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Bolsonaro y las reformas que prometió: los mercados pierden su confianza

El presidente enfrenta problemas con su agenda político-económica y comienza a desilusionar a los mercados.  

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25 de mayo de 2019 a las 05:04

La actitud provocadora que llevó al poder a Jair Bolsonaro, se ha convertido en su peor enemigo en el ejercicio del poder. Un presidente que necesita cada voto del Congreso para avanzar en sus reformas económicas, vive despotricando contra los políticos e insulta a quienes lo critican o enfrentan. Los mercados empezaron a reaccionar negativamente contra la impronta presidencial. La revista Veja dedicó el tema central de su edición del 22 de mayo a lo que tituló “Alerta de tsunami”, con una portada impresionante en la que se ve al mandatario de pie ante una ola gigantesca que se le viene encima. Veja no escatimó páginas para explicar cómo la articulación política brasileña está fragmentada, la economía prácticamente en recesión, protestas populares (un millón de personas se movilizaron el viernes 15 en contra del recorte del 30% del presupuesto para las universidades federales, quedando el ministro de Educación, Abraham Weintraub expuesto en una incómoda situación política) y acusaciones contra el senador Flàvio Bolsonaro, hijo mayor del mandatario, por presunto lavado de dinero y negocios turbios en el sector inmobiliario, según destapó la prensa.

“Están escrachando a mi hijo.¿Quieren alcanzarme a mí?¡Que vengan! ¿Quieren levantar mi secreto (bancario)? Tendrían que tener un motivo, pero yo estoy dispuesto a levantarlo. No me van a agarrar”, desafió furioso el mandatario durante un viaje a Dallas, la semana pasada. Todo le salpica o se devuelve en contra al polémico presidente que exhibe una forma muy radical al impulsar  su agenda política conservadora, lo que le está generando problemas en distintos planos, incluso con Amnistía Internacional, organización que se ha opuesto fuertemente a la liberalización del porte de armas en Brasil, y que acusó al gobierno de ser una amenaza para el respeto a los derechos humanos. 

La semana pasada, Bolsonaro no  tuvo más remedio que rectificar aspectos  de su decreto que autoriza el porte de armas para determinadas categorías, ante la lluvia de  críticas por constatarse una brecha que facilitaba a civiles la adquisición de fusiles.
Analistas advierten que el presidente podría enfrentar una crisis de gobernabilidad. No pocos afirman que está dilapidando su capital político y que cada vez más la agenda de su gobierno corre riesgos en el Congreso por sus continuas peleas y enfrentamientos. 
Los agentes económicos creían que la reforma jubilatoria se iba a aprobar más rápido y advierten como uno de los problemas no previstos la falta de competencia política del presidente en la negociación. “Usa y abusa de la provocación y el insulto que moviliza a los suyos. Algunos analistas políticos señalan que eso lo instrumentaliza para esconder su incapacidad para establecer pactos políticos y así dominar la agenda de qué se habla en los medios de comunicación”, resume un análisis del diario La Vanguardia. Es por eso que los mercados están perdiendo confianza en la capacidad de Bolsonaro para liderar  las reformas de Brasil. 

El alza rápida de la economía fue la promesa del propio Bolsonaro y de su ministro de Economía, Paulo Guedes, en plena campaña electoral, pero ya ha pasado casi medio año y el país le cuesta tomar impulso. De nada le sirve que la Cámara de Comercio Brasileño-Americana lo haya premiado recientemente con el galardón de “Personalidad de año”, cuando a la hora de la verdad Bolsonaro no está logrando el apoyo político que necesita para llevar adelante sus planes de reforma. Este domingo, tendrá lugar una movilización a favor del gobierno (alentada inicialmente por el propio Bolsonaro), en contra del Congreso y del Supremo Tribunal Federal, como forma de presión para intentar radicalizar el proceso político a favor del oficialismo. Pero claro está que esa movilización no será suficiente para que la agenda política y económica de Bolsonaro fluya; por el contrario, podría alimentar el escenario de confrontación con repercusiones en el mercado.
Este mes el propio Guedes redujo su previsión de crecimiento económico de Brasil de 2,25% (dado en enero) a un magro 1,5% para este año, y dijo que el país está  “en el fondo del pozo”.  

Las proyecciones de organismos internacionales también están siendo revisadas a la baja, ante la percepción de falta de dinamismo del gobierno y de los actores económicos que debilitaron el crédito, las inversiones y el consumo. El FMI corrigió sus proyecciones de 2,4% a 2,1%; y la Cepal hizo lo propio de 2,1% a 1,8%. Las proyecciones más pesimistas afirman que podría darse una recesión (definida como dos trimestres consecutivos de contracción de la economía), desencadenada por la crisis política interna y factores externos.
Sin embargo, lo que más pesa en este momento sobre el gobierno de Brasil es la polarización política interna para la aprobación de medidas económicas. La agenda promercado de Bolsonaro o avanza lento  en el Congreso, como la vital reforma jubilatoria o está trancada. En ese escenario, la deuda pública de Brasil siguió aumentando (US$ 1.425 billones, lo que representa el 76,6% del PIB), la producción industrial cayó 2,2% en el primer trimestre y el beneficio reportado por Petrobras bajó 42% en comparación al mismo período de 2018. 
En cuanto el índice de desempleo, subió a 12,7% y se estima que es mucho más considerando que millones de brasileros no se registran como desempleados. 

Las “famosas” jubilaciones  

La reforma del sistema previsional es central para el gobierno. La propuesta es aumentar los años de cotizaciones y  generar unos  US$ 303 mil millones en ahorros durante la próxima década.  El presidente dijo que Brasil “es un país maravilloso que tiene todo para funcionar, pero el gran problema es nuestra clase política”, molesto por las dificultades que enfrenta su reforma previsonal en el Congreso.  “Tenemos que cambiar eso”, agregó el mandatario ultraderechista en un encuentro con industriales. Para el gobierno ese proyecto es vital para equlibrar las cuentas públicas deficitarias. Pero muchos legisladores no comparten el plan y se oponen. El Partido Social Liberal (PSL), la formación política de Bolsonaro, solo tiene 10% de los 513 escaños en una Cámara con cerca de 30 partidos, lo que significa que necesitará alianzas para concretar sus metas. 

El gobierno aspira a que el plan de pensiones se apruebe cuanto antes (tal vez en el primer semestre de año, aunque eso ya es demasiado en el contexto actual de país), para luego presentar sus propuestas de reforma tributaria, que buscarían la simplificación del sistema y la consolidación fiscal, entre otras iniciativas.  La reforma jubilatoria fue declarada admisible por una comisión de la Cámara de Diputados el 24 de abril, pero el proceso debe continuar y está tomando más tiempo del previsto inicialmente. Además, hasta ahora ha sido aprobado con modificaciones, por lo que podría verse disminuido el impacto esperado en la economía.

Concreciones

Pero no todos los planes de Bolsonaro estén trancados. De hecho, el gobierno ha concretado privatizaciones aplaudidas por el mercado.
En los últimos cuatro meses, Brasil concedió al sector privado 12 aeropuertos regionales, seis terminales portuarias y el tramo central del ferrocarril Norte-Sur, eje del transporte ferroviario del país, entre otras concesiones.

Su objetivo es superar el 40% de la meta de privatizaciones de US$20 mil millones establecida para este año, según explicó el ministro Guedes. También ha logrado avances en achicar el Poder Ejecutivo.Pero Bolsonaro necesita concretar más acuerdos  en el Congreso, además de la controvertida reforma previsional. Por ejemplo, Guedes ha señalado que Brasil precisará contraer un crédito adicional de US$ 60 mil millones en el mercado financiero, para el pago de jubilaciones y planes sociales. El problema radica en que, para obtener esos recursos, el ministro deberá contar (una vez más) con la aprobación del Congreso, ya que la búsqueda de esos créditos solo puede realizarse con fines de inversión y no para cubrir los gastos corrientes. Menudo detalle con congresistas molestos y un presidente muy polémico. 

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