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¿Sedentario? Dispositivo uruguayo rastrea la actividad física

MedAcel, dispositivo creado en Facultad de Ingeniería, mide la actividad del usuario a lo largo del día

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26 de noviembre de 2018 a las 05:03

Con 10 centímetros de largo y dos de grosor, algo más corto que un celular pero el doble de grueso, MedAcel es un dispositivo creado por alumnos de facultad de Ingeniería de la Universidad de la República para hacer estudios estadísticos. Esta cajita se coloca con una faja bajo el pecho de una persona y va recogiendo datos de su posición y movimiento. Los movimientos que realiza cuando duerme o a qué velocidad camina el usuario son ejemplo de los datos que recaba y almacena en su memoria.

“Nosotros decimos que es un dispositivo vestible”, explicó Nicolás Gammarano, uno de los tres alumnos del Instituto de Ingeniería Eléctrica que hicieron el proyecto. “Decimos vestible, o wearable como se les dice normalmente, en contraposición a implantable”, precisó. 

El equipo tiene un microcontrolador y un acelerómetro, por medio de los cuales toma datos de aceleración de la persona que lo usa y con esos datos clasifica en tiempo real sobre su orientación – si está parada, acostada boca arriba o abajo– y, por otro lado, también mide y deja registro del movimiento y la velocidad.

La primera idea nació de conversaciones con el tutor de su trabajo de fin de carrera, Pedro Arzuaga, quien había trabajado con dispositivos médicos. Arzuaga les propuso distintas ideas o posibilidades. De ese modo, Gammarano junto a sus compañeros, Joaquín Facal y Alex Gurevich, eligieron la meta de construir un dispositivo con esta finalidad estadística.

“La idea es monitorear una persona, qué tan sedentaria es y recabar estadísticas”, agregó Gammarano. “Al final del día, el dispositivo te dice cuánto tiempo estuviste en cada una de las actividades. El motivo de esto es la parte biológica o médica, en las que también se podría aplicar un dispositivo de este tipo, no son cosas de las que sepamos tanto”, comentó.

Lo único más o menos parecido que encontraron durante las primeras etapas del proyecto eran las aplicaciones de los celulares o las que funcionan con relojes que se sincronizan con los smartphones. Pero el uso que se les da es personal, para deportes por lo general, y no suelen recabar datos durante todo un día a fin de medir el total de la actividad o pasividad de una persona.

El proceso completo, hasta que el MedAcel fue presentado en la feria Ingeniería de Muestra, tomó un año. “En el proceso de desarrollo, construcción y pruebas también aprendimos mucho, porque la idea de todo esto que nos propusimos es que a la vez que se buscábamos hacer algo útil y funcional, pudiésemos aprender”, señaló Gammarano.

Uno de esos aprendizajes tuvo que ver con ellos mismos, ya que fueron sus propios conejitos de indias a la hora de comprobar cómo iba funcionando la primera versión del aparato a lo largo de todo un día. Por otra parte, se trataba de un aparato distinto a la versión final, ya que tenía los circuitos y las conexiones expuestas, cosa que exigía más cuidado.

Cuando Alex Gurevich se lo colocó y lo probó durante una noche entera, descubrió junto a sus compañeros, que mientras dormía el aparato registraba una cantidad de giros de 90 grados que a ellos les pareció excesiva. Se había movido de un lado a otro de la cama casi 30 veces a lo largo de la noche. “Pensamos que esto era fruto de un error del algoritmo, pero nos dimos cuenta de que no lo era. Buscando, descubrimos que no era tan raro que alguien se moviera tanto y que el promedio iba por ahí”, dijo a Cromo.

Hubo más pruebas con ellos mismos y muchas de ellas exigían algún sistema extra para certificar que los datos del MedAcel eran acertados o no. Para eso usaron una caminadora, con la que podían testear diferentes velocidades y ritmos, desde caminatas hasta trotes. Las velocidades y distancias que medía la caminadora se contrastaban con los datos que procesaba el MedAcel para poder certificar sus resultados.

Con el aparato sin carcaza y los circuitos a la vista podían ir haciendo los ajustes necesarios si encontraban errores de mediciones. “Una vez que nos aseguramos que no había más fallas hicimos el dispositivo final y produjimos tres copias a un tamaño más compacto”, añadió el ingeniero.

Otro aprendizaje nació a partir de la misma fabricación. “Nunca habíamos encargado la fabricación de una placa de circuito impreso, y eso lo mandamos hacer a Estados Unidos. Les enviás los archivos y te llega la placa con las conexiones y el circuito impreso”, relató. Así hicieron tres prototipos que eran más grandes que esa versión final de 10 centímetros por dos de grosor. Ese pequeño aparato, por ahora, no tiene fines comerciales y sigue a la espera en los salones de Ingeniería. 

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