Los pensamientos negativos sabotean nuestra mente, y no saber mantenerlos a raya tiene un impacto negativo en nuestra vida personal y laboral. En este último escenario, quedarse sin empleo es uno de los temores más habituales y, si se convierte en obsesión, modifica la conducta y resulta pernicioso para la eficacia profesional.
Ángela Sánchez, responsable de Recursos Humanos de la consultora Grupo Gefiscal, explica que este convencimiento “en ocasiones obedece a meros presentimientos o sensaciones”, por eso conviene no adelantarse a los acontecimientos.
“Al final se sufre el doble, y tanto los resultados como la productividad se ven amenazados”, explica.
Puri Paniagua, digital & tech regional head Iberia & Latam de Pedersen and Partners, asegura que el vértigo del despido se supera analizando rápidamente qué pasó: “Es importante el ‘qué tengo que aprender’, ‘qué podría haber hecho distinto’ y ‘qué parte de responsabilidad tengo ahí’. Pasado cierto duelo inicial hay que pensar en el futuro”.
Subraya Paniagua que hay profesionales que permanecen mucho tiempo en el rencor o en la animosidad y esas emociones no aportan nada positivo.
Prevenir
Dejando a un lado el aspecto humano, Ignacio Belinchón, socio de Moebius Consulting, cree que si las sospechas de un despido no son infundadas, ponerse en contacto con un abogado laboralista es la mejor opción: “Muchas veces se nos olvida mantener a buen recaudo nuestro contrato, evaluaciones de desempeño y otra documentación necesaria para recibir un buen asesoramiento. Es fundamental proporcionar todos los datos a quien nos asesore”.
Si finalmente el despido se confirma, además de tener en cuenta la parte burocrática, Ruiz anima al profesional a trabajar su marca personal, aún más, dentro y fuera de la organización: “La reputación está en manos de aquellos que se quedan y el empleado ha de asegurarse de que su versión también permanece para que su profesionalidad nunca quede en entredicho, que se considere su salida natural y la credibilidad sobre su talento intachable”.
Y volviendo sobre las emociones, Chapado dice que “importa mucho desterrar dos sensaciones altamente tóxicas: el sentido de culpa y el de vergüenza. Es muy recomendable difundir nuestro nuevo estatus y, así, comenzar a sembrar un terreno nuevo”.
(Expansión - RIPE)