerca de dos resultados probables para los que no estaban preparados:

  1. Que Trump pierde y se niega a ceder
  2. Trump gana el Colegio Electoral –pero pierde el voto popular– al “corromper” el proceso de votación en estados clave.

Y propuso crear “desesperadamente” equipos que les permitieran anticiparse y planificar lo “peor que sabemos que vendrá”.

Podhorzer no estaba solo, sin embargo.

Otras organizaciones también planificaban escenarios de una elección impugnada y del encuentro de activistas liberales a nivel local y nacional surgió la Coalición de Defensa de la Democracia. A su vez, Protect Democracy estaba reuniendo un grupo de trabajo bipartidista para la crisis electoral.

Las amenazas

El 3 marzo de 2020, antes de que explotara en toda su intensidad la crisis sanitaria, Podhorzer difundió un memorando confidencial: Amenazas para las elecciones de 2020.

El argumento del escrito era que Trump dejó claro que la elección en camino no sería “justa” y que rechazaría todo lo que no fuera su propia reelección.

Identificó cuatro tipos de desafíos a los que se tendrían que enfrentarse:

  • Ataques a los votantes
  • Ataques a la administración electoral
  • Ataques a los oponentes políticos de Trump
  • Esfuerzos para revertir los resultados de las elecciones.

La pandemia vino a agravar el ambiente electoral, mientras Trump intensificaba su cruzada contra el voto por correo y algunos estados comenzaron a impedir que se facilitara el voto en ausencia. La idea del colapso en noviembre se hizo más obvia.

Podhorzer intensificó –con reuniones por Zoom durante varias horas cada día-  la construcción de una red de contactos en todo el universo progresista: “el movimiento sindical; la izquierda institucional, como Planned Parenthood y Greenpeace; grupos de resistencia como Indivisible y MoveOn; geeks y estrategas de datos progresistas, representantes de donantes y fundaciones, organizadores de base a nivel estatal, activistas por la justicia racial, entre otros”.

El grupo, dice TIME, no tenía nombre, líderes ni jerarquía, pero mantuvo sincronizados a los actores dispares.

 “Pod jugó un papel fundamental detrás de escena para mantener las diferentes piezas de la infraestructura del movimiento en comunicación y alineadas”, dice Maurice Mitchell, director nacional del Partido de las Familias Trabajadoras.

La iniciativa se extendió en las semanas siguientes al Congreso, Silicon Valley y los poderes públicos de la nación; también sumo líderes de las protestas por la justicia racial e, incluso, y clave, llegó a los republicanos contrarios a los ataques de Trump a la democracia.

Las tareas

El grupo, a cada paso a lo largo de 2020, estableció prioridades y las atendió con iniciativas en cada caso.

  • Reformar la infraestuctura electoral de Estados Unidos en medio de la pandemia. 

Más de 150 organizaciones firmaron un pedido de recursos al Congreso para la administración electoral. Lo lograron pero no en la cantidad deseada. Recurrieron a fundaciones privadas que contribuyeron con decenas de millones de fondos, lo que permitió ayudar a 37 estados y a Washington DC a reforzar la votación por correo. Al final, casi la mitad del electorado emitió sus votos por correo en 2020.

  • Atacar la desinformación

Un proyecto rastreó la desinformación en línea, de manera de detectar las mentiras peligrosas que podrían pasar desapercibidas. Una información que luego fue proporcionada a los activistas y a los medios de comunicación para rastrear fuentes y exponerlas. También para presionar a las plataformas para que “cumplieran contra ciertos tipos de comportamiento maligno”, que no habían cumplido.

  • Cooperación bipartidista

Los 22 demócratas y 22 republicanos del Consejo Nacional de Integridad Electoral se reunieron por Zoom al menos una vez por semana: publicaron anuncios en seis estados, hicieron declaraciones, escribieron artículos y alertaron a los funcionarios locales sobre posibles problemas.

  • El poder de la gente

Se creó una fuerza de defensores electorales entrenados en técnicas de desescalada, que durante la votación anticipada y el día de las elecciones transmitiera el mensaje de “alegría en las urnas”, para reforzar la confianza y mantener abiertos los lugares de votación en las comunidades, especialmente las de mayor población afroamericana. Frente a la posibildad de responder a la violencia de los grupos cercanos a Trump, se optó por una suerte de repliegue que eludiera la confrontación directa y se enfocará en el convencimiento de ir a votar.

Un aliado imprevisto

A esa vasta red de contactos en funcionamiento se agregó, a días de las elecciones un mensaje inesperado: la Cámara de Comercio de EEUU quería hablar con la AFL-CIO, dos organizaciones con un extenso historial de enfrentamientos. La primera usual contribuyente de las campañas republicanas, los sindicatos de los demócratas.

A la comunidad empresarial le preocupaba cómo podrían desarrollarse las elecciones y sus consecuencias.

"Con las tensiones en aumento, hubo mucha preocupación por los disturbios en torno a las elecciones, o un colapso en nuestra forma normal de manejar las elecciones contenciosas",le dijo Neil Bradley, vicepresidente ejecutivo y director de políticas de la Cámara, a TIME.

Ambas partes comenzaron a concebir una declaración conjunta en la que eligieron sus palabras con cuidado y programaron la publicación de la declaración para lograr el máximo impacto. Al finalizar, los líderes cristianos manifestaron su interés en unirse, ampliando aún más su alcance.

Fue publicada el día de las elecciones con el respaldo de la Cámara, la AFL-CIO, la Asociación Nacional de Evangélicos y la Red Nacional del Clero Afroamericano. 

El texto consideraba "imperativo contar cada voto", pedía paciencia y confianza en el sistema "incluso si requiere más tiempo de lo habitual" y  recordaba que aunque no siempre estuvieran de acuerdo con los resultados en las votaciones "estamos unidos en nuestro llamado para que el proceso democrático estadounidense proceda sin violencia, intimidación o cualquier otra táctica que nos debilite como nación".

Aunque vendrían jornadas fueras de cálculo, como el terrible ataque al Capitolio el 6 de enero, la alianza tejida fuera de escena resultó clave para la transición en Estados Unidos. 

"La democracia ganó al final. La voluntad del pueblo prevaleció. Pero es una locura, en retrospectiva, que esto sea lo que se necesitó para organizar unas elecciones en los Estados Unidos de América", concluye el reportaje de TIME.

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