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Maylín Tourn y Noemí Schur en la conferencia virtual de la Cancillería uruguaya

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De Young a Afganistán: el recorrido de las uruguayas que fueron a ayudar a Kabul y tuvieron que huir

“Muchas veces decimos 'en Uruguay hay necesidad'. Sí, es cierto, hay necesidad, pero también hay millones que pueden suplir esa necesidad", responden cuando les preguntan por qué Afganistán

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27 de agosto de 2021 a las 14:44

La vocación de servicio las llevó de Young, en Río Negro, a Afganistán. Así, con un paso intermedio por Montevideo, fue el camino de Maylín Tourn, aunque para Noemí Shur hubo más escalas: Kazajistán y República de Georgia. El objetivo era el mismo para las dos mujeres uruguayas que la semana pasada debieron ser evacuadas del país asiático en medio de la amenaza talibán.

La idea fugaz de cambiar el mundo que puede surgir a la hora de tener contacto con el sufrimiento ajeno es la conducta fija de Tour y Shur, que lo llevan como bandera diariamente.

En dos mujeres cristianas, la fe lo alimenta pero no lo suple. “Es más importante dar que recibir, cuando yo doy me nutro y me siento realmente realizada. Me siento bien, que mi vida vale la pena, que pasar lo que pasé valió la pena porque hice todo lo que yo podía hacer. No hice más porque no podía, pero valió la pena”, resumió Tourn durante la charla que las dos mujeres mantuvieron con El Observador desde Sulzbach-Rosenberg (Alemania) una semana después de haber abandonado Afganistán.

Shur fue profesora de matemática en Young -de donde ambas son oriundas- y luego estudió química en el Instituto de Profesores Artigas (IPA), asignatura que después ejerció en Montevideo. “Siempre me gustó servir, ayudar”, contó. Colaboró con la ONG “El Coyote” en Malvín Norte con proyectos para mujeres, y además ayudó en la Iglesia. En su caso había llegado a Afganistán hacía poco más de dos meses.

Tourn es profesora de física y dio clases en barrios carenciados de Montevideo donde ayudaba a sus estudiantes “con todo lo que podía”. Actualmente es la directora nacional de Shelter Now International en Afganistán.

Entre el 2006 y el 2007 Shur se anotó para ser voluntaria. “Siempre querés hacer algo más, no sé... Ya grande, ya con los años, quería hacer algo. Es una convicción. Soy cristiana y quería hacer algo más. No es solo vivir un cristianismo de palabra, sino real, de servir a los demás”, afirmó.

Tourn fue por primera vez a Afganistán en 2008 y no realizó -como suele hacerse- un “viaje exploratorio”. "Yo vine a quedarme y a ayudar", rememoró que respondía en aquel momento. “¿Y si no te gusta?, le preguntaban. "Y si no me gusta, me gustará, porque yo decidí venir y me voy a quedar acá'”, agregó.

Así, Tourn y Shur sintieron que para ayudar había que viajar más de 14 mil kilómetros. “Muchas veces decimos 'en Uruguay hay necesidad'. Sí, es cierto, hay necesidad, pero también hay millones que pueden suplir esa necesidad y dejar de mirarse el ombligo. Perdón por lo que digo, pero es una realidad (…) El que dice que en Uruguay hay necesidad que primero él se mire para ver si está haciendo algo. En mi caso tengo la conciencia tranquila que lo hice, cuando vuelvo hago cosas y me dedico a eso”, afirmó Tourn, que es la que llevaba más tiempo en el país asiático.

Tourn habla dari -antiguo persa- (no lo escribe ni lo lee) y Shur “lo básico” -habla bien ruso y georgiano por sus misiones anteriores-. Destacan que los afganos son amables y hospitalarios y las invitaban a tomar té a toda hora.

¿Qué hay detrás de alguien que tiene la ayuda como motor? “Para todo el mundo ahora (lo importante) es tu realización personal. A mí, como persona, mi realización personal es ayudar a otros y por ahí una persona cambia. Es una persona, pero si todos lo hacemos logramos cambiar mucho más", sintetizó. “Vivir lo que crees es lo más importante”, aseguró Shur.

La decisión les implicó, entre otras cosas, dejar su “buena vida” en Montevideo y adaptarse a una cultura en la que un argentino pide por favor que no le estreches la mano cuando te recibe en el aeropuerto porque eso le puede traer un problema, como le pasó a Tourn. Olores que no conocían, ruido de tiros y coche bombas que explotan, tener que caminar detrás, el idioma, entre otras tantas cosas a las que se adaptaron.

Trabajo social de Shelter Now Internacional en Afghanistan, en el que participan las uruguayas Noemí Schur y Maylín Tourn

Sus últimos días en Afganistán

Un mes antes de tener que evacuar Afganistán tenían que ir a hacer un proyecto social a otra zona y les dijeron que mejor no fueran, que el panorama se estaba complicando. Después evacuaron a una familia con niños de otra zona del país y a partir de eso comenzaron los protocolos de emergencia que les permitió tener “todo pronto” en dos días y poder irse. “Vamos a prepararnos para lo peor y vamos a pensar lo mejor”, era el lema que las regía mientras hacían lo imposible para ordenar los papeles y pagar sueldos.

El día que el presidente, Ashraf Ghani, huyó del país, no tuvieron línea telefónica ni internet "por horas". "Vimos que algo pasaba. Había aviones por todos lados y después de eso nos enteramos que era el presidente que se había ido. Cerraron todo y lo van a volver a hacer”, lamentó Shur.

Tanto es así que tenían un pasaje para el 19 de agosto, aunque todo terminó precipitándose unos días antes. Lograron irse en un vuelo de la Fuerza Aérea alemana que les consiguió Cancillería uruguaya. “Estos vuelos tendrán que ser costeados por la organización o por nosotras, pero nada por el Estado uruguayo, nosotras pedimos la ayuda diplomática. No sabemos si el Estado alemán va a cobrar, pero si cobrara le cobrará a la organización nuestra. Seguimos siendo voluntarias”, enfatizaron.

Los derechos de las mujeres

Nada de lo que podría ser visto como una contrapartida de vivir en Afganistán, aun más siendo mujeres, parece molestarles. No salían solas a la calle y cuando lo hacían debían estar acompañadas por un hombre que caminaba siempre dos pasos más adelante que ellas.
“Hay que aceptarlo, es otra cultura, a mí no me molesta. Abren una puerta y se mete el hombre primero, no te dejan meterte a vos. Yo los dejaba pasar, hay que estar segura de quién sos tú y de quién sos en la vida y lo que estás haciendo. Después ver quién pasa primero y quién pasa después es algo que vemos en nuestros países. No es que no me importe el derecho de la mujer, estoy peleando por el derecho de la mujer en Afganistan, pero a veces el derecho de la mujer no pasa por quién pasa primero o quién pasa después, pasa por el respeto. Por un respeto que va más allá de que te dejen pasar o tener que caminar atrás o callarte”, dijo la directora de la organización.
“En mi caso yo siempre iba con el manager de la oficina a hablar a las villas o al ministro de Economía y él iba a hablar por mí y luego me conectaba. Yo no me sentía mal, porque yo sabía quién era y sé quién soy. Entonces a mí no me mengua eso, lo hice y después de varias veces que iba a las villas o a los ministerios llegaba y ya me estaba esperando el comité de ancianos de la villa y me sentaban en un lugar especial con ellos, donde estaba mi manager también, pero hablaban directamente conmigo. Pero haber estado las primeras veces afuera, y esperar que me invitaran, y respetarlos hizo que ellos me respetaran a mí y por eso por ahí yo tenía un lugar y podía hacer cosas: abrir un lugar para trabajar con mujeres, que dejaran venir a las hijas y a las mujeres que no sabían leer ni escribir a talleres de escritura y lectura que hacíamos. Logramos un montón de cosas, pero a veces la posición no es tanto la que se ve afuera sino lo que está adentro: vos sabés quién sos, vos sabés qué estás haciendo y tenés que buscar el método para lograr lo que vos querés”, relató.
Resaltó que había personas de organizaciones que se negaban a seguir las normas culturales y “vivían adentro de la casa y en los dos supermercados internacionales y después no conocían más nada”. “Yo me compraba las nueces en el Gran Bazar de Mandaí”, subrayó.

El trabajo en el territorio, el miedo y la violencia

Trabajo social de Shelter Now Internacional en Afghanistan, en el que participan las uruguayas Noemí Schur y Maylín Tourn

La organización en la que trabajan estaba abriendo una clínica móvil en una villa, pero este domingo les avisaron que los talibanes la habían tomado como refugio.

Shelter Now International cuenta con una gran diversidad de proyectos en el país: desde cursos de literatura para viudas y huérfanos a centros para sordos, pasando por trabajo con poblaciones nómades, trabajo ganadero, otros con refugiados, escuelas, orfanatos y hasta un convenio con la universidad odontológica para que los estudiantes tengan pacientes con los que practicar. A partir de esa decena de proyectos en los que trabajan hace años, Tourn ha tratado con ministros de Agricultura, Desarrollo Social, Economía, y más. “Tu vas, estás ahí, firmás lo que tengas que firmar y conversas con ellos. Pero si vos me preguntas... Yo prefiero ir a la villa y hablar con los ancianos de la villa y lograr que ellos caven la zanja, que nosotros llevamos los caños y traemos agua desde un manantial, toda la villa tiene agua potable y los niños dejan de morir de diarrea”, valoró.

A otra cosa a la que se tuvieron que acostumbrar fue a la violencia.

Las mujeres contaron que en su ONG los guardias no tienen armas porque no está permitido, pero “en la calle todo el mundo tiene”. “Ya las conocemos de cerquita”, reflexionaron con una risa nerviosa.

“Yo me acostumbré a dormir plácidamente cuando a 40 cuadras de mi casa se habían atrincherado unos talibanes en un edificio. Sentía ruido pero pensé que había una obra en frente, que estaban descargando algo -pensó su mente uruguaya-, pero como a las 6 de la mañana vi que era bastante fuerte la cosa. Veo el teléfono y había un operativo por esto. Si no te acostumbras no hacés nada nunca”, describió. A partir de eso, cuando vuelve a Uruguay para navidad -cada tres años de servicio tienen uno de descanso en el que retornan al país- los fuegos artificiales le “molestan bastante”.

Ahí, cuentan, para ellas entra la fé. Pero “no esa fé mística de 'a mí nunca me va a pasar nada', ni nada". "Pero bueno, tengo una misión para hacer acá, en mi caso y en el de Noemí (Shur), Dios está en control de nuestra vida y más allá del destino sabemos que tenemos cosas y que estamos bajo eso”, explicó. La madre de Tourn, antes de partir para Afghanistán, le dijo: “Yo sé que es peligroso pero no te vayas a sentar a la vía del tren”. Bajo esa premisa mide el peligro.

Sus compañeros afganos quedaron allí y ellas mantienen el contacto. Les cuentan que en una de las ciudades donde la ONG opera ya apedrearon a varias personas en la plaza pública por estar supuestamente acusados de robar. Tienen noticias de que hubo decapitaciones y muertes. “Es todo como era hace 20 años. Tomaron los medios de comunicación, lo que sale en la prensa es de ellos. Chequean teléfono por teléfono. La gente no sale a la calle con los teléfonos porque ellos paran y se los sacan. Van a las casas y piden 20 mujeres jóvenes para los soldados de ellos y viudas de menos de 40 años para que sean esposas, esas cosas son normales para ellos y están pasando”, resumió Tourn.

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