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Andrés Lima: el intendente que vive entre la cruz y la calle

Andrés Lima no esconde sus creencias religiosas, se codea con comunistas y sigue recorriendo barrios mientras proyecta su reelección

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27 de octubre de 2018 a las 10:45

Por Agustín Herrero

Cuando era niño era el encargado de ordenar cual sería la diversión del día entre los primos. Cada día inventaba un juego nuevo, proponía una idea, pensaba en cómo hacer que aquellas tardes salteñas en plena dictadura fueran más divertidas. Pero más allá de las innovaciones cotidianas había un juego que se repetía siempre: “grandes guerras  de soldaditos contra indios”. Y, al parecer, Andrés Lima siempre hacía ganar a los indios, que eran los más desfavorecidos, cuenta su hermano Álvaro. 

La vocación política de Lima estaba presente en esos juegos. Primero fue edil y luego diputado. Desde hace tres años es el intendente de Salto. 

Católico acérrimo y blanco de muchas críticas y polémicas, Lima es un frenteamplista que provoca desencantos hasta en su propio partido pero que, según dicen las encuestas del departamento, tiene una aprobación ciudadana que ronda el 55% y el 60%. Sus principales apoyos vienen de comunidades cristianas y del comunismo, de donde salen sus tres principales directores: Hacienda, Desarrollo Social y Turismo, aunque paradójicamente él nunca estuvo asociado a ese sector.   

En su despacho, donde fue bendecido por unos pastores evangélicos la semana pasada, entre cuadros con planos de Salto, hay banderas nacionales, placas de agradecimiento de asociaciones de vecinos y una fotografía de Tabaré Vázquez con la banda presidencial que cuelga en la pared a la que Lima le da la espalda. 

“Es mi referente”, dice y cuenta que ese retrato se lo regaló el  presidente cuando visitó Salto hace dos años para la reunión del Consejo de Ministros que se realizó en San Antonio, una localidad en el interior del departamento.

Vázquez es el primer nombre que le sale cuando piensa en un referente nacional y contemporáneo, pero después, cuando analiza mejor la pregunta, responde con orgullo: “primero Artigas, lejos”.

“La determinación, el mantener sus principios más allá de los costos y el ser un adelantado a su tiempo” son las tres cosas que a Lima le generan admiración del prócer. “En su momento no se lo entendió, se le veía como algo malo, algo negativo, pero el tiempo demostró que él tenía mucha razón”, agregó.

Artigas es uno de esos “referentes que marcan” dice Lima y encuentra en su propio comportamiento mucha influencia del héroe nacional. Se siente identificado, “salvando las enormes diferencias”, aclara. Mantener los principios más allá de los costos es una constante que Lima dice que forma parte  de su historial y cuenta tres hechos que, según él, así lo demuestra. 

En febrero de este año, luego de haber sido acusado de nepotismo porque su pareja trabajaba en la intendencia como subdirectora de Gestión Humana, admitió su error, aceptó el consejo que la Junta de Transparencia y Ética Pública (Jutep) dio a los intendentes que tenían a familiares en el gobierno y cesó a su pareja del cargo aunque mantuvo su relación amorosa sin problemas.

Lejos de hacer énfasis en el nepotismo y recordar el hecho como un error que quisiera olvidar, recuerda la situación con orgullo por haber desvinculado a su pareja a pesar de las consecuencias que le podía traer. “Fui el único intendente que obedeció al consejo de la Jutep”, se jacta.

En marzo de 2016 denunció a tres ediles de su propia agrupación política por adulterar boletas. Eso no solo le hizo quedarse sin mayoría en la Junta Departamental sino que los acusados denunciaron a Lima por difamación. En un principio había sido condenado a ocho meses de prisión, pero luego el Tribunal de Apelaciones lo absolvió.

El 25 de septiembre de 2012, fue el único diputado frenteamplista que votó en contra de la ley que despenaliza el aborto porque cree que “la vida comienza desde la concepción” y por sus “convicciones religiosas”. 

Sin embargo, en marzo de 2014, Danilo Astori, quien era vicepresidente, lo acusó de dejar las negociaciones con Asamblea Uruguay para irse con la Lista 711 de Raúl Sendic “a cambio de una suma de dinero”. “Teníamos un acuerdo con un señor que hace política por principio pero lo principios le duraron muy poco; hasta le ofrecieron una suma de dinero para que rompiera el proyecto”, dijo Astori en una reunión de su agrupación política. Desde ese episodio, el enfrentamiento entre astoristas y sendiquistas se agravó. 

La cruz sin peso

Lima no se avergüenza de decir que es cristiano y que su creencia influye en su forma de actuar como político. “En la iglesia hice catecismo, la confirmación, estuve en la pastoral juvenil y después tuve la oportunidad de ser abogado canónico y juez canónico”, enumera. 

Pero cuando se lo consulta si hacerse bendecir por pastores evangélicos en su despacho municipal es violatorio de la laicidad, Lima se pone tenso y enseguida interrumpe: “sobre eso prefiero no hablar porque no están muy claros los límites”. “Hoy vos no sabes dónde termina la laicidad”, dice y se frena sin terminar la frase.

Su hermano Álvaro también habla sobre la polémica que generó esa reunión “bendecida”. “Lo que me llama la atención es que también recibió al obispo nuevo de la diócesis, Fernando Gil, en fines de setiembre y nadie dijo nada, y es más, después de eso participó en la ordenación episcopal, una misa de tres horas que se televisó en vivo y en directo. Estaba sentado en la primera fila y nadie dijo nada”, dice. 

“Como intendente fue a un templo religioso, eso es peor que lo de los pastores”, agrega. 

El hermano del intendente hace estas valoraciones sentado en el despacho donde el jerarca supo atender a muchos como abogado. Entre los libros de derecho nacional, aparecen los libros de derecho canónico. Entre fotografías del intendente en sus inicios políticos, se destaca un retrato religioso de Jesús, y sobre el lienzo colgante, un crucifijo. Entre imágenes de actos del Frente Amplio que yacen bajo el vidrio del escritorio,  hay otra imagen de Jesús y una del Cristo Redentor. 

Pero la misa de todos los domingos de Lima no es dentro de las cuatros paredes de una iglesia. Lima recorre el interior de su departamento todos los domingos, desde hace diecisiete años, con el objetivo de hablar con los vecinos. Antes lo hacía con más dificultades por las limitaciones económicas de la agrupación. Ahora tiene más recursos para ello. 

El recorrido puerta a puerta, casa por casa, es como un sacramento para Lima. Es su forma de evangelizar. Camina por los barrios con su mochila bajo el brazo, se acerca a las casas, habla con las familias. Lo hace los domingos en los pueblos, pero todos los días, mezclado entre conferencias de prensas y actos protocolares, visita algún barrio y recorre alguna obra en la ciudad. “En tres años, sólo me tomé tres días de vacaciones”, dice.

El confesionario de Lima no es enfrente a un cura. Ahí cambia los roles y él es quien recibe en vez de quien visita. En su despacho, todos los sábados, abre las puertas para charlar con algún vecino que viene a presentarle sus problemas. Entre semana, muchos llegan a la recepción del despacho para agendarse una charla con el intendente.

Desde la fuerza política y la oposición le critican que hace mucha política desde la Intendencia. Él prefiere no responderles y el hermano lo defiende y dice que su cargo y la política “son cosas inseparables”. 

La dinastía Lima

Andrés Lima no es de esos políticos que hablan mucho. Es más reservado que confiado, más tímido que extrovertido. Nunca usa traje, siempre vaquero y camisa. Mientras cuenta de su vida en la antesala de su despacho, mueve sus piernas de forma constante. A veces vuelve hacia su escritorio para buscar algo, muestra su bicicleta Scott verde y negra apoyada sobre la pared de un pasillo y explica que la usa todos los días “para hacer un poco de ejercicio y despejar la cabeza”. 

El deporte siempre estuvo relacionado con el intendente. En su juventud jugó al fútbol, hacer ciclismo  y hasta probó unos años ser juez de básquetbol. 

Pero su carrera como estudiante de derecho era la prioridad. Y fue en esos años finales, mientras estudiaba leyes en la sede norte de la Universidad de la República, cuando el Lima político nació. Al comenzar con las prácticas  de consultorías jurídicas, ese joven que siempre había vivido en pleno centro, se enfrentó a otras realidades. “Conocí otro Salto”, dice y recuerda con gratitud las clases de una profesora que insistía con la importancia de expandir los horizontes.

Para meterse en política solo tuvo que cruzar la cuadra que separaba a su casa de la sede del Partido Demócrata Cristiano. Allí comenzó doblando listas y terminó siendo edil cuando el Frente Amplio consiguió la intendencia de Salto por primera vez en su historia de la mano de Ramón Fonticiella. En agosto de 2009 se separó del partido para formar la Agrupación Humanista “Armando Aguirre” y en octubre su lista, la 888, votó al Senado por el MPP. En esa elección se convirtió en diputado.

Una de las críticas que se le hacen desde la oposición es que como representante nacional no presentó ningún proyecto de ley durante los cinco años que ocupó su banca. Y los registros le dan la razón a los opositores. Pero Lima aclara: “Presenté muchos proyectos pero la fuerza política decidió no llevarlos adelante”.

En 2014 fue reelecto diputado, pero renunció a la Cámara de Diputados para convertirse en intendente en 2015. Dos años después, se desvinculó de la agrupación que él mismo formó y creó un nuevo sector: Movimiento Social Grito de Asencio.

Esa desvinculación a la Agrupación Humanista, fue un “alivio” para muchos de los que aún continúan en el grupo, como su líder Felipe Mutti o la diputada Catalina Correa. Ambos lo acusan de querer generar una dinastía junto a su hermano: la “dinastía de los Lima”. 

“2019 Álvaro Lima diputado, 2020 Andrés Lima reelecto, 2024 Andrés Lima al Senado, 2025 Álvaro Lima intendente y 2030 vuelve Andrés a la Intendencia”, fue el planteo del intendente a su agrupación según Mutti. 

Lima da rodeos para responder esas acusaciones. Comienza diciendo “mi hermano no quiere ser diputado” aunque asegura que él buscará la reelección. Luego admite su deseo de que su hermano tenga más participación en política. “Nosotros formalmente nunca hicimos un planteo así” , dice aunque admite que en la interna  de su agrupación “tuvieron mil y una conversaciones”. 

Su hermano Álvaro es más directo: “si la gente te vota y te da su apoyo, ¿cuál es el problema?”, cuestiona.

De recorrida en silencio

“Pero Andrés, ¿cómo andás querido?”, le pregunta un hombre que se lo encuentra en una conferencia de prensa convocada para dar el cronograma de las nuevas obras que su administración realizará en la ciudad. 

Antes de eso, había recorrido las remodelaciones de unos baños en las Termas del Daymán. Muchos se acercan a saludarlo, uno le pide una selfie, otros se sorprenden al verlo.

Lima se traslada por la ciudad  en una DFM doble cabina, una camioneta china, blanca, del 2008. En la parte de atrás, dos botas negras de trabajo y dos botellas chicas y vacías de Coca-Cola están tiradas en el suelo. Adelante maneja Pablo, su chofer , mientras el intendente habla por teléfono, contesta mensajes y escribe en su agenda. 

“Mirá que tengo fotos, estoy  a las órdenes”, ofrece el chofer que también hace de fotógrafo. “Te puedo pasar algunas de la bendición de los pastores”, bromea y mira a Lima esperando alguna reacción.

Pero el intendente ni se inmuta. Tampoco lo hace cuando sus opositores -propios y ajenos- lo reprochan. “Desde que fue intendente no le gusta que lo critiquen”, dijo la diputada Correa en un medio local . Él lo ve diferente, prefiere callar. Su hermano lo explica mejor: “Cuando vos no contestás, hacés silencio y demostrás trabajo, ese ruido se va apagando”.
 

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