El director y ciclista amateur Bryan Fogel comenzó con un experimento sencillo: sometería su cuerpo a varios tipos de dopaje y trataría, en ese estado, de competir en un campeonato oficial evadiendo los controles reglamentarios. Fogel alteró orina, modificó inyecciones hormonales y, además, tuvo un contacto especialmente importante: el doctor ruso Grigory Rodchenkov, clave en el programa antidopaje del Kremlin, que lo asesoró durante todo el proceso. Sin embargo, a medida que la investigación comenzó a encontrar sus propios caminos, el cineasta empezó a descubrir que el trasfondo del dopaje en Rusia era más complejo de lo que a simple vista se podía entrever.
El caso de dopaje masivo de atletas rusos llega a Netflix
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