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“La crónica de una entrevista frustrada”

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14 de enero de 2020 a las 14:29

Por Martín Gutiérrez

El periodista Leonardo Haberkorn me llamó por teléfono el día miércoles 18 de diciembre y me comunicó que quería entrevistarme. Me dijo que el viernes 20 se comunicaría nuevamente a esos efectos, porque antes tenía otros asuntos que atender.

Esperé entonces.

Han pasado unos 21 días y no supe más nada de Haberkorn hasta hoy, 7 de enero, fecha en que leí su artículo de 2 páginas en El Observador.

Se trata de un tercer artículo sistemáticamente falso en su contenido, en el cual Haberkorn repite argumentos errados, aún agregando de su parte, que la demora le permitió “saber más sobre Gutiérrez”, aún cuando haya preferido no hablar cara a cara con Gutiérrez.

Se debe tener presente en primer lugar que en 1985, en plena democracia, y estando yo de baja por disposición del General Gregorio Alvarez, cuando fueron masivamente liberados los presos políticos, el diario La Hora –de orientación comunista– publicó textos alusivos a mi dignidad profesional y personal que me dieron argumentos para iniciarle un juicio por “Difamación e Injurias” (Ley 15.672). Luego de tres años, el juez penal interviniente, el Dr. Mariño Chiarlone, en nada afín a los militares, dictó sentencia favorable a mi demanda certificando que los pacientes habían sido asistidos correctamente. Dicha sentencia fue ratificada en una segunda instancia.

Así pues, las personas aludidas por Heberkorn en sus artículos tuvieron tres años en plena democracia para presentar sus “acusaciones” y no lo hicieron. ¿A quién van a hacer creer que luego de más de 30 años después, recién recordarían que se los había “torturado” y que quién lo había hecho era el Dr. Martín Gutiérrez… y nada menos porque “se lo habrían dicho” otros compañeros de su misma orientación ideológico-política? ¿Podían acaso haber “olvidado” este hecho?

Pero veamos ordenadamente los argumentos que avalan mi inocencia de estas acusaciones que hoy analizo.

Con respecto al semanario Azul y Blanco, debo decir que coincidía habitualmente con su contenido. Éste era cuidadosamente redactado, para un tiraje semanal de entre 6.000 y 10.000 ejemplares. Que a Haberkorn, o a Perciballe no les gustara, es otra cosa, pero nada malo o ilegal había en esa actividad, como en otras que cumplían la misma finalidad formativa como la del Instituto Oriental de Investigaciones Culturales y Promoción Social (INOR) o de otras instituciones afines.

El INOR organizaba cursos formativos para jóvenes y adultos, como en el que participara el Ministro de Economía Alejandro Vegh Villegas en el Hotel Nirvana en 1975, al cuál asistieron unos 400 empresarios.

El ingeniero quizás precisara entonces esta invitación para mejorar su curriculum, pero nunca pensamos que fuera “una especie de bolchevique”. Y quizás el Ing. Vegh ya estuviera viejo y deteriorado mentalmente cuando hace ciertas reflexiones sin sentido que luego publica Haberkorn.

El periodista tampoco parece advertir que cuando se realizó el mencionado Foro en el Hotel Nirvana, el Dr. Acosta y Lara hacía ya varios años que había sido asesinado en 1972 por la guerrilla tupamara.

¿La “garantía” de la opinión de Haberkorn sobre Azul y Blanco es acaso la del Dr. Julio María Sanguinetti?

Podría ser, pues Sanguinetti –aparte de sus condenas al Dr. Martín Gutiérrez suspendido, como ya dije, en su condición de médico militar por Gregorio Álvarez– se benefició directamente de la detención de Wilson Ferreira Aldunate y de la proscripción de Jorge Batlle para ser candidato presidencial en 1984, con lo cual “el Goyo” le aseguró la Presidencia del Uruguay.

Lo del “vino envenenado” que Haberkorn insinúa a cuenta de Martín Gutiérrez, no le dio para mucho tampoco, pues nada teníamos que ver con semejante hecho, como de inmediato se demostrara.

¿Qué espera Haberkorn conseguir haciéndose eco de estas sugerencias mentirosas y falsas insinuaciones?

Durante la reapertura de la actividad política participamos activamente. En dos períodos sucesivos fui convencional del Partido Nacional, formé parte del Concurso Nacional organizado por el Instituto Cultural Luis Alberto de Herrera, integré el Directorio Herrerista y participé en la organización y como disertante, en el Foro de la Juventud Nacionalista, que se celebrara en el 1980.

Las menciones que hace el Semanario Jaque (hoy desaparecido) sobre  las luchas internas entre los blancos, forman parte de la tradicional enemistad del herrerismo con algunos sectores del Batllismo, en este caso el de Flores Mora, amigo y correligionario de Sanguinetti.

Es el mismo batllismo de los “comunistas chapa 15” (así calificados por Benito “Chicotazo” Nardone) que acusara injustamente a Herrera de ser “nazi” y de “ultraderecha”.

Las listas herreristas del Partido Nacional, que se exhiben en los impresos de marras como si fueran un gran descubrimiento, forman parte del curriculum de muchos dirigentes, y entre otros, del mío mismo. Datan de hace unos 35 años (¡!), ¿Qué tienen de malo para justificar “una oscura trayectoria” al Dr. Martín Gutiérrez?

Con respecto a la participación en supuestas “torturas”, reitero definitivamente que a ninguno de los pocos presos que tuve que asistir les indiqué electroshock como dice el articulista, ya que además de que no precisaban tal indicación sustituible por medicación vía oral, no existía por entonces en el penal una estructura técnica que permitiera ejecutarla. Tampoco en el Hospital Militar Central de las FFAA. Así pues, es otra mentira más del artículo.

También es mentira que pacientes míos se hubieran suicidado. Desconozco si luego de mis consultas otro psiquiatra debió intervenir en este sentido. No se debe olvidar que teníamos una asistencia discontinuada, ya que ningún psiquiatra del Hospital Militar era psiquiatra del penal, como se quiere hacer creer a un lector desprevenido.

No conozco a los dos comunistas presos que menciona Haberkorn (Santo y Moreni). Y además es absurda y la acusación que me hacen. Pero lo que es más grave aún, es que nunca fui al “300 Carlos”, que no sé siquiera dónde era y que nada tuve que ver con su desgracia, si es que fueron “torturados.” Tampoco conozco que asistiera alguna vez a un tal Porley, redactor del diario El Popular del Partido Comunista.

¿De dónde obtuvo Haberkorn esta información falsa y los datos que aportan los supuestos “torturados”? ¿Del Dr. Percibale? ¿Del Partido Comunista?

A propósito de la misma, conviene que el lector tenga presente que los detenidos podrían ser indemnizados con dinero si prueban además que fueron sometidos a “torturas”. Así pues, además del beneficio político del hecho, existen argumentos de corrupción que enriquecen habitualmente sus reclamos, y que curiosamente los demandantes son todos integrantes del mismo partido.

Con respecto a la cita que Haberkorn hace de la Fiscal Tellechea, cabe aclarar que se trata de una persona que renunciara a su cargo sin motivos conocidos, y cometiera públicamente delito grave en el 2016, al pretender acusarme cuando ella misma confraternizaba en la sede de Crysol con los autodenominados “presos políticos” (Ver Ley 19.483, el artículo 56, y especialmente los artículos 61 y 67) según documento gráfico del 2013.

Un pequeño leguleyo norteamericano, Gregg Bloch, recuerdo que se escandalizara cuando yo le explicara que la guerra continuaba, tanto en el penal como en la calle.

Haberkorn y los comunistas locales comunes, parecen no querer entender o admitir que entonces la guerra continuaba y que continúa actualmente. El concepto de guerra moderno no es de la simple agresión personal hombre a hombre, tradicional, sino también psicológico, provocando falsos convencimientos, que luego pueden abrir o no la puerta de enfrentamientos físicos. Es lo que se conoce como guerra asimétrica, de cuarta dimensión y también psicopolítica. Parte de esa guerra es justamente esta situación que hoy mismo estamos atendiendo.

Esto trae a colación algo que probablemente le ofusca a Haberkorn, y a los comunistas comunes, y es el concepto actual de guerra. Más allá de que el Uruguay declarara en el Parlamento el Estado de Guerra Interna o convencional, en 1972, está bien claro que en nuestro medio se vivió una guerra irregular, también llamada “asimétrica”, o de guerrillas urbanas, y que psicopolíticamente esa era la denominación adecuada para el tipo de enfrentamientos que se vivieran entonces y que siguen en nuestros días como guerra subversiva.

Eso explica por qué si en 1973 la guerrilla convencional lucía aniquilada, no obstante ello, treinta y tantos años después los derrotados bélicamente entonces tuvieran el gobierno del país en sus manos.

En síntesis: todo lo que nos relata Haberkorn es el fruto de mentiras acumuladas durante años, que se multiplican entre sí, generando una infamia gigantesca capaz de confundir a los ingenuos y también a los desinformados.

¿Es Leonardo Haberkorn cómplice de estas infamias o no se da cuenta de la maniobra?

¿Qué piensan ustedes?

Nota de redacción 

Por Leonardo Haberkorn 

Martín Gutiérrez  le mintió al periodista de El País, como ya demostré. Y vuelve a mentir en esta carta, como voy a volver a demostrar.

El artículo titulado “La oscura trayectoria de Martín Gutiérrez y una entrevista frustrada” tuvo un error, el de Acosta y Lara, que se corrigió de inmediato en la edición web del diario. Personalmente aclaré que era una equivocación y cómo se produjo.

Todo lo demás lo ratifico desde la primera letra hasta la última. Es un artículo periodístico serio y documentado, que se basa en testimonios de personas que dan su nombre y apellido, y en documentos que son citados y que cualquiera puede ir a buscar y corroborar su existencia y la fidelidad de la cita.

¿Qué dijeron esas fuentes?

Vegh Villegas y Sanguinetti lo calificaron de nazi. Zumarán y Gonzalo Aguirre lo repudiaron. El prestigioso abogado estadounidense Gregg Bloche lo señaló como un engranaje del terrorismo de Estado. Luis Santo escuchó como Gutiérrez reivindicaba el “fascismo a la uruguaya” en el “300 Carlos”. Mario Moreni relató como Gutiérrez en persona lo torturó pasándole electricidad por su cuerpo. ¿Todos mienten?

Gutiérrez habla de justicia, pero cuando una fiscal lo citó para enfrentarse con Santo y Moreni, primero no fue y luego mandató a sus abogados para zafar con chicanas. El fiscal Perciballe lo tiene en carpeta, con múltiples testimonios que lo indican participando en las torturas en el “300 Carlos”. Cuando lo vuelvan a citar, ¿se animará esta vez a presentarse ante la justicia?

Gutiérrez le mintió a El País cuando dijo que ninguno de sus pacientes se suicidó. Y miente nuevamente en esta carta, cuando dice que jamás indicó electroshocks a los prisioneros.

Cito textual un documento oficial: 

00.08-10.1974. “Dr. Rodríguez: El recluso Rodolfo Fernández Cúneo (N. 846) persiste en sus intentos de autoagresión permanente. Ver la posibilidad de traslado al Hospital para una nueva serie de Electroshocks aconsejados por el Dr. Martín Gutiérrez”.

Se trata de la ficha del preso político Rodolfo Aníbal Fernández Cúneo. Cualquiera puede consultarla en este enlace: https://www.gub.uy/secretaria-derechos-humanos-pasado-reciente/comunicacion/publicaciones/ficha-perteneciente-fernandez-cuneo-rodolfo-anibal

Queda demostrado que Gutiérrez miente.

Un único apunte adicional.

Gutiérrez se enorgullece del contenido de su semanario fascista Azul y Blanco.

Dice en su carta: “Con respecto al semanario Azul y Blanco, debo decir que coincidía habitualmente con su contenido. Éste era cuidadosamente redactado”. Y agrega que no tenía “nada malo o ilegal”.

¡Se solidariza con un semanario que llamaba a marcar y asesinar a los opositores políticos!

“Nada malo o ilegal”.

Dios mío.

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