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11 de diciembre 2023 - 5:05hs

El próximo 18 de enero se estrenará en la sala Undermovie la obra El juego: inicios, una de las pocas producciones de terror que se han hecho en el teatro uruguayo. La obra, actualmente en ensayos, es la adaptación local de una obra argentina, la segunda entrega en una trilogía escrita y dirigida por el dramaturgo argentino Francisco Ruíz Barlett.

Es la segunda, pero al tratarse de la que se ambienta en primer lugar en la cronología de la saga, y al no tener una conexión tan explícita con las otras dos obras que conforman la tríada, será la primera en hacerse en el país, tras la buena recepción que ha tenido en su país de origen.

“Tiene algunas particularidades, quizás algo de la temática y el género que puede acercar un poco más de público que no necesariamente va regularmente al teatro”, considera Ruíz Barlett sobre los resultados que ha cosechado la saga El juego hasta ahora, y que aspira a replicar en Uruguay, donde el director y también actor está actualmente trabajando también en la serie de Cris Morena Margarita, que se está rodando en Montevideo.

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Mientras prepara el estreno de esta obra, que se ambienta en la década de 1940 y sigue a un grupo de jóvenes que realizan un ritual y terminan involucrados en el dueño contra un demonio, el argentino contó algunos detalles de qué se puede esperar de esta puesta en escena, así como de su vínculo con el terror.

¿Cómo es  llevar el terror al teatro?

Es una aventura que comenzó hace cuatro años ya, expandiendo el género e investigándolo. Siempre fue un género que me convocó, y hace algunos años como dramaturgo y como director vengo teniendo una mirada con respecto al teatro más vinculada a generar emociones o sensaciones que a generar entendimiento, y creo que algo de la riqueza que tiene en sí mismo el género es que vos no podés mantenerte al margen. O te gusta o no te gusta, pero es una obra que te invita realmente a un ritual y creo eso es lo que hizo que sea un éxito en Argentina con un récord de ventas muy llamativo.  Creo que puntualmente tiene que ver con eso, con acercar público que no es habitué del teatro y que sí hay un público amante del género de terror, la puedan ver.

Creo que el trabajo a nivel dramatúrgico y de dirección se asemeja en cierta medida a la comedia en el sentido de que es muy aritmético el engranaje, porque vos lo que tenés que generar es que el golpe venga de donde tiene que venir, que el silencio ocurra cuando tiene que ocurrir, que los actores miren al mismo tiempo lo que tienen que mirar, entonces hay una matemática interesante que se diferencia bastante de otro tipo de espectáculo teatral y que creo que es algo que termina siendo muy atractivo.

Si bien el espectador no es partícipe de esta matemática, sí hay una idea de partitura en toda la obra. Como preparar el golpe, preparar el silencio, preparar el grito. Ese trabajo es gustoso no solo para mí como director sino también para actores y actrices que se embarcan en una manera distinta de cómo encarar el proceso teatral.

¿Cómo son los mecanismos que tenés que tener aceitados en el momento de generar una obra de este tipo?

No hay audio, ni se usan los parlantes y te diría que mayoritariamente el campo lumínico está absorbido por linternas que tienen los chicos en escena. Creo que el mayor trabajo tiene que ver con la sugestión y te diré que es lo que más me convoca y me sorprende en cada función, es que en la sala no se mueve una mosca, es un clima de mucha tensión, con un trabajo muy sutil con respecto a la partitura que de repente vos te sentás a ver una obra de terror y al principio te encontrás como con una comedia, con chicos de 20 años en los años 40 con todos los bretes de la edad y el amor y el que te gusta más y el que te gusta menos, y sutilmente se va colando el terror. Creo que lo que realmente resulta sorpresivo es ver el descenso de este grupo de amigos que empiezan con esa inocencia de jugar a un juego nuevo que es la ouija, y terminan en situaciones realmente muy extremas.

Francisco Ruíz Barlett

¿Cuáles son las influencias de esta obra?

Está demasiado atravesada por muchos canales, pero sí reconozco en mi infancia que me gustaba leer a Elsa Bornemann, ¡Socorro! y todos esos cuentos y libros de terror que siempre me inquietaron. Creo que fiel a esta convicción que tengo hoy como dramaturgo y como director, me gustaba la sensación que me generaban los libros de terror, que quizás particularmente generan una emoción muy distinguible y que siempre me resultó atractiva. Pienso que también el terror se vincula con una sensación muy primitiva, el miedo es una sensación primitiva. Veo cine de terror que también me convoca, pero tampoco sé si soy un amante del género, más bien pienso que esto es un rebote de esta búsqueda de hacer que el espectador esté vivo, que el espectador no se siente a tener un rol pasivo frente a la obra sino que por el contrario, su misma tensión es la que termina siendo sustancia creativa a la hora de hacer la obra.

La obra está construida del mismo silencio que trae el espectador, del mismo miedo. Lógicamente hay un par de momentos donde el público se expresa porque otra cosa interesante del miedo es que te hace manifestar gritos o expresiones poco comunes en el teatro y eso también es muy divertido de experimentar.

Involucrar al espectador para que sea parte, sin ser parte de la obra.

Esa visión del teatro es sin duda la que más me convoca. A mí no me gusta la idea de ese teatro de identificación, por así decirlo, en el cual el espectador simplemente se sienta a que le den comida chatarra, masticada. Me parece que tampoco es un propósito del arte. Creo que en definitiva como autores siempre tenemos que tratar de que el espectador se vea atravesado por la obra y se vea modificado por la obra.

Quizás es una pretensión ambiciosa, pero como bien decía Borges, mejor es que las hipótesis sean interesantes aunque después en la vida eso no ocurra.

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