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22 de marzo 2023 - 5:03hs

Hay pocos lugares en la Tierra tan aislados como Trinidad, una isla de origen volcánico ubicada a 1.150 kilómetros de las costas de Brasil, en la zona subecuatorial del Océano Atlántico, y a la que se tarda no menos de cuatro horas en llegar en barco desde las costas de Brasil. El territorio insular, casi virgen, forma con la isla Martín Vaz un pequeño archipiélago bajo la jurisdicción del estado de Espíritu Santo.

Por eso, la geóloga Fernanda Avelar Santos se sorprendió al encontrar en este pequeño territorio del Atlántico Sur una señal inquietante del impacto humano en un paisaje virgen: rocas formadas con la contaminación plástica que flota en el océano. Santos las vio por primera vez en 2019, cuando viajó para desarrollar su tesis doctoral sobre un tema completamente diferente: deslizamientos de tierra, erosión y otros "riesgos geológicos".

El hallazgo se produjo cuando trabajaba cerca de una reserva natural protegida conocida como Parcela de las Tortugas, el criadero de tortugas verdes en peligro de extinción más grande del mundo, ocasión en la que se encontró con un afloramiento de 12 metros cuadrados de rocas azul verdosas y de aspecto peculiar. Intrigada, Santos se llevó decenas de muestras a su laboratorio para analizarlas. Los resultados fueron sorprendentes.

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Al estudiar el material, Santos y su equipo identificaron las rocas como un nuevo tipo de formación geológica, resultado de la fusión de los materiales que la Tierra utilizó para formar rocas durante miles de millones de años con un nuevo componente: basura plástica. "Concluimos que el ser humano ahora actúa como un agente geológico, influyendo en procesos que antes eran completamente naturales, como la formación de rocas", explica la científica.

"Encaja con la idea del Antropoceno, del que los científicos hablan mucho estos días: la era geológica en la que los seres humanos influyen en los procesos naturales del planeta. Este tipo de plástico, que es similar a una roca, se conservará en el registro geológico y será para siempre una marca del Antropoceno", agrega Santos. La profesora de la Universidad Federal de Paraná, al sur de Brasil, afirma que el descubrimiento la dejó en un estado de profunda "tristeza".

La científica describe Trinidad como "el paraíso". Una hermosa isla tropical de 9,2 kilómetros cuadrados que fuera hasta el siglo XIX territorio del Reino Unido y cuya lejanía la convirtió en un refugio para todo tipo de especies: aves marinas, peces endémicos, cangrejos casi extintos y tortugas verdes; además de 124 especies de plantas. Hasta hoy, el territorio formado por los flujos piroplásticos acumulados durante millones de años tiene por única presencia humana una pequeña base militar brasileña y un centro de investigación científica.

“Es un sitio maravilloso, lo que hace todavía más horrible encontrar algo como esto, y en una de las playas más importantes desde el punto de vista ecológico", afirma Santos, quien regresó a la isla a fines del año pasado para recolectar más muestras de las “rocas de plástico” y profundizar el estudio del fenómeno, luego de haber encontrado formaciones plásticas similares en lugares como Hawai, Gran Bretaña, Italia y Japón. “Trinidad es el lugar más remoto del planeta donde se hallaron hasta ahora”, precisa Santos.

La científica, al igual que sus colegas, teme que a medida que las rocas se erosionen y se filtren microplásticos en el medio ambiente, la contaminación en la cadena alimenticia de la isla irá en aumento. Su estudio, publicado en septiembre pasado por la revista Marine Pollution Bulletin, clasifica el nuevo tipo de "rocas" en varios tipos. Las plastiglomeradas, similares a las rocas sedimentarias; las piroplásticas, similares a las rocas clásicas, y un tipo no identificado previamente, las plastistones, similares a las rocas ígneas formadas por el flujo de lava.

"La contaminación marina está provocando un cambio de paradigma en los conceptos que tenemos de las rocas y de las formaciones de depósitos sedimentarios", escribió el equipo de investigadores que lidera Santos en el artículo publicado. "Las intervenciones humanas son tan generalizadas que uno tiene que cuestionar qué es verdaderamente natural", explica del texto.

Según los institutos oceanográficos, al menos 11 millones de toneladas de plástico llegan cada año a los mares y océanos, una cantidad que podría triplicarse en 2040 si no se toman medidas. Se trata de residuos que representan como mínimo el 85% de los desechos marinos, según Naciones Unidas (ONU). En ese contexto, la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (ANUE) adoptó una moción para crear un Comité Intergubernamental de Negociación, que se reunió por primera vez en Punta del Este, Uruguay, con el objetivo de elaborar un texto jurídicamente vinculante en 2024.

Los científicos señalan que los microplásticos pueden entrar en los océanos a través de la descomposición de artículos de plástico de mayor tamaño, los lixiviados de los vertederos, los lodos de los sistemas de tratamiento de aguas residuales, las partículas transportadas por el aire, la escorrentía de la agricultura, el desguace de barcos y las pérdidas accidentales de cargas en el mar.

Los biólogos advierten que la situación pone en peligro a todas las especies marinas, desde el plancton y los moluscos, hasta las aves, las tortugas y los mamíferos, que se enfrentan a riesgos de intoxicación, trastornos del comportamiento, inanición y asfixia. También los corales, los manglares y los pastos marinos, son afectados al ser sofocados por los desechos plásticos que les impiden recibir oxígeno y luz.

Por lo pronto, el ingrediente principal en las rocas que Santos descubrió en Trinidad fueron restos de redes de pesca. Sin embargo, las corrientes oceánicas también arrastraron hasta la isla una gran cantidad de botellas, desechos domésticos y otros residuos plásticos. La geóloga planea que el tema se convierta en su principal ángulo de investigación. “Trinidad es el lugar más paradisíaco que conozco y ver cuán vulnerable es a la basura que contamina nuestros océanos muestra cuán generalizado es el problema en todo el mundo", alerta la investigadora.

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Rocas de plástico Brasil

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