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29 de abril 2023 - 5:01hs

No pudo contener el movimiento: sus brazos se contorsionaron y sus piernas dieron saltos incontrolables en el calor de un día de verano. El movimiento comenzó silencioso, como una imperiosa necesidad en el cuerpo de Frau Troffea que empezó a bailar en medio de la calle sin música ni compañía, pero pronto fueron decenas los que se rindieron ante la danza involuntaria. Con las ropas empapadas en sudor, los pies ampollados, las gargantas secas y los corazones exigidos a bombear sangre cada vez más rápido una “fiebre de baile” se extendió de cuerpo en cuerpo hasta agotarlos: la Coreomanía.

La increíble epidemia de baile tuvo lugar en Estrasburgo, entonces parte del Sacro Imperio Romano Germánico, en 1518 y terminó con más de 400 personas bailando sin sentido y sin música tres meses después. Muchos bailaron hasta morir ante la incrédula y desesperada mirada de sus vecinos.

John Waller, autor de  A Time to Dance, A Time to Die: The Extraordinary Story of the Dancing Plague of 1518, explicó en una columna para The Guardian que si bien a los burgueses que gobernaban la ciudad no les parecía nada entretenido el espectáculo, decidieron consultar sobre los motivos de la danza imparable. Según el conocimiento médico del momento podría ser consecuencia del “sobrecalentamiento” de la sangre en el cerebro. 

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"Baile de casamiento" (1568), de Pieter Brueghel el Viejo

¿Cuál sería entonces el tratamiento? Seguir bailando. La directiva fue unánime: se instaló un escenario y se constataron músicos para que los hombres, mujeres y niños en trance pudieran aplacar el calor de sus cerebros hirvientes. Pero los días pasaron, los músicos se cansaron y ellos seguían bailando.

“El consejo sintió que había cometido un error. Al decidir que los bailarines sufrían de ira santa en lugar de cerebros candentes, optaron por un período de penitencia forzada y prohibieron la música y el baile en público. Finalmente, los bailarines fueron llevados a un santuario dedicado a San Vito, ubicado en una gruta mohosa en las colinas sobre el pueblo cercano de Saverne, donde les colocaron zapatos rojos con los pies ensangrentados y los condujeron alrededor de una estatuilla de madera del santo. En las semanas siguientes, dicen las crónicas, la mayoría cesó en sus movimientos salvajes. La epidemia había llegado a su fin”, escribe Waller. 

"Coreomanía en una peregrinación a la Iglesia de Sint-Jans-Molenbeek", grabado de Hendrick Hondius (1642) a partir del dibujo de Pieter Brueghel 'el Viejo'

Pero el saldo fue irreparable: epilepsia, derrames, caídas e infartos. Después de bailar sin parar durante días y noches, algunos cayeron y no se volvieron a levantar.

Si bien los investigadores coinciden en que fue el primer episodio de la plaga que fue registrada, no fue la única: fue parte de un fenómeno social en la Centroeuropa de los siglos XIV y XVII. Incluso hay referencias a un antecedente en la víspera de Navidad de 1021 cuando una veintena de personas habrían sido maldecidas por un sacerdote en la ciudad alemana de Kölbigk que los obligó a bailar durante un año entero. 

Según un artículo publicado en el revista especializada The Lancet, la vida en Estrasburgo a principios del siglo XVI satisfacía otra condición básica para el estallido de la enfermedad psicógena: “Las crónicas registran mucho el malestar que provoca un elevado nivel de sugestionabilidad”.

“Los conflictos sociales y religiosos, las nuevas y aterradoras enfermedades, las malas cosechas y el aumento de los precios del trigo provocaron una miseria generalizada. Un cronista describió 1517 con conmovedora brevedad como un “mal año”. El verano siguiente, los orfanatos, hospitales y albergues estaban repletos de desesperados. Estas eran las condiciones ideales para que algunos de los necesitados de la ciudad imaginaran que Dios estaba enojado con ellos y que San Vito acechaba sus calles”.

La maldición de San Vito era vista como una posible causa en la época. Ya no. Algunas teorías modernas intentaron encontrar una posible razón en una intoxicación alimentaria. Lo intentaron vincular a la ingesta de cornezuelo –un hongo que afecta a una variedad de cereales como el centeno o la cebada– y que puede tener efectos lisérgicos que puede causar alucinaciones y convulsiones. Pero es una hipótesis que no termina de convencer a los investigadores.

Waller sugiere en su libro que una de las causas pudo vincularse a un episodio de extrema hambruna. "La gente de Estrasburgo y sus alrededores experimentaron una angustia similar en 1518, después de una sucesión de cosechas espantosas, los precios más altos de los granos durante más de una generación, el advenimiento de la sífilis y la recurrencia de asesinos tan antiguos como la lepra y la peste negra. Incluso para los estándares agotadores de la Edad Media, estos fueron años muy duros”, sostuvo en el artículo de la revista científica.

De repente, estoy bailando

Bailar después de las crisis puede ser una salida al estrés y el agotamiento emocional. La historia de la "epidemia de baile" –que a esta altura no es mucho más que un relato curioso del pasado– es resignificada en la salida de una pandemia mundial que redujo el cuerpo a un vector de contagio. Una forma de reapropiarse del cuerpo, su movimiento y la capacidad comunicativa de la danza.

La infiltración de la coreomanía, o esa imposibilidad de parar de bailar hasta caer rendidos, puede encontrarse en la literatura, la música y el cine; desde El séptimo sello hasta Midsommar. Pero especialmente después de la pandemia de Covid-19 es una imagen que vuelve con fuerza.

I don't know how it started
Don't know how to stop it
Suddenly, I'm dancing
To imaginary music
Something's coming, so out of breath
I just kept spinning and I danced myself to death

Dance Fever, el quinto álbum de Florence + The Machine fue lanzado en 2022, después de cuatro años sin música nueva.  Florence Welch, la frontwoman de la banda, se encontró fascinada por el episodio de Coreomanía que se expandió por Europa antes de que la pandemia de Covid-19 la obligara a aislarse en Londres. La fiebre de baile resonó en ella y volvió a sacar un álbum de grandes canciones que llenan estadios.

Instagram @florenceandthemachine Dance Fever North America Tour

Choreomanía es, de hecho, el título del tercer tema del álbum. “Me hablaron de esta plaga danzante y caí en una madriguera de conejo con ella. Hubo un brote específico en Estrasburgo donde 400 mujeres bailaron hasta morir. Lo que encontré tan fascinante al respecto es que tienen tantas teorías sobre por qué sucedió. Una de ellas, que me pareció muy interesante, fue que pudo haber sido psicológica por el estrés, por todas las otras plagas que estaban pasando, por lo dura que era la vida en la Edad Media. Era como un fenómeno psicológico, y realmente me identifiqué con [eso]”, dijo en una entrevista con NPR.


El baile como un incontrolable ritual de liberación. "Escucho la música, siento el ritmo y por un momento cuando estoy bailando, soy libre", canta Welch en Free. La danza como catalizador de emociones más que como un castigo divino.

La cantante habló sobre esa capacidad transformadora de la danza en una entrevista con The Guardian, esa posibilidad de sacudirse las penas cuando se sacude el cuerpo: "Es implacable, y luego bailaré y será como, '¡Dios mío, se fue!' Y se trata de querer darles a otras personas ese sentimiento también".

Dance Fever fue lanzado junto a una serie de videos conceptuales que fueron grabados en noviembre de 2021 en Kiev, antes de la invasión rusa el 24 de febrero, con la directora Autumn de Wilde y el premiado coreógrafo Ryan Heffington. Las referencias a la fiebre de danza, y también a la caza de brujas, atraviesan el proyecto audiovisual con una coherencia y una expresividad cautivantes. 

Seguir bailando: una serie de actividades en Montevideo 

Este sábado se conmemora el Día Internacional de la Danza y el Sodre, a través del Ballet Nacional Sodre (BNS) y la Escuela Nacional de Formación Artística (Enfas), organizó una agenda de actividades para compartir la danza con quienes deseen participar.

Danza contemporánea, danzas folclóricas y pre-ballet serán parte de los talleres que ofrecerá la Escuela de Formación artística, así como un taller de “danza para todos los cuerpos” en el que integran a personas con y sin discapacidad. Si bien los cupos para los talleres están completos, habrá dos actividades que no requieren inscripción previa. 

Entre las 9:00 y las 10:30 los bailarines de la compañía del Ballet Nacional del Sodre harán una clase abierta al público en el hall principal del Auditorio Nacional Adela Reta.

En la tarde, entre las 17:00 y las 19:00 se organizará una milonga a cargo de docentes del área de Tango de la Escuela Nacional de Formación Artística. La actividad comienza con una práctica guiada de 30 minutos que se transformará en una gran milonga y está destinada a personas con o sin experiencia y se puede participar o simplemente mirar.

"Con llagas en los pies, empezó a bailar de nuevo"

En noviembre de 2021 el escritor mexicano Daniel Saldaña París publicó El baile y el incendio (Anagrama), la novela que cuenta el reencuentro de tres amigos en Cuernavaca, una ciudad rodeada por el fuego y la amenaza latente de una epidemia de danza que fue finalista del Premio Herralde de Novela.

Es al mismo tiempo una especie de bitácora de creación de Natalia, una coreógrafa que desarrolla una investigación para una pieza de danza contemporánea que va a montar en el Jardín Borda y que se entremezcla con sus propios incendios personales. Una mujer obsesionada por la coreomanía y las bromelias que sobrevive al lado de con una artista machista y sesentón que vuelve a ver a un amor adolescente.

Daniel Saldaña París, El baile y el incendio

“Me interesaba hablar del proceso creativo, coreográfico, en el caso de la protagonista, pero que es extrapolable a mi labor de escritor: esta especie de paranoia del significado que implica que todo se relacione con lo que estás haciendo o la sensación de que lo que te pasa puede alimentar al libro o, en su caso, al baile", dijo el escritor en una entrevista con el periódico mexicano Jornada. 

“Eso me permitió integrar todos esos universos que van de la botánica a la historia, y a la historia del arte; que confluyeran de manera natural. Para mí, escribir es ponerse en percepción, donde empiezas a encontrar vínculos entre cosas que aparentemente no están relacionadas. Esa capacidad de tejer elementos distantes tiene mucho que ver con el arte y el proceso creativo”, comentó.

El recurso de la coreomanía es una forma de poner en el cuerpo de la protagonista otras historias de histerias colectivas y estados alterados de conciencia. Otra pandemia. “Había una crisis social y una climática que iban de la mano, y eso detonaba una especie de locura colectiva o de crisis colectiva en la población; entonces, me interesó hacer ese paralelismo medio apocalíptico con la Edad Media”, explicó Saldaña París.

¿Qué podría pasar si, de un momento a otro, el contagio se convirtiera en movimiento? "Qué cosas. Nunca me hubiera esperado vivir algo como esto. Y lo que me parece más perturbador de todo es algo que dijeron después en la radio dos doctores que estaban comentando los hechos: que los contagiados, los que bailaban, sentían una especia de alegría, un júbilo inexplicable, como si de repente les quitaran de encima un abrigo muy sucio", dice Conejo –el tercero de los amigos– en la novela.

"Los que se recuperaron, los que vencieron el hechizo absurdo que los obligaba a sacudirse y a tomarse de las manos y avanzar en círculos, esos viven con una sonrisa dulce en los labios, recordando los días, las semanas de ligereza y baile, la primera epidemia de danza desde la Edad Media, ese acontecimiento sagrado o maldito que se cobró las vidas de más de cuatro decenas de morelenses, esa revolución sin programa ni resultado que arrebató a niños y muchachas durante catorce días".

Una epidemia de baile puede ser una maldición, pero también un movimiento de protesta o de liberación emocional. Bailar, en definitiva, es un acto revolucionario. Baile

Temas:

Edad Media

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